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Metafísica, Macroeconomía y Teología

Dice Carlos Thiebaut que Adorno decía que “la filosofía, que antaño pareció superada, sigue viva porque se dejó pasar el momento de su realización”. Así está escrito en la página 6/7 de su lección inaugural de la apertura de curso a la que me refería el otro día. Y Juan Romo me lo resumió, con la precisión de un matemático, como: “fracasar para perdurar“.

Comenzó Carlos su disertación saliéndose brevemente del texto escrito y contándonos, como de tapadillo, que, si no hubiera sido por el temor a sus colegas economistas, le hubiera gustado titularla, no como aparece (¿Por qué, de nuevo, metafísica?), sino de una forma más expresiva como: ¡Es la metafísica estúpido!, remedando así el aviso, referido a la economía, que un politico avispado dio a la Presidencia de los EE.UU de América. Con el descaro que permiten dos copitas de vino me acerqué a Carlos en el cocktail para felicitarle y para afearle que no hubiera seguido su impulso pues, si bien no estoy seguro que, en efecto, se trate de la metafísica, sí creía estar seguro, en mi alegre embriaguez, de que los economistas a los que hubiera ido dirigida la admonición, son unos estúpidos filosóficos.

Ya sobrio me gustaría aprovecharme del texto de Carlos para tratar de explicar por qué los economistas no son estúpidos aunque sí podrían hacer uso de la metafísica para aclararse un poco en ese debate macroeconómico que se va enconando desde el beligerante artículo largo de Krugman en el Magazine del NYT acusando a los economistas, o a cierto tipo de economistas, de haberlo entendido todo mal.

Y aquí entra la Metafísica. Ante la “lucidez desangañada” sobre las posibilidades de la Razón en el desentrañamiento de la verdad, y tal como diría Stanley Cavell, caben dos formas de ejercer el escepticismo, la tragedia y la comedia:

….en esas dos modalidades, la tragica y la cómica se produce una antítesis entre un sujeto transparente que, engañándose, colisiona con el mundo, en la tragedia, y un sujeto opaco o, si quieren, solo traslúcido que, en la comedia, prosigue el juego de la conciencia, aprende y acaba por reconocer el sentido del juego

Juego que consiste precisamente en que el sujeto opaco “encuentra su identidad, se sabe sujeto, solo por medio de esa interacción con el mundo y con los otros; no se antepone, como condición, al mundo, sino que se hace con él”.

Hay un paralelismo que da hasta miedo entre estas dos formas de entender la metafísica y las dos formas de comprender lo que pretende la macroeconomía y el juego que se trae entre manos.

Una vez que el apocalipsis parece ya alejado, ha florecido el debate entre los economistas con la excusa de discutir porqué no han sido capaces de predecir el desastre a tiempo. Usando la terminología de Krugman diríamos que los de agua dulce y los de agua salada representan dos extremos significativos en la actitud a tomar frente al quehacer teórico-económico.

Los economistas de agua dulce pretenden encontrar el modelo definitivo del funcionamiento en el tiempo de un sistema económico basándose sin concesiones en la noción de equilibrio y en la racionalidad individual que por caminos dificiles de transitar, pero sin duda meritorios, se traduce en la HER ( Hipótesis de la Expectativas Racionales) y la HME (Hipótesis de los Mercados Eficientes). Lo importante, para estos economistas, es que con esos ingredientes seamos capaces de encontrar el modelo que, convenientemente calibrado, sea nuestra definitava manera de entender el funcionamiento en el tiempo de un sistema económico.

Los economistas de agua salada por el otro lado solo pretenderían ir tirando en la comprensión de los detalles del sistema sin pretensiones de unificación y admitiendo la imperfecta flexibilidad de los precios y el correspondiente desequibrio más o menos temporal. Estas ideas pueden ser incorporadas a un modelo dinámico y jugar el juego de la competencia con los modelos de los otros economistas, a efectos de predicción, una vez calibrados.

Baste con esta explicación tan somera para pasar ahora a utlizar las ideas de Thiebaut sobre metafísica en la esperanza que nos ayuden a entender la batalla dialéctica entre los neo- neoclásicos y los neokeynesianos.

Veamos. Si, como nos explica Carlos, metafísico quiere decir transparente y claro, esas cualidades (que desearíamos para nuestras ciencias) desembocan en tragedia porque quien así se define y siente pretende haber encontrado el definitivo sentido del mundo al haberlo entroncado en la quimera del sujeto transparente. Si metafísico quiere decir por el contrario aproximado y opaco, posiblemente desorientado, esta metafísica no acabará en tragedia sino en una comedia que no queda cerrada sino para siempre abierta a nuevas preguntas y a nuevas respuestas que mantendrán el afán por la búsqueda siempre vivo aun sabiendo que nunca alcanzará su meta y que las respuestas de hoy dificilmente pertenecerán a ninguna verdad definitiva.

Es una pulsión de muerte la que lleva a la aspiración por la solución definitiva mientras que es la pulsión por vivir la que se contenta con una solución para ir tirando y seguir aprendiendo.

La filosofía, la metafísica, seguía vigente, pensaba la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt, porque había fracasasdo en sus promesas mesiánicas, porque la herencia de la Ilustración se había mostrado por doquier generadora de infiernos

Pensemos, en efecto, en el Holocausto, el Gulag o Hiroshima:

… si la filosofía engendró tales ensueños, será rea de sus fracasos. Que ella haya de permanecer parece, más bien, la condena a que siga, lúcida pero desgarradamente, atrapada en sus pesadillas.

La tragedia de los economista de agua dulce se debe a que son transparentes y de una ambición tal que les garantiza el fracaso y, por lo tanto, la perduración. La comedia de los economistas de agua salada consiste en que son opacos para poder adapterase a las inesperadas y alegres situaciones que la ironía de la vida les plantea.

¿Perduraran estos? En principio es la tragedia la que perdura por que no puede no fracasar mientras que en la comedia o en las medidas ad-hoc de los pragmáticos pueden tener éxito y su teoría siempre puede parchearse con un poco de picaresca teórica. Siempre consigue su realizacion- es decir llevar a la práctica sus arreglos- y por lo tanto no tiene ninguna posibilidad de perdurar en una figura fija.

Pues bien, mi posición respecto al debate macroeconómico se parece a la de Thiebaut en relación a la metafísica. Me gusta lo tortuoso de la serísima búsqueda de la verdad a través de la fe en la transparencia y la posibilidad de clarificación, es un impulso irrefrenable; pero la ironía y el gusto por la comedia me parecen dos ingredienes fundamentales para seguir viviendo y para ser testigo de la peduración del fracaso.

Que esa metafísica interogativa e irónica no sea, no obstante, un conjunto de banales chascarrillos o que retenga algo de afán del conocimiento tal vez requiera que reserve lo que el afán de la certeza trágica marró en ubicar:la absoluta seriedad en la búsqueda de la precisa lucidez de los conceptos y de as palabras con las que vamos nombrando lo que somos y lo que aprendemos. Esa lucidez es frágil y, con frecuencia, momentánea pero no por ello menos exigente.

Para terminar con esta manera rara de acercarme al debate macro déjenme soltarme de la mano de Carlos Thiebaut y poner la guinda de la Revelación, es decir de la Teología.

Los economistas de agua dulce, además de unos metafícos trágicos, serían los seguidores del Antiguo Testamento y, como los judíos ortodoxos, estarían a la espera del mesías, ultimo garante de la verdad, sin satisfacerse con imposturas orquestadas por ignorantes que se crerían, en base al Nuevo Testamento, que la redención ya ha tenido lugar y que con ella somos autosuficientes para ir construyendo, no reconociendo, el mundo tal como es, es decir tal como lo hemos construído nosotros.

Lo que para unos (conservadores) es el mesías para los otros (progresistas) sería ese anticristo completamente incapaz de solventar de una vez por todas nuestras dudas; pero suficiente para con su amenaza estemos simpre preparados a exorcizar cualquier falso profeta.

Termino, repitiendo esto mismo con distintas palabras. El Viejo Testamento espera siempre la venida del Mesías y, como la Filosofía según Adorno, siempre está vivo porque no ha podido realizarse. El Nuevo Testamento se ha encarnado y ha construido su propia realización llena de contradicciones pero que funciona. El ansia de de la muerte contra la ironía de la vida. Para que esta última perdure se han inventado el toque genial del anticristo, último obstáculo ante la realización definitiva.

«Metafísica, Macroeconomía y Teología» recibió 3 desde que se publicó el Martes 29 de Septiembre de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Carlos Boyle dice:

    Buen texto Juan. Se me ocurren otros principios de afirmación y de permanencia del género. Eros y Tánatos, Narciso y Edipo. El uno siempre es funcional al otro, pese a que se presenten como rivales

  2. Juan Urrutia dice:

    “Good eye” que diría un jugador de baseball. Gracias Carlos

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