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Mi kioskero

Parece un ruso blanco exilado en París, pero simplemente regenta su kiosko cerca de El Corte Inglés. Sabe mucho de finanazas y ya llevamos varios días discutiendo sobre el futuro de España que, según él, estaría ligado al destino de Grecia. Hoy, además, me ha puesto en un brete al abrir otra línea de conversación.

Se trata de las agencias de calificación. La pregunta dificil es cómo es posible que este reducido grupo de empresas empresas pueda subsistir después de haber sido (co)agentes de la debacle financiera que todavía sufrimos.

Tengo que prepararme para mañana pues me va a estar esperando. No me parece oportuno desviar su tiro y cantarle el párrafo de Dylan en el que les disculpa metafóricamente, sería descortés y una vía de escape indigna de un intelectual como mi kioskero. La pregunta es relevante y merece una respuesta seria. He aquí un esbozo de la mía.

En principio ese sector solo se mantiene por la reputación de las pocas compañías que lo conforman y que han establecido una enorme barrera de entrada a cualquier competidor ya que esa reputación es muy costosa de alcanzar. Pero entonces deberíamos haber observado una pérdida de reputación con ocasión de los errores que cometieron con la calificación de algunos productos derivados. ¿Por qué no ha ocurrido eso? Mi kioskero me lo va a preguntar y tengo que tener una respuesta.

La razón es simple. Las agencias de calificación no han perdido la reputación, a pesar de su poco diligente desempeño en la calificación de ciertos productos financieros derivados, por la simple razón de que nunca la han tenido. Y nunca la han tenido porque para adquirirla tienes que hacer cosas que sean manifiestamente irracionales a menos de que seas algo especial o tengas un don único para, en nuestro caso, olfatear riesgos major que otros que tienen o podrían conseguir la misma información de las compañías o activos calificados.

Es justamente en este punto donde le voy a ganar la batalla a este kioskero que me busca las cosquillas. Las agencias de calificación no pueden señalar creíblemente su olfato excepcional simplemente porque sus calificaciones son performativas, es decir, producen el resultado que predicen. Por lo tanto no pueden adquirir una reputación. ¿Cómo podrían perderla entonces?

«Mi kioskero» recibió 2 desde que se publicó el Miércoles 14 de Abril de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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