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Momentos de vida

Junio del 68. Madrid, calle Montalbán, en la Fundación Oriol Urquijo. Con Salvador Timpanaro Ronchero. Estamos ahí para pedir una beca. A Timpa se le demuda el color al oír la noticia: Txabi Echevarrieta había matado a Pardinas para morir a continuación. Bilbao es pequeño y era casi imposible no conocerle si eras consciente de los cambios que estaban ocurriendo o eras asiduo de la librería de Gorriti en la Plaza Nueva. Con Timpanaro y otros habíamos formado una tertulia en La Granja difícil de clasificar políticamente dado su ingenuo y disperso objetivo. Txabi decidió que éramos demócrata-cristianos. El era ya miembro de ETA y, en algún momento había decidido pasar a la acción. Increíble en alguien que esgrimía los textos conciliares en las asambleas de estudiantes y era físicamente tan frágil. Increíble, pero cierto. No me dieron la beca.

Año 1994. Taher en Madrid. Él y otros libios generosamente becados habían sido mis compañeros en el programa de Doctorado en Boulder. Todos y especialmente Taher eran buenos estudiantes, simpáticos y juerguistas. Jamás despreciaron un buen trago. Al cabo de los años accedió al Ministro de Comercio de Libia con Gadafi en el poder. Llegó a Madrid en visita comercial relacionada con el gas y el petróleo y a través del secretario de Estado de Comercio, Apolonio Ruiz Ligero (¿) quien, casualmente, tenía un hijo estudiando en la Carlos III, me localizó. Quedamos a cenar, él con su hija y yo con mi mujer a la que él conocía bien. Al recogerlos en su hotel le planté un par de besos a la joven, casi niña, y vi el gesto torcido del padre. Cenamos nada menos que en Jockey y la conversación fue languideciendo mientras rehusaban el jamón e indagaban la composición de otros platos. Me atreví a preguntar qué tal Gadafi. Se puso muy serio y me contesto: “He is a noble man”. La cena fue un desastre. Nunca le he vuelto a ver y me pregunto que habrá sido de él en estos últimos meses. Al ver el linchamiento de Gadafi he pensado fugazmente que igual tenía razón Taher y el coronel era un hombre noble. Ha resistido hasta el último aliento en lugar de huir, como otros dictadores, a donde su dinero estaba colocado y ha luchado hasta el último aliento sin rehuir el cuerpo a cuerpo.

20 de octubre del 2001. Mi madre hubiera cumplido 108 años. Ayer mi hijo mayor me llama al tren Madrid-Bilbao en el que cabalgábamos hacia Bilbao para, en el caso de mi mujer, acompañar a su madre a Tristán e Isolda en el Euskalduna y, en mi caso, para celebrar el 50 aniversario del fin del PREU y la salida del Colegio. ETA había dado su esperado comunicado de fin de su actividad violenta. Hacía 43 años que un joven de mi misma edad la había comenzado. Y era un joven idealista, como lo era a la sazón Gadafi. Uno y otro desencadenaron el infierno, un infierno que ha roto en ambos casos muchas vidas.

En Libia y en Euzkadi, comienza ahora una vida nueva, llena de oportunidades y de trampas en el camino. ¿Qué exige hoy la nobleza? Yo no lo dudo. Trabajar a favor de la fraternidad, sobre la que he escrito profusamente en este blog especialmente hace dos o tres años. Son necesarias unas formas nuevas de relacionarse que generen un equilibrio evolutivo estable en el que surjan nuevas pautas de conducta que todo el mundo observe porque los demás las observan. Nada que ver con principios universales, sino con la decencia particular y cercana. Nada que ver con Sartre, todo que ver con Camus.

«Momentos de vida» recibió 1 desde que se publicó el Sábado 22 de Octubre de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. […] Juan pasa a escribir Euskadi con zeta: Euzkadi. Como en la penúltima entreguerra. Y de alguna manera esa zeta nos pone en un mundo diferente, algo steampunk, un mundo con algo de futuro alternativo. Y es que florecieron los naranjos. Iturri cuenta muy bien el contexto histórico inmediato y las perspectivas que percibe una buena parte de nuestros vecinos por Bilbao. Del mirar atrás a corto, de momento, una moraleja: las oportunidades, como los frutales, florecen entre la discreción. Comentar post (0) Clic para cancelar respuesta. […]

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