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LXXIV: O eficiencia o contagio: un dilema para el sistema bancario

Los encargados de pensar dentro de distintos organismos de control financiero nacionales e internacionales tienden hoy a inclinarse hacia una organización bancaria que esté muy repartida entre regiones o países, es decir que esté organizada en forma de muchas estrellas solo unidas por organismos de control supranacionales.

Análisis de redEl origen de la Gran Recesión, de la que se dice que estamos saliendo a pesar de los malos datos de desempleo en algunos lugares, singularmente España, o de otros indicadores no muy buenos, estuvo en muy buena parte en el sistema financiero y especialmente en el sector bancario. La salida tiene que pasar por una revisión de cómo queremos que funcionen los bancos. La cuestión no es fácil y el ejemplo de la Unión Europea es una prueba de ello pues la llamada Unión Bancaria va a ser una tarea hercúlea. Por eso es bueno plantear y opinar sobre las alternativas básicas que se nos presentan ya en relación a la organización global del sistema bancario.

Como primera aproximación, y a no más se puede aspirar hoy, es bueno contrastar un sistema bancario post crisis muy regionalizado con otro totalmente globalizado. En realidad el contraste importante es entre un sistema bancario como red o bien muy tupida o bien con muy pocos centros. Dicho en términos más técnicos tenemos que comparar un sistema bancario en forma de red más o menos descentralizada con otro que estuviera organizado en forma de red totalmente centralizada. Nos interesan pues dos parámetros cruciales: el clustering y el grado de separación o distancia entre dos nodos cualesquiera. Si la red de bancos exhibe un clustering cero (de forma que entre dos nodos unidos a un tercero no hay ninguna posibilidad de unión) y un grado de separación muy grande es que a lo sumo tiene forma de estrella. En cambio si esa red tiene un valor del clustering cercano a 1 y un grado de separación muy pequeño se aproxima a una red distribuída.

Me parece entender que los encargados de pensar dentro de distintos organismos de control financiero nacionales e internacionales tienden hoy a inclinarse hacia una organización bancaria que esté muy repartida entre regiones o países, es decir que esté organizada en forma de muchas estrellas solo unidas por organismos de control supranacionales. Es normal que así sea pues la memoria de esos expertos es un poco más larga que la de los inversores normales (que se suele decir que apenas llega a diez años) y recuerdan que la propagación de la explosión que dio origen a la Gran Recesión estuvo justamente en el contagio, que es mucho más fácil en cuanto el grado de separación en la red de bancos es pequeño.

Sin embargo, antes de aceptar la opinión de estos expertos que nos va a llegar queramos o no, me parecería saludable recordar que frente al peligro del contagio hay una cierta oportunidad en la virtud que adorna a las redes de bancos muy tupidas. Esa virtud es, claro está, la mayor eficiencia que propician en la asignación de fondos financieros disponibles pues muchos de éstos no acaban de llegar a donde deberían por rentabilidad social porque no hay instrumentos derivados que puedan paliar el riesgo debido a que su construcción y valoración dependen de la facilidad de los contactos entre bancos.

Esta distinción me parece que debería ser previa al examen de esas otras sugerencias de reglas que pretenden separar entre banca al por menor de simples préstamos y banca al por mayor en la que las instituciones correspondientes toman posiciones propias aprovechando las oportunidades que ellas mismas generan. Esta mezcla está en el origen de la propagación de la crisis que es muy rápida debido a la forma de red que había llegado a ser muy tupida.

Si admitimos estos comentarios un tanto rápidos y deslavazados creo que es el momento de que todos avancemos un poco en nuestra cultura financiera y, de manera natural, vayamos sopesando la que consideramos es o puede ser la mezcla óptima entre la eficiencia del sistema económico que una buena canalización de los recursos financieros trae consigo y el mayor riesgo de la propagación de cualquier accidente. Así tendremos, para cuando se nos plantee la opción, una opinión como ciudadanos que podemos ejercer el voto a uno u otro partido suponiendo que nuestros gobernantes tengan ideas y además dispares sobre esta materia y las reflejen en sus programas.

Pero no solo eso sino que estas ideas deberán presidir también las decisiones de los inversores y sus asesores entre entrar o salirse de distintos bancos según se inclinen por uno u otro de los cuernos del dilema que se he tratado de plantear.

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