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Martínez-Lázaro no es Cukor, ni Wilder, ni Lubisch

Puede resultar injusto, pero cuando se habla de comedia lo que a uno le viene a la cabeza son piezas de Billy Wilder, Ernst Lubitsch o George Cukor, que apoyados en actores como Cary Grant, Jack Lemon o Jimmy Steward y en actrices como Katherin Hepburn, Shirley Mclain o Marilyn Monroe y, desde luego, en guiones muy trabajados y sumamente inteligentes conformaron un género al que hay que acercarse con valor y con respeto.

Vaya SemanitaPor fin he tenido ocasión de visionar el último film de Emilio Martínez-Lázaro, después de haber leído sobre su éxito comercial y de haber escuchado una infinidad de comentarios sobre los sketches y chistes que llenan esta obra titulada Ocho Apellidos Vascos. Para los que hemos seguido durante años Vaya Semanita y hemos disfrutado de la capacidad de ese programa realizado por vascos para hacer que éstos se rían de ellos mismos, las expectativas estaban muy altas. Pero el cine es un género con ciertas reglas a las que estamos acostumbrados, lo que hace difícil, aunque no imposible, el inicio de su revisión. Pues bien me parece que esta película ni sirve para suavizar la tensión vasca ni para reinventar el cine a partir de la televisión.

La tensión vasca, sea esto lo que sea en estos días, no se suaviza, ni lo contrario, mediante chistes simpáticos que, estereotipados, descubrí con sorpresa que eran muy estimados desde el primer momento que pisé Madrid («¿En qué se parecen un vasco intelectual y el pato Donald? En que los dos son entes de ficción»).

Por el otro lado, se dice que la creatividad en el uso artístico de la imagen no está hoy en el cine sino en las series de la televisión, americanas desde luego, como podrían ser The Wire, Breaking Bad, en otro registro, The Killing. Este argumento más o menos bien trouvé no aplica a Vaya Semanita, una simple muestra de sketches cortos emitidos durante diez años una vez a la semana y que resultaban graciosos para iniciados en el carácter y la entonación vascos y algunos de cuyos guionistas han colaborado en el guión de esta película con pretensiones de comedia, un género éste en el que el director Emilio Martínez Lázaro brilló en el pasado.

Puede resultar injusto, pero cuando se habla de comedia lo que a uno le viene a la cabeza son piezas de Billy Wilder, Ernst Lubitsch o George Cukor, que apoyados en actores como Cary Grant, Jack Lemon o Jimmy Steward y en actrices como Katherin Hepburn, Shirley Mclain o Marilyn Monroe y, desde luego, en guiones muy trabajados y sumamente inteligentes, conformaron un género al que hay que acercarse con valor y con respeto.

Un valor que no consigo detectar en algo que no pretende nada en ningún ámbito, ni político, ni desde luego, artístico, y en cuanto al respeto con el que ese algo se acerca a una parte muy específica de la temática vasca ni lo encuentro ni lo dejo de encontrar, pero al menos no me he sentido ofendido a pesar de lo estúpidamente txotxolos que aparecen los jóvenes de la Kale Borroka, una característica difícil de asociar con quienes la practican.

A esta pobre impresión ayuda sin duda el elenco seleccionado y el recuerdo de aquellos grandes actores y actrices ya mencionados y difíciles de olvidar. Las críticas que me han llegado salvan a Karra Elejalde, un arranzale creíble. Amaia (Clara Lago) no tiene nada de vasca aunque tenga el flequillo cortado con tijeras de podar y es demasiado menuda como para que nos creamos sus mandonerías. Él (Rafa o Antzon), encarnado por ese excelente monologuista llamado Dani Rovira, no da la figura del sevillano fino e inteligente. Y Carmen Machi, en el papel de Merche (o Anne)… ¿qué quieren que les diga? Pues que gracias a que no puedo evitar ver en ella a Aída llega casi a pasarme desapercibida la incongruencia de una persona que ha vivido cuarenta años en un puerto de Euskadi y parece no saber lo que significa la palabra arrantzale.

Pero este último es solo uno de los varios pequeños errores que nos llevan a echar en falta a los técnicos que evitan errores tales como que un romano lleve reloj de pulsera. Son fallos sin importancia pero que deslucen la comedia. Rafa despechado sube al autobús tratando de volver a Sevilla y lo hace sin billete. Koldo usa el móvil después de haberlo arrojado dentro de su bolsa de viaje al agua del puerto emocionado por su decisión de no zarpar y quedarse para asistir a la boda. Una boda en la que es una pena que no aparezca la amá de Amaia y ex de Koldo, pues su presencia acompañada de su novio sevillano, totalmente natural en la historia, podría haber dado el contrapunto del contraste entre lo vasco y lo andaluz.

Por lo demás, la iluminación está muy bien realizada y algunos paisajes bien elegidos y exquisitamente fotografiados son bonitos, aunque algunas escenas del puerto recuerden demasiado a la Asturias del Dr. Mateo y algunos caseríos de Leitza llenos de flores nos traigan a la memoria visual los patios de Córdoba.

Y, por cierto, solo me reí una vez, muy al principio, en el segundo chiste que cuenta Rafael, el del bilbaíno que no da importancia a haber ganado 100 millones a la lotería ya que esa era la cantidad que jugaba. Pura Vaya Semanita.

«Martínez-Lázaro no es Cukor, ni Wilder, ni Lubisch» recibió 3 desde que se publicó el martes 13 de mayo de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Al menos ese primer chiste tuvo gracia 🙂 va a la colección junto al del poker!

  2. Laura dice:

    Estaba esperando tu crítica Juan 😀 Yo la verdad es que lo que más me sorprendió fue que la gente iba totalmente predispuesta a reirse de cualquier cosa. Quizá era por el éxito de la peli y porque era “de reir”. La mujer que se me sentó al lado se pintó hasta los labios para ver la peli y luego sus risas no me dejabana escuchar!!

  3. Juan Urrutia dice:

    Bueno, por lo menos nos da para charlar.

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