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Monterrey y Santa Fe

No podía imaginar Juan todo lo que Santa Fe le daría una vez agotado su curso en Monterrey en donde las ideas o la investigación no iba ser su tarea principal.

santa fe institute
Acompañar a la orquesta de Euskadi por Hispanoamérica después del desembarco en un punto del río Magdalena no fue difícil. Juan había dejado la Ciudad con bastante dinero en el bolsillo y acompañar a Machalen reducía mucho sus gastos pues muy a menudo, entre concierto y concierto, viajaban juntos con independencia de la orquesta y Machalen parecía no tener problemas de índole financiera o fingir no tenerlos y se encargaba de la mayoría de los gastos.

Durante el verano de la huída, nombre que durante muchos años designó esa época en el vocabulario de ellos dos, Juan Larrondo, tal como ahora se llamaba y nombre que comenzaba a aparecer en algunos de sus papeles elaborados aquí y allí con el apoyo de personas locales del mundo de la economía, consiguió sosegarse un poco, lo suficiente como para ir diseñando sus planes en conversaciones con Machalen.

Ya habían decidido que este idilio tristón duraría hasta Monterrey donde él visitaría a esos familiares de los que siempre le hablaba su madre, tantearía la posibilidad de ordenar sus finanzas, esa legítima que ella, su madre, había conseguido trasladar a esa gran ciudad mejicana y exploraría la posibilidad de enseñar en la universidad privada que era una especie de copia o réplica de aquella universidad privada de la que en su día había huido para irse a Salzburgo. A los pocos días era un ciudadano con doble nacionalidad que pasaría el próximo curso en esa universidad tan jesuítica como la suya de origen.

Todo salió de perlas, fue como si las circunstancias y la justicia poética se dieran la mano y en poco tiempo ellos, junto con la orquesta, se encontraban en Santa Fe, al otro lado de la frontera casi al pie del comienzo sur de las Montañas Rocosas a una altura sobre el nivel del mar a la que no es fácil acostumbrarse. Ahí acabaría la gira de la orquesta de Euskadi, en el contexto del festival de ópera de esa ciudad pequeña y llena de novedades intelectuales y en donde se separarán sin planes de futuro Machalen y Juan.

Monterrey creó a Juan Larrondo, un medio gringo con doctorado en Los Angeles y Santa Fe; lo perfiló a través de unos estudios que comenzaría dentro de un año en un instituto especializado en métodos de estudio de la complejidad y por donde pasan los economistas mejores y más ortodoxos a fin de poner un poco al día su técnica. En dos años volvería cerca de Machalen y podría recomenzar una vida que, al final, sobre se habría visto cortada solamente dos años.

Monterrey y Santa Fe serían a partir de ese momento futuro dos hitos básicos de su peripecia vital. La ciudad mejicana nunca dejaría de estar en el centro de sus finanzas poco ortodoxas y Santa Fe sería su carta de presentación en su futuro académico centrado en una nueva manera de mirar a los fenómenos de naturaleza económica.

A pesar de no estar lejos una de otra, Santa Fe era mucho más atractiva que Monterrey para Juan especialmente por el azul de su cielo y la luz que parecía dar vida cada día cuando amanecía esa altura que la aislaba del resto del mundo. Además, claro está, de la posibilidad de asociarse de alguna manera a ese intento de manejar la complejidad a efectos de dar respuesta satisfactoria a muchas cuestiones económicas que seguían sin ella adhiriéndose a las respuestas muy generales que estaban en el centro de la economía como ciencia social. Juan aprovechó uno de los cuatro días que estuvo apoyando a Machalen en el último y más difícil compromiso de la gira para preentarse ante el alma mater y diríamos fundador del instituto como un profesor de la universidad privada de Monterrey con doctorado en LA hacía ya unos cuantos años. No pretendía la gratuidad de su estancia, lo que hizo nacer un inicio de sonrisa en la cara del profesor Arthur. Un inicio que se convirtió en una amplia sonrisa cuando en el contexto de esa conversación inesperada Juan confesó que su interés en la economía estaba centrado justamente en su desaparición acabando con la escasez para lo cual, según él improvisó, era necesario ir más alla de la noción de equilibrio y pasar a modelos en los que, por ser de desequilibrio, ofrecerían multiplidad de soluciones varias, al tiempo que la forma de elegir entre ellas, cosa esta a la que él, Juan, quería aportar us ideas. El Profesor Arthur pareció convencido y le ofreció tomarse un café en la cafetería mientras continuaban con su conversación que pronto derivó a las condiciones de su próxima estancia dentro de un año.

Como prueba práctica de que la complejidad no es ajena al interés por el beneficio propio, sirvan los dos acuerdos a los que llegaron en la cafetería. Juan alquilaría una casa sencilla de la que el profesor Arthur se había mudado recientemente (a una pequeña mansión más cerca del campus si así se pudiera llamar a los escasos edificios recién construidos en esa ciudad tan antigua) y el profesor tendría una entrada gratis para el concierto de dentro de dos días.

No podía imaginar Juan todo lo que Santa Fe le daría una vez agotado su curso en Monterrey en donde las ideas o la investigación no iba ser su tarea principal. Debería más bien afianzar sus relaciones con su familia lejana y organizar sus finanzas de forma que, si algún día pudiera volver a un lugar más cercano a su lugar de nacimiento así como el de Machalen, no tuviera que ocuparse demasiado por sus ingresos ni depender de los de ella.

Su mente, sin embargo, iba estar ocupada durante los dos próximos años por su renacimiento como alguien con un C.V. falseado en buena parte y ocupado en cuerpo y alma por mejorarlo a lo largo de líneas novedosas. Todo debía comenzar por una despedida de Machalen que fuera indicativa de su genuino deseo de no abandonarle nunca ni dejarse abandonar por ella a pesar de todas las ocasiones de alejamiento y engaño fácil que ella iba a encontrar.

Todo ocurrió con normalidad y no poco entusiasmo por el éxito de la orquesta y su directora y por el savoir faire de Juan en cuestiones de amor.

«Monterrey y Santa Fe» recibió 1 desde que se publicó el miércoles 27 de julio de 2016 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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