Desde mi sillón

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Me han encontrado

No estoy loco. Me limito a los hechos. Tal como conté ayer, en el viaje de vuelta de Mahón a Barcelona me desapareció la maleta que me habían obligado a facturar a pesar de que a la ida me habían permitido viajar con ella como equipaje de mano.

Al llegar al aeropuerto de Mahón para volver a mi refugio de verano me dí cuenta que una anciana en silla de ruedas parecía llevar consigo una maleta igual que la mía excepto que la suya exhibía una identificación de Iberia y cerraba su cremallera con un candado dorado. Curiosa coincidencia la de dos maletas idénticas en un mismo vuelo.

La inquietud comienza insinuarse cuando, aterrizado el avión en Barcelona y al acudir a la cinta transportadora correspondiente a mi vuelo, veo, tras una espera no demasiado larga, cómo los pocos pasajeros que no viajaban solo con equipaje de mano, van retirando sus bultos hasta que solo quedo yo y la maleta de la anciana dando vueltas sin sentido sobre la cinta transportadora. Pensé quedarme con esta maleta gemela de la mía como prenda; pero un empleado se acercó y ante su pregunta inquisidora le expliqué la situación. Tomó la maleta de la anciana y me acompañó a la sección de equipajes perdidos de la T1.

No solo dí parte de la pérdida, sino que rellené una queja contra la compañía aérea por un trato poco entendible y discriminatorio en realción a otros pasajeros que embutían su presunto y enrme equipaje de mano debajo de su asiento delantero con un entusiasmo rayano en la obsesión criminal.

Me llamarían en cuanto supieran algo y si encontraban la maleta la cambiarían por la de la anciana y me llevarían la mía hasta este lugar recóndito de Girona. Bien ¿qué puede decir uno a una señorita correcta con un acaento raro? Paso la tarde realmente enfadado y preocupado. Enfafado por haberme dejado forzar por la azafata de tierra en Mahón; preocupado porque en esa maleta hay papeles que comprometen a personajes de la vida política nacional para los que hago de negro, que les escribo sus informes y discursos vaya.

Llamo al teléfono que me han dado y ya entro en contacto directo con la compañía aérea que insiste en que todo se va a arreglar. El acento de la voz jóven que me contesta parece el de un hombre jóven centroeuropeo. No puedo hacer nada de provecho y deambulo pensativo. Cuando estoy a punto de llamar al jóven centroeuropeo me llama él para decirme que otro viajero ( ¿la anciana?) se disculpa por el error, que alguien (¿quien?) está yendo hacia al aeropuerto para efectuar el canje de maletas y que me llegaría a mi casa al día siguiente por la mañana.

Pero transcurre la mañana y yo, con un short arrugado,con barba de un par de días y con los dientes sucios, me desmoralizo pensando que, a diferencia de la maleta de la anciana, la mía está perfectamente abierta. Nada ocurre hasta la hora de comer y caigo en una especie de sopor mórbido debido, con toda seguridad, a que no he pegado ojo en toda la noche pensando que puedo rehacer mis encargos como negro pero quizá no a tiempo y que mis patrones no se andan con bromas pues no son broma los informes que tienen que presentar mañana.

Me despierta el móvil como a las cinco de la tarde, doy un respingo y me habla una voz distinta de todas las otras que me han rodeado desde ayer para preguntarme cómo llegar a esta casa mía que no se ve desde ningún ángulo de la carretera. No es alguien español o catalán. Me habla en español, pero a penas le entiendo aunque al final le veo un coche llegar a la puerta de entrada a mi jardín.

Dejo el móvil sobre el sillón de la siesta y bajo a abrirle la cancela. Firmo un recibo y tomo mi maleta que me parece extrañamente ligera. Trato de decirle algo al transportista; pero ya dobla esa esquina que yo creía hacía de esta casa una fortaleza inexpugnable. Es solo entonces, en ese instate fugaz, que me doy cuenta de que no se trata de una furgoneta de reparto, sino de un Skoda Octavia. Abro la cremallera y me parece evidente que faltan algunos libros y casi todos los papeles.

Hoy he ido a la agencia inmobiliaria, he puesto en venta la casa, he rescrito los informes y ahora escribo esto desde un escondite que no puedo revelar. No sé lo que voy a hacer pero me parece más que obvio que estoy a punto de pagar una deuda de mi padre contraída hace unos setenta años.

«Me han encontrado» recibió 5 desde que se publicó el Sábado 1 de Agosto de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. kueli dice:

    Me gusta tu primer intento público de hacer novela negra y me honra, por razones que no hacen al caso, que, aunque intentes esconderlo, hayas elegido como tema la venganza de los negros. Es evidente que el intercambio de maletas estaba pactado desde el principio. Ahora no te queda más remedio que hacerte fuerte en tu escondite y escribir las 199 páginas que te van a hacer falta para terminar de contarnos esa bonita historia…

  2. kueli dice:

    Naturalmente, si necesitas ayuda, no tienes más que decirlo…

  3. Juan Urrutia dice:

    Naturalment admito toda clase de ayuda especialmente si vine de alguien con un ojo clínico como el tuyo.

  4. Juan Urrutia dice:

    Caray David me pones nervioso pues aunque el acento no era mejicano- o no me lo pareció – el aspecto del conductor sí que podría haberlo sido. Dios mío esto se ramifica. No sécuando podré salir del aguejero en el que me he escondido.

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