Otoño

por | lunes 7 de septiembre de 2009

El otoño astronómico no llega, en estos meridianos entre los que nos encontramos, hasta detrto de dos semanas. Sin embargo el entorno físico, con el asfalto ciudadano y con la luna llena, se confabula con el mental, influído por la edad y la sensación de invisibilidad, para traer el otoño cuando menos se le espera generando unas extrañas ganas de lamentarse o de protestar así como emboscadas tentaciones de entregarse a la languidez o a la destrucción. Algunos jóvenes se lanzan a la destrucción y algunos viejos disfrutamos de la aceptada irrelevancia como una nueva pieza de sabiduría asociada a Verlaine que escribió en su Canción de Otoño:”Les sanglots longs des violons de l’automne blessent mon coeur d’une langueur monotone”.