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Mercado y Competencia

En un intercambio de ideas con DdeU surgió una discusión que ha dado origen a este post.

Es menester distinguir entre mercado y competencia. El mercado libre genera unos precios que coordinan las actividades sean de producción y/o de intercambio. Pero si el mercado, además de ser libre, no es del todo perfecto en el sentido de que la competencia no es suficientemente brutal, entonces surge el papel incentivador de los precios.

Esto ocurre porque en unas circunstancias así algunos individuos tienen un poder monopólico al menos temporal y se aprovechan apropiándose de rentas. En este punto es solo la competencia brutal la que disipa esas rentas. Así, por ejemplo en el modelo de agente y principal, el agente con ciertas ventajas informacionales puede aprovecharse de ellas y cobrar más de lo que aporta justamente porque no hay otras personas tratando de ser agentes y con similar información. En la sociedad de la información, sin embargo, esas y otras personas están ahí y acaban con la ventaja que cualquiera de ellas pudiera derivar de su información difrencial. Entonces ya los precios no incentivan nada pues ya han incentivado.

Yo iría un paso más alli y me atrevería a entrar en terrenos no económicos. Diría que, una vez disipadas las rentas, descubrimos incentivos menos materialistas y de más enjundia. Era la escasez artificial (de información) la que nos engañaba forzándonos a atender a unos incentivos mezquinos. Pero eso es equivalente a decir que el hombre es malo a no ser que la disciplina de la competencia le permita hacerse bueno. Es un ser caído y redimido por el trabajo o, en nuestro caso, por la competencia, algo muy calvinista. El catolicismo por su parte pensaría que el hombre, una vez redimido por Cristo, es ya bueno y no necesita el tratamiento de choque de la competencia.

En este sentido el católico Walras pensaría que siempre estamos en un mundo en el que solo hacen falta los precios para coordinar mientras que Jevons, el protestante, sería sin embargo, consciente del papel fundamental de los precios para incentivar la mismísima competencia.

Si esta interpretación fuera correcta nos permite hacernos dos preguntas. La primera es la de decidir qué es mejor si los objetivos materialista y mezquinos (Calvino) o los objetivos utópicos (Loyola). Y la segunda es cual sería la manera más adecuada de alcanzarlos, si mezquinamente o con generosidad mediante la fraternidad y/o solidaridad.

La respuesta a la primera pregunta no tiene dudas para mí. Creo que, a pesar de las famosas paradojas económicas sobre el interés propio, sería mucho mejor entender ese interés propio de forma que incluya el cuidado del prójimo. Mi respuesta a la segunda pregunta es algo paradójica. Para conseguir esa fraternidad y un cierto desinterés por la vida material lo mejor es estar simpre atento para erosionar cualquier renta que otros seres caidos estén consiguiendo. La paradoja radica en que solo si se nos ve como policías atentos a los privilegios o rentas no merecidads conseguiremos que éstas no aparezcan y que podamos desenvolvernos en un mundo más vivible en el que aparentemente no hace falta policías

«Mercado y Competencia» recibió 5 desde que se publicó el Miércoles 28 de Abril de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Juan Urrutia dice:

    Me encanta este post y creo que nos dará muchísimo jugo. De momento, el contraste con los 15 casos estudiados por Julen lo vindica completamente.

  2. Carlos Boyle dice:

    Estimado Juan, yo incluiría este post dentro de la serie de “Iluminaciones”, su lógica es perfectamente transportable al ámbito de la política.
    “Si esta interpretación fuera correcta nos permite hacernos dos preguntas. La primera es la de decidir qué es mejor si los objetivos materialista y mezquinos (Calvino) o los objetivos utópicos (Loyola). Y la segunda es cual sería la manera más adecuada de alcanzarlos, si mezquinamente o con generosidad mediante la fraternidad y/o solidaridad.”
    Referente a esta posible contradicción que advierte encontrar en su respuesta a la segunda pregunta me permito arriesgar una reflexión. Una primera aproximación a una respuesta es que la segunda pregunta sería una suerte de implementación de la primera por lo que no voy a dividirlas en dos sino que me voy a referir a otra contradicción que advierto en tu planteo.
    Para eso echaré mano de la tesis de amigo-enemigo de Carl Schmitt y me plantaré en la tesis que esgrime Chantal Mouffé al respecto en “En torno a lo político”. No es casual que desde dentro de nuestra cultura y por tu formación, para referenciar ambos paradigmas te hayas basado en el pensamiento dos de los referentes religiosos que más influenciaron desde ese lugar a la política y a la economía.
    Mouffé advierte sobre una suerte de operación de moralización sobre la política:
    “Al utilizar el término ‘moralización’ en este contexto no quiero decir, desde ya, que ahora la gente actúa en el campo de la política en busca del bien común, de acuerdo con motivos más desinteresados o imparciales. Lo que quiero indicar es que, en lugar de ser construida en términos políticos, la oposición ‘nosotros’/’ellos’ constitutiva de la política se construye ahora según las categorías morales del ‘bien’ versus el ‘mal’.”
    http://labarbarie.com.ar/2007/en-torno-a-lo-politico/
    Como respuesta simplemente me voy a permitir hacer copyandpaste de la reflexión de Pablo de La Barbarie en el post de referencia donde analiza la obra de Mouffé.:
    “Mouffe propone como alternativa a la democracia liberal lo que ella y Laclau llaman democracia radical o democracia pluralista. Un modelo basado no en la exclusión antagonista de la diferencia, sino en su inclusión bajo una modalidad “agonista”, que consistiría, básicamente, en la puesta en escena del conflicto como alternativa a su resolución por la violencia o, si se quiere, la sustitución de la violencia real por alguna forma de violencia simbólica.” (el voto).
    Llevamos años estudiando a la fraternidad desde la óptica de las redes sociales y lo que es a mi, y creo que a vos tb, nos ha permitido desvincular a la fraternidad de sus preconceptos masónicos, universalitas y cristianos para destilarla en su quintaesencia de lo social. Si la fraternidad es la forma de red social que posibilita la libre y ergódica circulación de los flujos internos y su respectivo intercambio con el entorno, sus implicancias morales desaparecen permitiendo una cuota de violencia real o virtualizada en su seno. ¿O acaso la fraternidad no era anterior a la solidaridad y el bien común? ¿O acaso entre hermanos no nos llevamos a las patadas en casa? Sin embargo nada de esto imposibilitó que siguiéramos siendo hermanos.
    Tu “iluminación” de hoy, para que tenga respuesta, necesariamente deberá ser sacada del contexto moral- religioso que nos propone Calvino y San Ignacio. Si no lo hacemos careemos en la trampa que advierte Pablo.
    Disculpe la extensión de mi comentario.

  3. Juan Urrutia dice:

    David, como vamos a vernos y pasar bastante tiempo juntos en Murcia tenemos tiempo de charlar sobre esto largo y tendido a la luz de las conclusiones de Julen. En cuanto a tu comentario, Carlos, creo que merece una reflexión pormenorizda que espero poder hacerte, pues ya sé cómo, a la vuelta de Murcia. Gracias a los dos.

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  1. […] es un post sobre un comentario de Carlos Boyle sobre el post Mercado y Competencia. Trata de interpretar ese comentario, especialmente en su última parte, en términos políticos. […]

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