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Meditaciones de agosto (Expansión, 25 de agosto)

Claro que en agosto del 2007 me interesé por las hipotecas subprime y las reseñé aunque difícilmente podía imaginar ni el camino que había llevado a la burbuja ni las dimensiones de la misma o de los derivados generados a su socaire pues, como decía en el artículo de septiembre (¿Qué hará el BCE? Se admiten apuestas, Expansión, 3 de septiembre), toda esa innovación financiera me parecía inteligente y tendente a la eficiencia por la simple razón de que completaba mercados, idea ésta que mantengo a pesar de los pesares.

Para las vacaciones del 2008 ya me mostraba más al tanto de sus peligros a pesar que durante el curso académico fueran otras las preocupaciones que me tuvieron entretenido. Ese agosto y bajo el título de Pasatiempos Vacacionales (Expansión, 6 de agosto) me preocupaba del problema de selección adversa asociado a la información asimétrica existente entre los bancos (especialmente de inversiones) que, ahora sabemos, empezaban a contratar los Credit Default Swaps (CDS) que les permitirían hacer un buen negocio cuando los bonos derivados creados a partir de las subprime (una forma de CDO o Colateralized Debt Obligations) empezaran a no hacer honor a sus compromisos debido a la imposibilidad de pagar las hipotecas subyacentes.

Así que el problema planteado por la caída de Lehman no me cogió del todo desprevenido. El pasado verano y a propósito de un artículo ajeno que mostraba evidencia empírica sobre las ventajas de la innovación financiera para no pocas economías, volvía yo a mis ideas iniciales (Maniobras marineras e innovación financiera, Expansión, 7 de agosto). Mis miedos habían desaparecido aunque resultó que la tranquilidad duró poco pues ya a principios de este 2010 me estaba preguntado por el posible double dip y por los problemas del desapalancamiento, esos mismos que nos han traído por la calle de la amargura en España y que, a pesar de lo que se pensó a partir del viernes 23 del mes pasado, día en el que se hicieron públicos los resultados de los tests de resistencia en los países de la UE, continúan vigentes. Y así llego a este verano del 2010. La propia crónica que acabo de describir me sugiere tres meditaciones centrales: sobre la innovación financiero-empresarial denominada “originar y distribuir”, sobre el problema central de la información asimétrica y la correspondiente selección adversa y sobre los problemas de endeudamiento.

Comenzaré por el modelo de negocio denominado “originar y distribuir”. Nadie lo ha explicado mejor que Sidney G. Winter en una declaración ante el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Representantes de los EE.UU. de América. Glosando superficialmente algunos párrafos de la primera parte de su exposición yo traduciría el milagro de la industria hipotecaria como una cadena de contratos entre agente y principal que parece no tener fin. Aparecen los brokers que venden hipotecas sin ser empleados de una institución financiera y que, por lo tanto, no ponen demasiada atención en la calidad del prestatario. Continúa la cadena la institución financiera que pone el dinero (el originador) que actúa como un dealer que no se queda en sus libros con ese activo, sino que se lo pasa a unos titulizadores que empaquetan este activo junto con otros de distinta naturaleza y distribuyen esos paquetes troceados entre prestamistas que los adquieren sin saber muy bien de qué se trata más allá de que el rendimiento es muy atractivo y de que, a partir de un cierto momento, cuentan con una especie de aseguramiento a través de los mencionados CDO´s.

Nadie a lo largo de esta cadena ha tenido incentivos para preocuparse de la naturaleza y calidad del nuevo producto financiero. Como enseñanza a retener es que no se puede confiar en una cadena que no tiene un final claro. Nada de sorprendente hay aquí excepto por el hecho de que faltaba un inversor final con incentivos a vigilar y prevenir las posibilidades de que su inversión no funcionara correctamente. Podemos afirmar que es la ausencia de Consejos de Administración con misiones claras la que hace que dudosos esquemas de naturaleza bien conocida no sean reconocidos como tales y puedan venderse como genuinas innovaciones financieras que, además, parecen apoyar a las clases más desfavorecidas.

Continúo ahora con el problema de la información asimétrica. Dada la velocidad y amplitud con la que se generó y diseminó el modelo de “originar y distribuir” que acabo de reseñar no es extraño que las instituciones financieras más involucradas en la cadena descrita no tuvieran ni idea de lo que tenían en sus tripas ni de lo que podría valer con independencia de las cuentas que presentaban a las auditorías o agencias de rating.

La incertidumbre era total y, si nadie sabía nada, es normal que todas y cada una pensara que las demás estaban como ella, in albis. Todas y cada una de las instituciones financieras eran como los compradores de un coche usado que sabe que el único que sabe de verdad el estado del vehículo es el vendedor. O, todavía peor, que no quiere saber nada pues, en el fondo, no entiende lo que hace y recela de ello. Desde hace mucho tiempo es bien conocido que ante un problema de selección adversa como este se seca el mercado y que no hay más remedio que lograr separar los buenos bancos de los malos. Ante una situación así cabe preguntarse si esto se ha logrado con los tests de resistencia y enunciar luego una especie de queja profesional.

Estos tests de resistencia que tanto están dando que hablar son como una ciberturba convocada por quien corresponde y que permite, hasta cierto punto y a pesar de deficiencias obvias, tener una idea aproximada de la calidad de las instituciones financieras, hacer de ese conocimiento un conocimiento común con lo que desde ahora debería ser más fácil la relación entre bancos que podrá centrarse en problemas reales y no en sospechas levantadas por la información asimétrica. En cualquier caso quiero añadir que, como profesional de la llamada ciencia económica, me resulta incómoda la actitud de los grandes expertos en Economía de la Información que han sido incapaces de ofrecer algún esquema novedoso de signalling o de screening que permitiera a los banco ya sea señalarse como bancos buenos ya sea autoseleccionarse como tales al reaccionar a un mecanismo novedoso. No me vale argüir ahora que la ignorancia era y es tan grande que es imposible encontrar un mecanismo revelador. Si así fuera deberían haberlo dicho expresamente en su momento.

Cierro con la problemática del endeudamiento de cada economía (público o privado, familiar o empresarial, interno o externo) y de la parte de ese endeudamiento que tiene cada banco ya sea para guardar hasta el vencimiento, ya sea para revender si la ocasión surge. El desapalancamiento se hará y se hará de una manera ordenada; pero deberíamos aprender algo más allá del reforzamiento de la regulación y supervisión. Ya hay novedades a examinar tanto en la nueva legislación americana como en las ideas que se barajan en distintos comités de Basilea. Pero, como última meditación, me gustaría usar este ejemplo del endeudamiento para pensar sobre la noción de riesgo sistémico.

No podremos entender esa noción a no ser que utilicemos ideas de teoría de redes. No representa mayor riesgo el fallo de aquella institución que sea más grande, sino el de aquella que, ante las mismas dificultades, ocupe una posición central en la red de instituciones financieras puesto que su centralidad le hará susceptible de generar problemas cualquiera que sea el origen de las perturbaciones. Hay que reconocer que, en esto, los tests de resistencia no han ayudado aunque con la información obtenida deberíamos poder empezar a trabajar con diversas medidas de centralidad en la redes financieras para continuar investigando las medidas de regulación bancaria que quieran ir más allá de la imposición de mayores exigencias de capital cuantitativas o cualitativas.

No quiero terminar sin añadir algo sobre la importancia del papel de los Consejos de Administración. No solo he afirmado que el peligroso negocio de “originar y distribuir” no se hubiera generalizado si hubiera habido Consejos responsables, sino que, de lo expuesto, se puede colegir que los problemas de selección adversa no serán fáciles de solucionar sin la colaboración activa de esos Consejos así como que sin ellos no hay esperanza de poner en marcha una regulación que realmente tenga en cuenta el riesgo sistémico bien definido.

«Meditaciones de agosto (Expansión, 25 de agosto)» recibió 10 desde que se publicó el Viernes 27 de Agosto de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. luisito dice:

    Creo estar en desacuerdo con cada uno de los puntos de estas meditaciones, un desacuerdo completo, radical, lo que es bien extraño.

    En 2007, y en 2005 y en 2000 o 1990, podía predecirse con certeza que, en un plazo breve, el mundo estaba condenado a vivir una gran depresión, no una de las habituales tormentas financieras venidas a más. Había, al menos, otras dos cosas completamente predecibles: una es que el libre mercado, la libre iniciativa y el sector privado serían declarados culpables de la catástrofe, la otra es que el Estado sería reclamado como único salvador posible del mundo y que, por ello, y para que el Estado pudiese salvarnos de nosotros mismos, grandes cantidades de la libertad de los ciudadanos sería sacrificada y grandes cantidades de poder arbitrario serían otorgadas al poder casi absoluto de los estados. Todo muy previsible y previsible en los detalles más pequeños porque todo estaba escrito detalladamente en los libros de historia. El mundo ha vivido antes esta gran depresión antes, muchas veces antes.

    No es difícil descubrir la verdad en estos casos; esa verdad está incluida con detalle en cualquier crónica oficial, en los análisis de los institutos oficiales, los dictámenes de los gabinetes de estudios de los bancos, las discusiones de los analistas de bolsa o las previsiones que nos dan los modelos numéricos de los bancos centrales. Ellos hacen el trabajo duro, nosotros solo tenemos que leer lo que dicen. Leerlo y descartarlo, claro, porque todo lo que dicen es falso y además, y esta es la clave que hace tan sencillo descubrir la verdad, ellos dicen todo lo que es falso. Nada que sea falso se les escapa y todo lo que es falso está incluido en sus patrañas. Su mentira es una mentira tan completa, construida con una superioridad de medios tan aplastante que lo incluye todo, todo salvo la verdad. Descartando cuidadosamente todo lo que nos dicen encontramos sin dificultad la verdad.

    El que haya sido declarado oficialmente obligatorio demonizar a los CDO y el que quien los defendiese está condenado a morir quemado en la hoguera nos permite fácilmente descubrir dos verdades: los CDO no son la causa de esta catástrofe y los CDO son beneficiosos para la humanidad.

    La innovación de la innovación, que son los CDO y otros animales en la misma sopa de letras, no está en que contengan un mecanismo de “originar y distribuir”. El negocio de la banca ha sido siempre un negocio de intermediación, de transporte del ahorro desde los ahorradores hacia los inversores, un negocio basado en “originar y distribuir”, un modelo muy antiguo y bien conocido. Desde niño he visto a la pescatera de mi barrio “originar ventas de pescado” y “distribuirlas” a los pescadores del puerto.

    La parte nueva de CDO está en la transformación que producen en el flujo financiero que transfieren. El ahorro que capturan tiene una estructura diferente (transformada) a la del ahorro que entregan en forma de financiación; o, alternativamente, la deuda que distribuyen está estructurada de forma diferente a la deuda originada en los bancos de barrio.

    Esta trasformación estructural en la deuda y en el ahorro, que permiten los CDO y los procesos de “securitización” que implican, es una trasformación de la estructura de riesgo y supone un avance financiero fundamental.

    En cualquier economía, el ahorro y la inversión tienen “colores” diferentes. La parte de una sociedad que crea el ahorro tiene siempre una fisionomía humana diferente a la parte de esa sociedad que necesita y que emplea ese ahorro disponible. Por su edad, por los planes que tienen, por su carácter o por su forma de ver la vida y el mundo, la población que crea el ahorro, los ahorradores, son constitucionalmente conservadores, defensivos, mientras que la población que invierte y utiliza ese ahorro, los inversores, los emprendedores, son constitucionalmente activos, audaces y temerarios.

    Este desajuste en las estructuras de riesgo, que supone una severa ineficiencia en el mercado que transfiere ese ahorro, provoca una enorme destrucción de valor económico. De forma “natural”, hay una ingente oferta de ahorro solo disponible para usos de muy bajo riesgo mientras que la inmensa mayoría de los usos productivos del ahorro corresponden a niveles de riesgo mayores. Si dibujamos un espectro (volumen de oferta para cada nivel de riesgo) de las preferencias de riesgo del ahorro entregado al mercado (oferta) y otro espectro de las preferencias de riesgo para el volumen de ahorro demandado al mercado, veremos que el centro de gravedad de estos espectros están desplazados, lo que hace que la transferencia sea muy ineficiente y una gran cantidad de valor sea destruido.

    Este desajuste no solo produce una destrucción ciega (uniforme) de valor; la destrucción de valor que se produce en un mercado “natural” de crédito está estructurada, hay un espectro de destrucción, lo que hace que este desajuste suponga una transferencia de valor entre agentes, y hace también que esta máquina sea políticamente sensible y explica/permitía predecir la demonización de los CDO.

    En un mercado “natural” de crédito (un mercado en el que los espectros de riesgo de la oferta y la demanda no han sido transformados/alineados) los demandantes de ahorro de alto riesgo obtienen una financiación escasa y a precios injustamente (estúpidamente) altos. Las familias pobres, los sectores nuevos, las apuestas arriesgadas, los visionarios, los emprendedores chiflados, quienes crean la riqueza hoy y crearán la riqueza del futuro, son penalizados. Esto supone una ingente destrucción de valor en la economía. El desajuste provoca también una sobre oferta de ahorro de bajo riesgo y permite a los demandantes de ahorro de elevada solvencia obtener enormes cantidades de ahorro a precios injustamente (estúpidamente) bajos. Los estados, los gobiernos, los organismos oficiales, los oligopolios bien establecidos, los sectores, empresas o familias bien conectadas con el poder, quienes destruyen la riqueza hoy y destruirán la riqueza en el futuro, acaparan (y destruyen) a bajo precio la mayor parte disponible del ahorro. Esto supone una ingente destrucción de valor en la economía. Los ahorradores en su conjunto son también penalizados porque el desajuste entre estructuras de riesgo provoca un precio injustamente bajo del “ahorro vendido” a la vez que provoca un precio injustamente alto del ahorro comprado. (La horquilla de precios en este mercado ineficiente debe cubrir la destrucción de valor que produce la ineficiencia fundamental)

    Los CDO son un intento, que ha funcionado extraordinariamente bien, de reestructurar el espectro de riesgo entre la demanda y la oferta de crédito para ajustarlas y reducir esa ineficiencia del mercado. Como todo mecanismo de aseguramiento, producen un pequeño aumento del riesgo bruto total (debido a un “moral hazard” residual), pero la creación de valor que permiten al impedir la destrucción de valor que produce la ineficiencia de mercado que suprimen, es millones de veces mayor que el valor de ese aumento residual de riesgo.

    Estas máquinas de “securitización” transforman la estructura de riesgo del ahorro ofrecido y demandado interponiendo una estructura de capital elemental. Una vez transformado por los “algoritmos” implícitos en este mecanismo, el ahorro demandado de riesgo medio es convertido en una gran cantidad de ahorro de bajo riesgo (debt) y en una cantidad mucho menor de ahorro de muy alto riesgo (equity). La transferencia es entonces mucho más eficiente porque el ahorro de bajo riesgo puede encontrarse con la enorme oferta de ahorro de bajo riesgo y bajo precio (el ahorro tradicionalmente acaparado por los monstruos estatales) mientras que la parte equity (con un volumen mucho menor) es colocada eficientemente en los “mercados hot” donde aprecian las emociones fuertes.

    Esta segunda parte es esencial en el mecanismo porque, si esta equity es negociada en un mercado amplio, profundo y transparente permite una determinación “justa”, “objetiva” y públicamente accesible del valor del riesgo de todo el conjunto. No es cierto, por tanto, que los bancos de inversión, que construyen estas bombas de relojería, y las agencias (estatales) de calificación de riesgos, que cobran por calificar su riesgo, sean los únicos que conozcan (y no siempre) las sorpresas que incluyen estas manzanas envenenadas. Lo sabe también el mercado, el mercado en el que los especuladores de alto riesgo negocian y valoran la parte equity de estas carteras reconvertidas. Determinar el valor del riesgo de la parte debt a partir de los precios de mercado de la parte equity es trivial para cualquier gestor de fondos que tenga unas nociones mínimas del negocio financiero. (Cosa distinta es saber si hay algún gestor de fondos que tenga alguna remota noción de su negocio)

    La existencia de ese mercado activo y público de las “rodajas equity” de cada lote “seguritizado”, como ocurre con cualquier otro mercado de derivados, permite a los poseedores de las “rodajas debt” conocer en cada momento y vigilar su exposición al riesgo y además modular esa exposición por medio de la compra o venta de esos derivados equity. No hay, o al menos no tiene por qué haber, en este sistema más oscurantismo ni más asimetría de información que la que pueda haber en el mercado de futuros de trigo o en el de derivados del bund.

    El sistema de los CDO ha funcionado bien, ha distribuido bien el riesgo y el comportamiento que han tenido sus precios ha coincidido muy bien con el que predecían los modelos con los que fueron construidos. La idea de que han fallado estrepitosamente es completamente falsa.

    Se han producido enormes pérdidas en el mercado de crédito porque ingentes cantidades de ahorro han sido malinvertidas en una serie de burbujas de activos, la última de ellas la de las casas. Culpar a los CDO de esto es como culpar a las compañías de seguros de incendios rusas de haber provocado las pérdidas asociadas a los incendios de este verano.

    La causa de esta última burbuja de activos, la de las casas, es la misma causa de las anteriores burbujas de activos, como la de las punto com: una política monetaria diseñada deliberadamente para provocar burbujas de activos.

    El enorme riesgo se acumuló y la depresión deflacionaria fue el final asegurado porque nuestra economía está diseñada así, porque el intervencionismo estatal crea una economía basada en las burbujas de crédito y en la destrucción del ahorro real.

    No ha sido la mejora de la eficiencia del mercado de crédito la ha provocado la catástrofe sino el que ese mercado fuese obligado por el intervencionismo de la autoridad monetaria a transferir un ahorro que no existía. Existían solo unos tipos de interés manipulados por el banco central que fingían la existencia de ese ahorro y unos pasivos financieros de papel que simulaban y siguen simulando que ese ahorro, que se perdió para siempre (fue consumido), sigue estando presente.

    Los CDO, el precio de las fracciones equity, midieron con exactitud el riesgo presente en el mercado, lo que ocurre es que ese riesgo estaba manipulado por el intervencionismo, subsidiado. El nivel de referencia de riesgo en el crédito hipotecario, el precio de aseguramiento de ese riesgo por el que debían competir los agentes de mercado estaba impuesto por las agencias semigubernamentales (GSEs) que actuaban desde una posición de privilegio y garantizaban la transferencia del riesgo a los contribuyentes. El deber de un especulador, el servicio que nos presta, lo que debemos esperar de él, es que proporcione una buena medida de valor del riesgo porque sepa ver con exactitud los sucesos del futuro. La socialización de los balances envenenados de Fannie Mae, el uso del balance del Banco Central como vertedero en el que serían arrojadas las pérdidas del sector privado o los planes de salvamento de las entidades demasiado amigas y demasiado grandes para dejar que cayesen aparecía todo ello claramente en la bola de cristal en la que miran los especuladores de CDO y, también en la bola de cristal en que miramos cada uno de nosotros ¿Verdad?

    Me alargo mucho y este ladrillo, destinado solo a discrepar sobre el primer punto, ha crecido ya demasiado. A ver si en otro rato me animo a tratar alguno de los otros puntos, que son mucho más fundamentales.

    Solo añadir que no habrá ese desapalancamiento ordenado, no puede haberlo, la ingente cantidad de endeudamiento no tiene contraparte en el sistema: no existe el ahorro correspondiente. El “axioma” que garantiza la simetría entre el endeudamiento y el ahorro es un axioma del libre mercado, esto es, solo se cumple si pueden funcionar los mecanismo de equilibrio que hacen cierta esta identidad y eso solo ocurre cuando “las ecuaciones” del sistema tienen los grados de libertad precisas. En una economía de planificación central como la nuestra, este “axioma” degenera hasta convertirse en una simple costumbre de notación bancaria. La “mágica” coincidencia numérica entre el valor del pasivo y el del activo que se produce en toda expansión de un balance deja de ser la consecuencia registrada contablemente de un delicado proceso de equilibrio en la economía real y se convierte en una simple necesidad formal hecha de papel y establecida en algún subapartado de algún artículo de alguna normativa bancaria estatal. No está habiendo desapalancamiento en el gran esquema de papel. Se trata de un esquema Ponzi y en un esquema Ponzi unos pueden desapalancarse solo si otros se apalancan en mayor medida. Es una burbuja, puede apalancarse más o colapsar pero no desapalancarse. Las burbujas son sistemas irreversibles. La transferencia de apalancamiento de unos balances de papel a otros balances de papel, desde Wall Street a los contribuyentes o el intercambio de unos activos sin valor por otros activos sin valor o de unos pasivos muertos por otros pasivos muertos, puede mantener entretenidos y despistados durante mucho tiempo a analistas o gabinetes de estudios pero no puede detener el ritmo del mundo, el avance de la realidad. El colapso llega cuando el proceso de décadas de descapitalización consume la última brizna de ahorro en el mundo. No es posible detener a la feroz y sanadora deflación porque la bestia deflacionaria es un grito de socorro, es el intento último de la economía de librarse de las garras de los aristócratas que la ahogan y el intento último de sobrevivir de una sociedad.

    (No es posible detener o espantar a la bestia deflacionaria arrojándole puñados de papel. La bestia deflacionaria se alimenta de papel)

    • Juan Urrutia dice:

      Luisito, perdoname por recordarte una norma básica de netiqueta: tu comentario no puede ser más largo que aquello que comentas. Menos si es el primero de los que se publican. Si necesitas más espacio del normal, escríbelo en tu blog dando enlace al post de Juan. Si no, puede clasificarse como trolleo, por lo que el moderador podría borrártelo o considerarlo spam sin la más mínima mala conciencia.

  2. Ramon dice:

    El articulo-resumen creo que esta muy acertado, remarcando un tema clave de la economia de la información (informacion asimetrica, emision de señales ademas de la falta de instituciones economicas independientes que valoren los riesgos sistemicos.
    Tambien es verdad que desde la crisis asiatica, habian avisos de que nos podriamos encontrar mas pronto o mas tarde en la situacion actual. Motivo por el cual es util repasar la historia economica donde hay las claves de la situacion actual y las posibles salidas.

  3. Juan Urrutia dice:

    Gracias a los dos, Ramón y Luisto especialmente por la llamda a concer la historia. Respecto a tu largo comentario Luisito, creo que tendría que leerlo línea alínea y meditar cada una sabiendo lo que dice, lo que parece querer decir y el marco general de donde viene. Veamos lo que tienes que decir respecto a los otros dos puntos, pero respecto a éste primero y de momento, creo que me quedo con la exposición de Sidney Winter. Sin embargo compartimos la defensa de la innovación financiera aunque no sé si lo hacemos por las mismas razones. Y respecto a que vivimos en una economía planificada es un argumento que pretende, creo, inaugurar una nueva línea de conversación en la que, de momento, no voy a entrar.

  4. luisito dice:

    Esta referencia mía a la planificación de la economía no es una referencia filosófica o que pretenda dar pié a una controversia. Me refiero a ella como una realidad práctica que afecta a las decisiones del día a día de los agentes y que distorsiona, en una dirección interesada, el funcionamiento de toda la máquina económica.

    Los mecanismos por los que esta permanente presencia de la sombra del Estado afecta a los mercados son bastante abstrusos, aburridos y largos pero intentaré dar una idea de a qué me refiero para que se vea que hablo de consecuencias materiales prácticas y no de prejuicios ideológicos más o menos teóricos y por si hay algún lector profano de este foro que siente curiosidad y tiene la paciencia de leer.

    Por ejemplo:

    “los bancos que, ahora sabemos, empezaban a contratar los Credit Default Swaps (CDS) que les permitirían hacer un buen negocio cuando los bonos derivados creados a partir de las subprime empezaran a no hacer honor a sus compromisos”

    Pues no, los CDS no eran un buen negocio y no permitieron a los bancos de inversión compensar las pérdidas provocadas por los CDO que estaban, en sus balances, esperando su turno de distribución. Es cierto que los CDO no hicieron honor, en una pequeña parte, a sus compromisos de pago pero es que, en el caso de los CDS, el default fue completo. Los bancos que habían comprado protección por medio de esos CDS no recibieron protección alguna. Ni un dólar; perdieron todo lo apostado.

    Los bancos de inversión fueron, como se esperaba, salvados de la implosión de los CDO, pero no por los CDS que habían comprado o por el mercado sino por una alcaldada del Gobierno Norteamericano financiada con dólares de los contribuyentes, como se esperaba. Aquellos CDS habían sido escritos por una gigantesca compañía de seguros llamada AIG, que acumuló todo el riesgo. La implosión de los CDO produjo la quiebra instantánea de AIG y el default de sus obligaciones de pago en esos CDS. El Gobierno americano decidió entonces resarcir a los bancos de inversión de las pérdidas generadas por la apuesta ruinosa que habían hecho, haciendo buenos, sacrificando a los contribuyentes, los compromisos de pago de una compañía privada quebrada como AIG.

    Los CDS eran un mal negocio en términos de mercado pero eran un billete que garantizaba una lluvia de dinero público si quien los compraba ocupaba un confortable lugar a la sombra del poder político. Un lugar en el que una misma operación es un buen negocio y al mismo tiempo un mal negocio según cómo se llama quien hace la operación, no es un mercado, es un cortijo.

    Continúa…

    Bueno… veo que vuelve a salirme un ladrillo y no quiero abusar de la amabilidad del anfitrión. Echo de menos un foro/revista libre en la red en la que ciudadanos anónimos aficionados la economía o “interesados en lo que está pasando” pudiésemos compartir nuestras reflexiones sin tener que invadir el área de comentarios de los blogs de economía.

    Sigo aquí el resto de la divagación >> http://www.idealista.com/news/gente/luisito/blog/zoologia-comparada-cdo-y-cds-1

  5. luisito dice:

    Bueno, no sé muy bien qué “netiqueta”: Imagino que será un conjunto de normas de buena educación.

    No pretendo abusar pero es que los temas que se tratan son muy complejos y mi punto de cista demasiado diferente. No sé cómo resumir explicar mi discrepancia de forma más resumida teniendo en cuenta que intento ayudar, en mis comentarios, a otros lectores profanos.

    No veo, por otra parte, que la posible ayuda pueden suponer para algunos lectores unos comentarios largos por ser muy básicos provoque un prejuicio apreciable. Me parece que resulta sencillo para cualquier lector no interesado, saltarse los comentarios largos.

    Si lo ve conveniente, borre, cercene o traslade al final mis comentarios.

  6. juan urrutia dice:

    Bueno, creo que David como (casi) siempre tiene razón en todo lo que dice incluyendo mi jesuitismo. Es ciertamente más agradable y mucho más útil si los comentarios son menos largos.

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] temo que ya lo he sido y hasta en dos ocasiones correspondientes a los artículos de Expansión de agosto y de septimbre. Se tratataba como ya se sabía de arbitraje regulatorio por mor del cual los bancos […]

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