Desde mi sillón

Un blog de la Red de las Indias

Grupo de Cooperativas de las Indias

Opiniones ingenuas de un economista despistado

Publicado en Expansión, martes 7 de noviembre de 2006

Esto del sector eléctrico es un sinvivir. Llevamos un año con las OPAs sobre Endesa y continúa el suspense. Pero es que recientemente asistimos asombrados a tomas de participación difíciles de asimilar por el observador poco avisado. La constructora ACS toma, a través de FENOSA, una participación significativa en Iberdrola. Acciona se introduce de rondón en la lucha por Endesa anunciando que su participación en esta otra constructora crecerá hasta el 29,9 % la cifra mágica que, de acuerdo con la nueva ley, exime de lanzar una OPA. Y SACYR se mete de hoz y coz en Repsol. Todo esto con independencia de otras tomas de participación en otros sectores que están en la mente de todos, unas nacionales y otras internacionales.

Las OPAs no son sino tomas de participación especialmente significativas porque traen consigo el control de la opada por la opante y que, por lo tanto, deben hacerse sin discriminar a los accionistas minoritarios que podrían ver cómo se disipa el valor acumulado con el que contaban. La regulación de las mismas está pues justificada y hace posible la existencia pujante de un mercado de control corporativo del que me gustaría hablar en estas opiniones ingenuas y quizá tardías pero no del todo ociosas porque pretenden poner el acento en algunos puntos de los que no se ha hablado. Ojalá fueran como las opiniones de aquel payaso de Heinrich Böll que tenían mucho de aparente ingenuidad despistada.

Mi primera opinión es ingenua pero contundente. La toma de control de una empresa en el mercado de control corporativo sirve justamente para evitar la complacencia o la mediocridad en la gestión de una empresa determinada. Cuando una empresa se gestiona mal quiere decir que se puede generar mayor valor gestionándola mejor. Si los números salen, alguna otra empresa pretenderá hacerse con el control pagando una prima. Es cierto que esta mala gestión que está en el origen de toda OPA puede deberse a causas diferentes. Puede ser que los gestores actuales no hayan sabido poner en valor algunos activos más o menos ocultos, más o menos intangibles. Quizá no han sido lo suficientemente innovadores, o quizá no han sabido desarrollar un sistema de retribuciones suficientemente incentivador o quizá hayan cometido cualquier otro error en la gestión ordinaria. Pero también es posible que la mala gestión se deba a que se les han pasado desapercibidas algunas sinergias con empresas de otro sector, o a que no han entendido las posibles ventajas de una cierta diversificación.

La ingenuidad me hace pensar que estas deficiencias y esas posibilidades son simétricas, es decir aplican a la empresa que se lanza a opar y a la opada que podría, en este sentido, ser la opante. Por lo tanto es irrelevante decir que a E.ON le interesa Latinoamérica ahora que ya es una gran empresa en Europa y lo es porque sería igualmente cierto que a Endesa, ya presente en Latinoamérica, le interesa Europa. Y también es irrelevante argüir que a una constructora le interesa adquirir una fuente de beneficios más estable que la que tiene entrando en un sector regulado. La empresa regulada debería estar simétricamente interesada en adquirir un flujo de beneficios menos estable y más arriesgado. En un mundo como el actual en el que hay una inundación de liquidez no hay razones fundamentales para que una empresa sea la opada y otra la opante. Podría ser al revés y esta simetría es precisamente la que hace que el mercado de control corporativo sea vibrante y que los banqueros de inversiones sean unos agentes socialmente valiosos.

Opino, en segundo lugar y también de manera ingenua, que este mercado de control empresarial es un sustituto en ciertos sectores, entre los que se encuentra el eléctrico, de la imposibilidad de llevar a cabo una regulación adecuada. Veamos porqué. En mi ingenuidad pienso que esa regulación adecuada sería, en general, descentralizada para que pueda existir una verdadera competencia regulatoria. Podría parecer, hablando otra vez en general, que esta regulación descentralizada podría distorsionar la localización empresarial; pero lo cierto es que, en un sector que tenga que estar regulado (y el eléctrico lo es), un óptimo de primer orden es imposible y, en cambio, la regulación descentralizada puede alcanzar un óptimo de segundo orden. Pero estos argumentos no son aplicables al sector eléctrico en concreto cuando éste carece de las interconexiones adecuadas. Por lo tanto o bien la regulación eléctrica es única, tal como demandan los expertos, o bien acudimos al mercado de control empresarial como sustituto. Esa sería precisamente mi elección de modo que este mercado deviene crucial aunque haya que recalcar que tampoco puede ser un mercado totalmente libre sino que también exige una regulación que yo, una vez más, creo que debiera ser descentralizada. Esto llevaría a una localización empresarial razonable mientras que la unificada sería sin duda conveniente para la simplificación; pero no necesariamente la adecuada puesto que ésta sería la que se alcanzaría en un sistema de competencia regulatoria.

No puedo dejar de expresar, de manera ya menos ingenua, una tercera opinión tan inoportuna como las dos anteriores. Mientras las compañías se entretienen atacando o defendiéndose, lo que sufre es la productividad. No podemos esperar, a pesar de todas las declaraciones en contra, que en medio de este guirigay se pongan en marcha innovaciones que incrementen la productividad en alguno de los eslabones de la cadena de valor que caracteriza al sector eléctrico (generación, transporte, distribución y comercialización) precisamente porque esas actividades no están desintegradas realmente, sino que forman parte de cualquiera de las grandes empresas involucradas en estas operaciones de toma de control. Lo malo de esta abducción de la atención y de que no haya empresas independientes que se aprovechen de ello para medrar, es que caemos en un circulo vicioso. En efecto, debido a esta gestión desenfocada, hay todavía más incentivos a explorar las toma de participación o a lanzar OPAs. Y es que este sinvivir destapa algunas contradicciones del capitalismo sobre las que también tengo opinión. De hecho tengo una doble opinión que ya no tiene nada de ingenua.

Por un lado está claro que se hace un uso torticero de esas instituciones que son imprescindibles para el buen funcionamiento del sistema de mercado como pieza fundamental del capitalismo. No solo los Gobiernos nacionales; sino los tribunales de Justicia, incluyendo el Constitucional, son utilizados en la lucha por el control. En cada uno de estos casos estas instituciones funcionan según sus competencias y responsabilidades; pero resulta que su correcta actuación ni permite opinar a los dueños de las empresas ni propicia que los resultados sean los óptimos desde el punto de vista empresarial. Pero, por otro lado, hay que destacar otro efecto pernicioso de estas confrontaciones empresariales más allá de la falta de atención al ejercicio normal de la actividad que les es propia. Es como si hubiera una inmensa “trampa de la liquidez” que hace que la enorme liquidez flotante no vaya a la financiación de proyectos a largo plazo que ayudarían al desarrollo de países pobres y que el mercado debería hacer posibles y se enrede por contra en estos intentos “provincianos” de extraer la última gota de esa fuente de valor que existe gracias a la ineficacia ajena. Todo esto es normal desde el punto de vista de los protagonistas y también desde la perspectiva de los bancos, de inversiones o comerciales, que imaginan y financian esta operaciones. Se trata de su negocio, pero su actividad contribuye a retrasar o frenar otras inversiones que podrían consolidar esa globalización que no solo mejoraría el sistema capitalista, sino que, además, haría aun más florecientes y rentables a esos bancos.

Para terminar debería proponer algo que corrija una situación eléctrica sobre cuyo estado ni el disfraz de ingenuo puede ocultar mi opinión negativa. Como en el caso del problema que sufrió California en su sistema eléctrico a raíz de una desregulación mal hecha, no cabe opinar más que como lo hicieron un grupo de economistas en esa ocasión. La única solución es profundizar aun más la competencia que uno asocia al verdadero capitalismo. Para ello la regulación adecuada o la desregulación cuidadosa son cruciales. Lo que no funciona son los arreglos apresurados o a las modas que no contemplen el sistema en su conjunto incluyendo, por cierto, a las autoridades monetarias que han propiciado la liquidez desmesurada en la que nos ahogamos.

«Opiniones ingenuas de un economista despistado» recibió 0 desde que se publicó el Martes 7 de Noviembre de 2006 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.