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NahidAyer tuve el placer de ver otra película iraní, después de heber disfrutado hace ya años de Nader y Simin y hace solo un mes de Taxi Teheran. El placer proviene en primer lugar del disfrute de buenas realizaciones de contenidos poco pretenciosos y sencillos que revelan la forma de vida de un país estigmatizado hasta hace poco y que, sin embargo y a pesar del duro marcaje del clero, mantiene unos niveles cultural, intelectuales y científicos notables. Pero en segundo lugar, y pensando ahora solo en Nahid, el disfrute va más allá de lo estético y/o documental y llega a alcanzar lo intelectual.

La lección intelectual a la que me refiero exige un mínimo conocimiento de la sinopsis del film:

Nahid narra el conflicto de una jóven mujer divorciada que vive con su hijo en una pequeña ciudad al norte de Irán y desea casarse con el hombre del que se ha enamorado. De acuerdo con las leyes de su país, el padre tiene la custodia del niño, pero sin embargo, su exmarido le ha garantizado a ella el derecho a la patria potestad de su hijo bajo la condición de que jamás se volverá a casar. Luchando por no perder a sus dos seres queridos, ella tendrá que valorar una tercera opción: un matrimonio temporal. Sin embargo, esto le pondrá en un apuro, puesto que a pesar de ser legal, no es algo bien recibido por la sociedad que le rodea. ¿Será una buena solución para ella?

Lo que parecería, en efecto, una buena solución que le permitiría alcanzar sus dos sueños, se trunca pues el padre del hijo descubre el engaño legal y hace la vida imposible al niño y a su madre basándose precisamente en la escasa penetración de esa legislación digamos que progresista en las costumbres ancestrales representadas por su propia familia también conservadora. Y es su familia, su hermano en concreto, el que por medios no fáciles de entender para el espectador pero que son sin duda expeditivos, consigue que el padre desaparezca de su vida.
La lección que yo saqué es fácil de comunicar. La situación degradante de la mujer, su manera de vestir obligatoria y la libertad ciudadana en general se conseguirán, antes de por la aplicación de una legislación sin enraizamiento cultural, por la confrontación sabia, aunque quizá no muy civilizada, entre dos familias estructuradas a la antigua, pero que son un ejemplo de dos comunidades reales y no parte de una comunidad ficticia por muy civilizada que esta sea.

Vayan a ver esta película, pero no solo por esta reflexión posiblemente sesgada, sino por su calidad cinematográfica y por otros muchos detalles adicionales que no caben en este minipost.

«Nahid» recibió 2 desde que se publicó el domingo 14 de febrero de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. @juan La veremos sin duda!! El protagonismo de la comunidad real se agradece siempre, pero especialmente en este tiempo histórico que nos está tocando vivir en el que la búsqueda de salidas se confunde (interesadamente) tantas veces con la de nuevas deificaciones, nuevas comunidades imaginadas que exoneren a cada cual de la responsabilidad básica sobre lo suyo y frente los suyos.

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