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Grupo de Cooperativas de las Indias

No hablaré de Munilla, hablaré de Haití. O tampoco

No,no hablaré de Munilla, pues no tengo ni idea de cómo andan de valores morales los habitantes de Puerto Príncipe (los que quedan) ni de cómo esos principios contrastan con los nuestros en cantidad y calidad.Pero sí hablaré, en principio, de Haití para tratar de curarme de esa enfermedad que me aqueja, me atenaza y me niega el llanto ante tragedias lejanas, brutales y tan obscenamente carnales.

Mi diagnosis es que la solidaridad mata el Amor. El amour fou à la Piaf no cabe en el espectáculo de la solidaridad de los artistas y de los países, o en la agilidad de los movimientos logísticos de las ayudas o en la presteza de los vuelos que aterrizan en el país de Papa Doc o del chivo, o en el pillaje, o en la carnalidad de la muerte instalada en esos cuerpos tan bellos.

¿Quién puede hoy cantar algo como el Himno al Amor?

Siempre dije que el amor es cosas de pobres y por eso pienso que el Amour al que canta la Piaf, esa mujer menuda tan enorme, solo se puede dar hoy en Haití. Quizá en medio de la carnicería.

Imagino a dos amantes atrapados en los escombros susurrándose al oído estas bellísimas palabras que se traducen bastante bien aquí

La solidaridad mata el amor. Eso es. El amor universal que la solidaridad revela es incompatible con el amor físico entre amado y amada y con la necesidad de ese amante en particular. No hay solidadridad alguna que pueda sustituir a ese “codo a codo somos mucho más que dos” que decía Mario Benedetti.

No, no he hablado de Munilla, ni de valores ni de ayuda. Ni siquiera de Haití como prometí. He hablado de Amor, una pasión que Munilla rechazaría como tal pasión y en cuyo reinado quizá nos gana los pobres haitianos.

«No hablaré de Munilla, hablaré de Haití. O tampoco» recibió 4 desde que se publicó el Domingo 17 de Enero de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. El amor es real (reconoces la cara y das nombre al amado), la solidaridad es imaginada (imaginas a aquellos con los que te solidarizas). El mismo esquema, la misma oposición, de la comunidad tradicional (o la red distribuida) frente a la identidad nacional por cierto. El amor tampoco cabe en la nación, la clase, la raza o la “comunidad (imaginada) de los creyentes”, sino en la pareja, los amigos, la cuadrilla, la tribu o la filé.

    Dicho esto la solidaridad sólo se opondría al amor cuando la expresiones de lo imaginado (estado, partido u otros) nieguen las de la comunidad real, es decir, cuando en nombre de la solidaridad patriotica, racial o de clase se nos llame a abandonar a los que amamos.

    No parece que sea el caso de Haití 😉

  2. Juan Urrutia dice:

    Ojalá no lo sea; pero igual es nuestro caso, el de todos o muchos de los voluntarios o cooperantes. Y, sin saber muy bien porqué, yo hablaba del amor con mayúscula, de la Pasión, de lo que te lleva incluso a “renegar de tus amigos”.

  3. cbsol dice:

    Juan, siempre hay que recordar que Haití fue la primera república del continente. Y si te sirve mas dato la primera república fraternal que declaró su independencia de los padres de la república.
    Será ese dato el que marcó su negro destino

  4. Juan Urrutia dice:

    Gracias otra vez por este otro comentario perceptivo. No estoy seguro de que la frase provenga de Les Nourritures Terrestres

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