Desde mi sillón

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Page y Brin

A pesar de que todas las empresas, y especialmente las de bienes de consumo masivo, están deseando entrar en China, se han levantado voces airadas por la disposición que ha mostrado Google a eliminar algunos términos en su motor de búsqueda a instancias del Gobierno de ese paí­s. Parece que no quiere que el pueblo se haga muchas ilusiones respecto a libertades públicas.

Está muy bien recordar que China sigue siendo la mayor dictadura del mundo, sobretodo porque lo es. Y está muy bien afirmar que la libertad de expresión ( y de información) es esencial para la democracia y para que prevalezca la verdad en cualquier campo.

Pero critiquemos a China y no necesariamente a Google.

Más allá de la falta de respeto a los derechos humanos, China merece una reprimenda por poner trabas a la inversión extranjera; pero esto es algo tan corriente que, por lo menos, tendrí­amos que ser prudentes para no echar piedras sobre nuestro propio tejado occidental y, a lo más, echarlas descubriendo lo que hay debajo de los argumentos proteccinistas disfrazados de interés nacional.

Nosotros estamos tan acostumbrados a forzar a la inversión extranjera a aceptar nuestra propia legislación que no nos damos cuenta de ello. Pero recordemos que, según la enervada Directiva Bolkestein, el “fontanero polaco ” no podrá ofrecer sus servicios en Parí­s y regirse por las reglamentaciones laborales polacas. O pensemos en que la opinión pública americana se opone a la gestión de algunos de sus puertos por una empresa de capital Saudí­ y radicada en Qatar incluso si se rigiera, como es el caso, por la legislación americana. Y para qué mencionar los blindajes nacionales contra la inversión extranjera en pretendidos sectores estratégicos.

Los economistas repudian las razones proteccionistas con el argumento de que la apertura, incluso unilateral, es buena pues ensancha el conjunto de elección de los consumidores. Luego los argumentos proteccionistas deben ser muy sutiles para ser admisibles. Pero nunca los son. Especialmente los que tratan de justificar las barreras aduaneras a las exportaciones agrí­colas de los paí­ses pobres. Se suele argumentar que es necesario velar por la salud pública cuando, en realidad, es el interés de un grupo determinado de la población, los agicultores en nustro caso, el que está por detrás del pretendido interés nacional.

O sea,que China es criticable y no solo por falta de esas libertades públicas que hemos aprendido a asociar a la democracia; sino también por su falta de liberalismo económico. Pero su Presidente es recibido con honores en cualquier Estado que visita y a ver quién es el guapo que lanza la primera piedra contra el mercado que todos ansí­an.

En cuanto a Google no me parece que deba ser criticado por colaboracionista cuando todos colaboran y cuando su presunta colaboración puede hacer más por la libertad que la exportación de colacao a un paí­s que odia los lácteos. Sin duda que la empresa española que lo ha conseguido es digna de admiración y un signo de la pujanza empresarial española. Yo no me atreverí­a a criticarle por haberse adaptado a los gustos de los chinos; pero no creo que haya aportado mucho al cambio democrático de China.

Que Google esté en China es bueno, aunque esté censurado. No creo que aquí­ apliquen las exigencias de la R.S.C. que repudia la explotación infantil, por ejemplo. La presencia de Google en China y el uso intensivo que se va a hacer de sus prestaciones va a dar ocasión de entrenarse a los hackers locales y, una vez que le hayan tomado el gusto, no habrá marcha atrás y la marcha adelante llegará pronto de manos, precisamente, de esos hackers bien entrenados en burlar la censura.

Y esta explosión de libertad ocurrirá haga lo que haga el Gobierno chino. A no ser que nuestra benemérita guardia civil comparta con ese Gobierno ese programa informático milagroso que permite extraer el “ADN” de cualquier imgen de Internet y seguir así­ su trayectoria por la Red. Esto es lo que ha permtido ese desmantelamiento de redes de pedófilos del que tanto se ha vanagloriado nuestro ministerio de interior. Esperemos que no usen su pericia informática para poner en peligro nuestra intimidad.Yo me procuparí­a, en efecto, más por la defensa de mis libertades domésticas que por la tenebrosa censura a la que están sujetos los chinos. (O los cubanos; pero hoy no toca hablar de esta otra dictadura)

China hoy me parece, en cuestiones económicas, como nuestro tardofranquismo. Totalmente criticable por razones de falta de derechos fundamentales cualquiera que fuera su éxito en materia económica. En nuestro caso fue el turismo el que nos abrió la puerta de la libertad, a pesar de que al principio los guardias de playa vigilaban para que las suecas se pusieran faldita en sus bañadores.

Yo harí­a un homenaje a aquellas turistas suecas que hoy serán una estupendas sesentonas. Agradecí­ en su dí­a la toma de postura antifranquista del malogrado Olof Palme; pero creo que sus compatriotas que decidieron no boycotear a España hicieron tanto o más por nosotros que sus impecables, admirables y compartidos principios.

Por todo esto defiendo a Page y Brin, los jóvenes fundadores de Google, y su decisión de aceptar las condiciones que hoy se les imponen para operar en China.

«Page y Brin» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 27 de Febrero de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. […] ¿Mi blog en polaco?. No estaría mal. El polaco es una lengua hablada por 50 millones de personas. Además, en España hay más de 20.000 cotizantes polacos a la Seguridad Social -es decir personas con un contrato laboral legalizado- la mayoría de ellos en Madrid y Andalucía. Y con la entrada de Polonia en la UE todos calculan que ese número se incrementará a pesar de que la prometida directiva Bolkenstein, temerosa del famoso síndrome del fontanero polaco, se quedara en el parto de los montes. […]

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