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Más de Vicente Urnieta

En un post anterior trataba de homenajear a Vicente Urnieta publicando En la muerte de Vicente Urnieta que me pasó Esteban Ormeche quien habí­a sido su negro en algún momento.

Ormeche debió leer mi homenaje y darse cuenta de mi interés genuino por los escritos de Vicente, originales o apoyados, y me envió por correo postal varias piezas de mi pobre amigo. No todas son publicables ahora; pero lo serán algún dí­a. Por ejemplo sus opiniones sobre el Plan Ibarreche constituirí­an hoy una publicación totalmente intempestiva.

Sin embargo el artí­culo que sigue me hace gracia. Lo entiendo y espero que el lector también capte su intención. Sin embargo muestra un rasgo de Vicente que era irritante a no ser que uno aprendiera a convivir con él y viera más allá de su mera superficie. Me refiero a su afición a la teorí­a de los juegos sin haberla estudiado de verdad.

Les aseguro que lo que dice es formalmente correcto y que se podrí­a presentar de una manera más atildada; pero precisamente su falta de profesionalidad refleja su personalidad.

Espero que les guste y que no hiera su sensibilidad, a pesar de que bien leí­do descubre la vaciedad total de la polí­tica de este mismo momento a pesar de que se refiere a una época ya pasada. Datarlo serí­a muy fácil, pero no merece la pena. Curiosamente es muy paraecido a lo que ayer sábado decí­a en El Paí­s Juan-José López Burniol (“Conllevancia o autodeterminación”)

Solo me queda añadir que scaneé el documento en papel que me mandó Ormeche y luego lo pasé a word para poder corregir algunoas erratas. Pero luego lo pensé mejor y dejé todo como estaba. Sin embargo por ese camino tortuoso se perdieron las matrices de la forma normal de los dos juegos y, como quizá no sea fácil seguir el artí­culo al que no esté mí­nimamnete versado en teorí­a de juegos, me he permitido una intromisión indicando las entradas de las matrices de pagos a las que se hace referencia en el texto.

Creo que Vicente merecí­a esta publicación póstuma aunque no se entienda bien.

OPINIONES DE UN SOBERANISTA DUBITATIVO
Vicente Urnieta

Desde hace bastante tiempo las páginas de los periódicos han acogido un inusitado número de artí­culos de opinión sobre independentismo, soberanismo y sobre el peligro que representan, lo que no es extraño en un perí­odo preelectoral en el que los partidos nacionalistas están protagonizando algunos movimientos en el Paí­s Vasco y en Cataluña que no pueden pasar desapercibidos. Parece claro que estas elecciones generales están agregando las discrepancias entre PP y PSOE respecto a temas concretos en una gran discrepancia larvada respecto al gran tema de la unidad nacional, con el PP presentándose como garante de la misma y con el PSOE tratando como sea de no desentonar a pesar de los avatares del gobierno tripartito catalán que permiten al PP acusarle de tibio en la defensa de la unidad. En esta situación creo que tiene interés tratar de entender el pensamiento al respecto de un soberanista dubitativo, papel que me atribuyo por razones exclusivamente expositivas, a efectos de entender mejor la posible estrategia de un partido nacionalista cualquiera y, de rebote, el propio juego entre los dos grandes partidos de ámbito estatal. Las opiniones que siguen aspirarán a remedar modestamente las opiniones de Hans Schier, el payaso de Heinrich Bí¶ll, que conseguí­an trasladar al lector la perplejidad y el malestar de quien no encaja con su entorno y sin querer, mientras ejecuta sus trucos malabares, desvela las dificultades e incongruencias por las que pasa su paí­s. Disfrazado pues de payaso disfrazado de soberanista dubitativo voy a abrir mi maleta repleta de artí­culos de pega, instrumentos de mi oficio y disfraces varios para trasladar mis dudas y mi diagnosis oblicua de lo que está pasando.
La situación puede estar hoy representada por uno u otro de los dos juegos que se presentan a continuación en su forma normal:

PSOE PSOE

PP S U
PP S U
S 10,10 0,15 S 10,10 0,5
U 15,0 1,1 U 5,0 1,1

( Aquí­ no me queda más remedio que tratar de rehacer las dos matrices para beneficio del lector. La que estaba a la izquerda corresponde al juego del dilema del prisionero. La casilla noroeste tendrí­a las entradas 10,10; la nordeste las 0,15, la sureste 1,1 y la suroeste 15,0. La matriz del juego que estaba a la derecha correspondí­a a eun juego de coordinación y las casillas correspondientes, siguiendo el mismo orden que acabo de utilizar, serián 10,10, 0,5, 1,1 y 5,o. Espero que esto sea suficiente para seguir el argumento de Vicente.)

Empezaré por describir los juegos. En ambos, el jugador fila (PP) y el jugador columna (PSOE) tienen dos estrategias a su disposición que, representadas por U o por S, quieren indicar respectivamente el mantenimiento a ultranza de la situación actual sin modificaciones estatutarias o constitucionales y la disposición a efectuar alguna de esas modificaciones a efectos de “perfeccionar ” la naturaleza de España como una nación plural o nación de naciones. Dependiendo de la estrategia que cada jugador decide llevar a cabo se obtendrá un resultado (medido de cualquier manera compatible con que un número más alto signifique una situación más deseada por el correspondiente jugador) que se representa en cada casilla por un vector de dos números, el primero para el jugador fila (PP) y el segundo para el jugador columna (PSOE). El juego de la izquierda corresponde al famoso dilema del prisionero y el de la derecha es un juego de coordinación.
Continuaré ahora con un comentario que aunque obvio es crucial. En ambos juegos la situación (S, S) es lo que los economistas llaman un óptimo paretiano e indica una situación en la que ninguno puede mejorar sin que el otro empeore simultáneamente. Notemos ahora que (S, S) seguirá siendo un óptimo paretiano siempre que en esa casilla el resultado siga siendo mayor que 1 para cada jugador. Hasta aquí­ lo obvio. Lo crucial es que (S, S) no puede dejar de ser un óptimo paretiano pues si el resultado fuera de un cero o negativo para cada jugador, la situación (U, U) pasará a ser el único óptimo paretiano en ambos juegos y los nacionalistas, soberanistas o independentistas, que contemplan desde fuera estos juegos romperí­an la baraja ya que no podrián tener la menor esperanza de que en España se alcanzará el resultado correspondiente a (S, S). Este romper la baraja significarí­a,además, que ninguno de los dos juegos servirí­a ya para interpretar lo que está pasando. En consecuencia los dos juegos, tal como están, representan bien un cierto aspecto de la situación actual. El otro aspecto de dicha situación que también puede reflejarse en ambos juegos es que no se juegan en el vació sino desde una situación inicial y que ésta es precisamente (U, U) de forma que, en cualquiera de ambos juegos, a cada partido le encantarí­a que el otro coqueteara con los nacionalistas.
En tercer lugar tengo que admitir que como observador de lo que pasa no sé que juego se está jugando pues acabo de convencerme a mí­ mismo de que ambos son compatibles con lo que sé: que, ciertamente, sea cual sea el juego, cada jugador está utilizando la estrategia U aunque el PP acusa al PSOE de hacerlo sólo de boquilla.Y, desde esa ignorancia, este observador se pregunta si hay esperanza de que ambos partidos dialoguen y se pongan de acuerdo para alcanzar (S, S),lo que satisfarí­a su soberanismo dubitativo. El payaso abre su maleta y se apresta a realizar un truco que ha solido gustar: tener en cuenta estrategias dialogantes en las que cada jugador anuncia lo que va a hacer (en una especie de cotilleo previo o cheap-talk) y luego hace lo que quiere. Por ejemplo la situación inicial podrí­a entenderse como una situación en la que cada jugador está utilizando la siguiente estrategia dialogante simple (no condicionada): “anuncio U y hago U ”. ¿Cabe que esta posibilidad de diálogo lleve en algún momento a la situación (S, S)?
El soberanista dubitativo se rasca la cabeza y como no es tonto aunque haga el payaso, razona de la siguiente manera. Si estamos en el juego del dilema del prisionero, la estrategia U es estrategia dominante para uno y otro de los jugadores: el PP (PSOE) jugará U haga lo que haga el PSOE (PP). En consecuencia aunque uno de los jugadores anuncie en el diálogo que va a jugar S, el otro jugador no tiene ningún motivo para creerselo, sino que justamente tiene incentivos a jugar U aunque anuncie mentirosamente que jugará S. Por mucho diálogo que haya no hay manera de salirnos de la situación (U, U). Esto no ocurre, sin embargo, si nos encontráramos en el segundo juego, el de coordinación. Con este juego el diálogo permite pasar de (U, U) a (S, S). Para convencernos de ello consideramos la siguiente estrategia dialogante condicionada: “anuncio S y hago S si el otro anuncia S o hago U si el otro anuncia U ”. Es fácil ver, y si lo ve el soberanista dubitativo deberá verlo todo el mundo, que esta estrategia dialogante jugada por ambos jugadores lleva a que eventualmente se alcance la situación (S, S) en donde finalmente se observa continuamente la estrategia dialogante simple “anuncio S y hago S ”. Notemos, como un plus, que en el juego del dilema del prisionero el lenguaje del diálogo polí­tico es “pobre ”, porque la locución “S ” nunca llega a adquirir el significado de que realmente hago S porque eso no ocurre, mientras que en el juego de coordinación el lenguaje del diálogo polí­tico es “rico ” porque la locución “S ” llega a adquirir el significado de hacer S.
Mientras me desmaquillo después de haber realizado mi número me pregunto si el análisis anterior habrá enseñado algo a los dos grandes partidos. Cualquiera de estos puede, a su vez, pensar como sigue. Si el partido nacionalista de que se trate fuera realmente independentista le gustarí­a que el juego fuera el del prisionero pues en ese caso ante la imposibilidad de conseguir una convivencia plurinacional, imposibilidad ésta evidenciada en que ni siquiera se pueda hablar de ello, su estrategia óptima consistirí­a en la leninista de “cuanto peor mejor ”. Si, por el contrario, el partido nacionalista que estoy considerando es simplemente soberanista desearí­a que el juego fuera el de coordinación porque sabe que eventualmente se alcanzará, mediante el diálogo de PP y PSOE, la España como unidad plurinacional “perfeccionada” que ambiciona.
Si esto es lo que piensa cualquiera de los dos grandes partidos continúo elucubrando ahora como soberanista dubitativo, no me cabe duda de que, aunque de primeras no sepa cual de los dos juegos va a ser jugado, creo estar seguro de que jugarán el de coordinación porque eso les permitirá dialogar y alcanzar (S, S) en donde el soberanismo esta satisfecho y la estrategia desesperada de los independentistas queda desactivada. Esto es lo que pasará, dice mi racionalidad; pero no antes de las elecciones porque hasta ese momento las declaraciones de “hago U ” serán tan clamorosas que estaremos como si estuviéramos en el juego del dilema del prisionero y, ante la ausencia de diálogo, el independentismo se reforzará.
Cojo mis bártulos, recojo mis artí­culos de pega y los meto en mi maleta de payaso mezclados con los disfraces que mi oficio exige, entre ellos el de soberanista dubitativo y como Hans Schier, me voy a llorar mis penas en solitario.

«Más de Vicente Urnieta» recibió 0 desde que se publicó el Domingo 4 de Febrero de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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