Desde mi sillón

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Mujeres

Hoy es un lunes cualquiera.

Dentro de unis minutos despertaré a mi hija para que no llegue tarde a la escuela de arquitectura y pueda terminar su trabajo para no se qué asignatura.

Me dará justo tiempo de llegar a mi cita con una secretaria de dirección de un antiguo oficio y entregarle un manuscrito breve sobre nacionalismo y liberalimo que, fuera de sus horas, me pasará a máquina para que luego yo pueda trabajar sobre él.

Un poco más tarde espero que me cojan en esa peluquerí­a de señoras donde me corto el pelo y anhelo tontamente que me lave la cabeza y me rape, con esa suavidad como de homosexual, esa mujer andrógina con uñas negras y pelo rubo rubí­simo cortado a lo chico.

Terminaré justo a tiempo para llegar a las 11 a nuestra “family office” donde tengo que discutir con la especialista que la lleva no solo cómo van nuestras carteras después del batacazo de los últimos dí­as, sino también de dónde sacamos el dinero para pagar el IRPF.

No puedo demorarme mucho en esta ingrata tarea financiera porque a continuación tengo que tomar un taxi para no llegar tarde a la cita con una editora que pone pegas para aceptar el manuscrito de EL CAPITALISMO QUE VIENE.

Con o sin el manuscrito en la mano, llegaré a casa a recibir el masaje de los lunes compartiendo con la masajista una música china de relajación que ella tararea mientras yo me adormezco un poco.

Después de una ducha comeré solo, pues mi hija seguirá en la escuela y mi mujer come hoy con amigas. Comeré lo que la
chica ecuatoriana haya preparado por orden de mi mujer.

Quizá tenga un par de horas libres para trabajar un poco en aquello por lo que me pagan después de tratar de enterarme de algo en el telediario de las tres y, si las tengo, creo que organizaré la agenda de la semana con la secretaria de dirección que me ayuda en ese trabajo principal de los varios que me ocupan.

Pero en seguida caminaré hasta la consulta de mi psicoanalista. Dios sabe lo que le diré reclinado en el diván; pero si fuera ahora mismo le hablarí­a de mi constante trato con mujeres, incluyéndola a ella.

No sé si saldré vivo de ese gabinete; pero si lo consigo volveré caminando a mi casa para saber que tal les ha ido a mis dos chicas en este dí­a en el que yo me he dispersado, como es habitula, hasta la ridiculez.

No me llevo mal con ellas, las mujeres en general, pero echo en falta tomarme unos vinos con mis colegas varones y hablar de mujeres en lugar de hablar con ellas. Soy así­ de antiguo.

«Mujeres» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 5 de Junio de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Querido Juan

    ¡Qué fácil me lo pones! Lástima que Urrutia 4.0 no
    sea multimedia y no te pueda añadir la música de
    esta maravillosa ranchera

    Mujeres Divinas

    Hablando de mujeres y traiciones
    Se fueron consumiendo las botellas
    Pidieron que cantara mis canciones
    Y yo cante unas dos en contra de ellas

    De pronto que se acerca un caballero
    Su pelo ya pintaba algunas canas
    Me dijo: le suplico compañero
    Que no hable en mi presencia de las damas

    Le dije que nosotros simplemente hablamos
    De lo mal que nos pagaron
    Que si alguien opinaba diferente
    Seria porque jamas lo traicionaron

    Que si alguien opinaba diferente
    Seria porque jamas lo traicionaron

    Me dijo: yo soy uno de los seres
    Que mas ha soportado los fracasos
    Y siempre me dejaron las mujeres
    Llorando y con el alma hecha pedazos

    Mas nunca les reprocho mis heridas
    Se tiene que sufrir, cuando se ama
    Las horas mas hermosas de mi vida
    Las he pasado a lado de una dama

    Pudieramos morir en las cantinas
    Y nunca lograriamos olvidarlas
    Mujeres o mujeres tan divinas
    No queda otro camino que adorarlas

    Mujeres o mujeres tan divinas
    No queda otro camino que adorarlas

    Autor: Martin Urieta

    Y si alguna vez, pasado el quinto vino, me oyes
    protestar que cuando de verdad me han hecho falta
    sólo he podido contar con los amigos
    en el bar y con el deporte, no termines de creerme
    porque también será verdad y también será mentira.

  2. Juan Urrutia dice:

    Oh! Kueli, ¿qué podría añadir yo?
    Que no sé si somos juguetes en sus manos, o si ellas nos hacen pensar que lo somos, o si prefieren que cantemos que lo somos en lugar de confesar que lo que pasa es que simplemente no nos entendemos en absoluto.
    Hubo un tiempo en que creí que este último era el caso y que ellas guardaban un secreto que nos estaba vedado a nosotros. Hoy pienso que tampoco ellas entienden nada y que todos estamos más solos que la una.
    Cantamos rancheras y bebemos para olvidar que lo estmos,irremediablemente solos.

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