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Materiales para una tercera homilía

Hace dos años escribí unas anotaciones bárbaras (la primera homilía) sobre la crisis justo en el momento del petardazo inmobiliario en los EE. UU. de América. Lo hice con un cierto distanciamiento producto de mi falta de previsión de los efectos de las interconexiones bancarias y me preguntaba no solo sobre política económica, sino también sobre la estrategia a seguir como inversor en Bolsa.

Seguí escribiendo sobre la crisis en este blog y el verano pasado escribí una segunda homilía sobre aquella primera homilía. Luego Lehman nos puso a todos muy nerviosos y el invesor en mí sufrió las penas el infierno observando cómo se desvalorizaba mi cartera día a día lo que me llevó a alabar el plan Paulson aparte de detalles. Luego llegó el Plan Geithner y a partir de marzo la cosa mejoró para mí aunque no necesaramente para los parados.

En esas codiciones escribí una cosita un poco más académica de la que no pienso destacar sus encantos y no precisamente porque no los tuviera.

Ya entonces me planteé escribir una crónica de la crisis pues bastaba con leer mi blog para poder ir desgranando las avatares de esta crisis en algunos aspectos novedosa. Lo hubiera escrito si hubiera tenido un ayudante y habría salido antes que toda esat literaura que ya empieza a emerger empujada por las casas editoriales. Me consolé con el continuo incremento de las Bolsas, especialmente la española, y seguí escribiendo ya con menos intensidad dado que las medidas de la FED e incluso del BCE, tan poco dado a alegrías él, me tranquilizaban.

Y empezaron los brotes verdes y la preocupación por el deficit y la futura inflación. Y empezó la prensa especializada a desbarrar mientras se despiertan los economistas y comienzan a reflexionar sobre qué deben hacer para volver a estar sobre los acontecimientos y no ser aplastados por ellos.

O sea que ahora me tocaría tratar de escribir una nueva homilía, la tercera, allí por la virgen de agosto. Trataré de acumular materiales que sirvan para devolverme el optimismo pero no sé como va a ser posible desde mi retiro forzado y desde la necesidad de no dejarme ver. Como les contaba ayer estoy escondido y, aunque no en un zulo, tengo que tener mucho cuidado pues sigo siendo perseguido.

Ayer, con gafas de sol y compleamente descamisado, intenté hacerme con la prensa para ir acumulando materiales, esos que nunca aparecen en las versiones digitales, y me encontré con el ginecólogo que hizo posible el nacimineto de Itziar hace 23 años y con quienes parecían parte de su familia, mujer, hijo y nuera. No me reconocieron, pero me asustó reconocer que el hijo conducía un four -wheel- drive de marca Skoda.

¿Qué pecado cometió mi padre contra los intereses nazis en el 37 que ahora me persiguen? ¿ Qué tendría que ver con esa marca hoy alemana? No sé cuando me atreveré a salir de este refugio, pero no va ser fácil integrar mi pensamiento para, a la vez, atender a los intereses de mis “jefes” para los que “negreo”, mis intereses sprofesionales como economista, mis esperanzas y desvelos como inversor y mi integridad física por la que empiezo a temer.

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