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Mordisquitos, Yorick y Hannibal Lecter

De repente, descubro la clave de mi entusiasmo por la pieza. La única manera de ser eterno es ser ya una calaverita todavía amada y ya capaz de mover el mundo.

NibbleHace unos días adquirí una escultura nueva de Marc Barberá, a mi juicio un artista de raro talento que junta piezas de metal encontradas, uno diría que por casualidad, y las suelda luego en formas diversas. Los que conocen la sede madrileña de la FUE ya conocen El Torero y los que conocen mi casa en Madrid recordarán que, antes de entrar en ella, se encuentran ya con un recuerdo conmemorativo del ataque a las torres gemelas de New York, una figura grácil que oscila con el viento y nunca cae. Tengo otras dos piezas anteriores, pero para hacerse una idea de su trabajo lo mejor es entrar en su página. La pieza que he adquirido este verano no tiene todavía nombre pero Marc me da permiso para elucubra sobre la posible «identidad» de la calavera de yeso con gafas de motorista de los años treinta y una especie de bozal llamativo sobre todo por los restos de unos incisivos muy largos. Me da permiso pero se niega de primeras a reconocer de dónde viene su inspiración.

Así que me quedo elucubrando sobre lo que yo veo en esa pelotita amenazadora. Veo primero a Hannibal Lecter quizá porque a raíz de la adquisición pensaba yo sobre el ansia que revela la necesidad y deseo de «comerse el mundo». El canibalismo siempre me ha asustado lo suficiente como para tener que pensar sobre comerse el mundo a fin de tranquilizarme y el bozal de Hannibal siempre lo ví como una medida terapéutica, imprescindible en mi caso, pues ayuda a recordar que eso es algo tabú. Algo que recuerdo con la ayuda de una regla nemotécnica muy tonta consistente en pensar en Evel Knievel (aquel chalado cuya primera parte del nombre suena como «evil», que quiere decir Mal y cuya segunda parte es fonéticamente equivalente a «caníbal») de forma que el nombre del chalado que se jugaba la vida en sus espectáculos significa, como por casualidad, algo así como el par “mal, caníbal” recordándome que eso de comerse al prójimo no está bien pero puede ser un mal que nos aqueja a algunos que quizá deberíamos movernos por el mundo no solo con bozal, sino también con esposas como las que ha utilizado Marc para destacar dos ojos realmente saltones de su escultura.

Seguro que no era así la calavera de Yorick el bufón de la corte de Elsinor quien, en su día, había cuidado amorosamente de Hamlet que le recuerda tristemente a su vuelta de Inglaterra como se recuerda el paraíso perdido de la niñez con una mezcla de nostalgia y de rabia:«¡Ay! ¡Pobre Yorick! ¿Qué se hicieron de tus burlas, tus brincos, tus cantares y aquellos chistes que animaban la mesa con alegre estrépito? Ahora, falto ya de músculos, ni puedes reírte de tu propia deformidad…» Dejar de reír es el peor efecto de morir y uno está siempre a salvo de «la parca» mientras siga riendo.

Estas dos cosas conté a Marc para testar si iba por el buen camino en mi interpretación y recibí una contestación muy seria, reminiscente de las ideas de Barthes o Foucault sobre la autoría, recordándome que a su juicio lo importante no era lo que él tenía en la mente sino lo que evoca en las mentes de quienes contemplan la obra. Seguí hablando astutamente hasta que me habló de Nibble, o «mordisquitos», un personaje de Futurama, una suerte de ser vivo, medio humano, con una cabeza muy pequeña y que es un gran activo pues su metabolismo es tal que defeca un combustible potentísimo muy conveniente para los viajes interestelares de ese futuro en el que se recrean los autores de la serie los Simpson en esta otra serie.

Y aquí, de repente, descubro la clave de mi entusiasmo por la pieza. La única manera de ser eterno es ser ya una calaverita todavía amada y ya capaz de mover el mundo.

Gracias Marc.

«Mordisquitos, Yorick y Hannibal Lecter» recibió 3 desde que se publicó el Miércoles 22 de Agosto de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. gret dice:

    El dadaísmo es lo mejor… no tiene ningún sentido dedicar el pensamiento a cosas serias como la economía o la tecnología… básicamente porque la razón en la que se asientan hace tiempo que ha sido rebatida por los tres filósofos de la sospecha: Froid, Mars y Nietzsche, ellos fueron los suficientemente ávidos para negar la razón que tango gustaba en el siglo XVIII… Aunque Descartes me encanta, sobretodo por su sentido de prudencia y mantenerse callado en la sombra… lo que demuestra un tipo de razón no practica… realmente se espantaría… Incluso Kant se pasaba todo el día criticando a la razón, ya algo que ni se hace hoy en día… La radio me produce ganas de vomitar… gente que no sabe lo que habla… Me paso el tiempo escuchando a los filósofos de Yale y todos las verdad… me interesa casi todas las materias Xd… Decía Aristóteles que una vida no examinada no merece ser vivida… ahora casi nadie la merecemos, pero yo al menos voy a clase, jaja.

  2. gret dice:

    Por cierto no sabe como aprecian a Fernando Savater en los círculos académicos en USA… realmente me ha sorprendido… me gusta que desde fuera se valore su pensamiento porque aquí no sale ni en la tele con la contaminación doméstica, supongo que no gusta porque critica a la Iglesia y por su postura ante los filoetarras… a mí me encanta, tiene la claridad de los conceptos que nadie muestra por la península. Una sociedad que se pregunta y se responde en la misma frase no es una sociedad sana.

  3. Imagen de perfil de Juan Urrutia Juan Urrutia dice:

    La autoreflexión sobre la razón es de las cosas más complicadas que hay como hablar sobre el lenguaje. Ambas cosas plantean problemas lógicos de indecidibilidad y, en esas circunstancias no estoy seguro que la claridad de ideas sea algo tan deseable. Desde sluego que una sociedad que no piensa sobre sí misma no es sana.
    Gracias por tus comentarios siempre tan brillantes.

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