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Maniobras marineras e innovación financiera

Son el instinto del patrón y la presteza disciplinada del proel las actitudes que convierten a una estrategia en ganadora. Dicho de otra manera, no hay reglas y es la sabiduría del regulador la que es imprescindible, junto con la disciplina de los regulados, para llevar al sistema a ganar la regata, es decir a conseguir una senda poco estable, llena de bordadas incomprensibles, pero que finalmente redunda en un mayor bienestar.

Con independencia de que el artículo que publiqué en Expansión el martes pasado aparecerá en la sección de este blog dedicada a colaboraciones en prensa para su fácil uso futuro, esta vez deseo que también aparezca como un post normal. Así que aquí va una especie de canto a la innovación financiera entendida como apuesta, un canto que igual parece una herejía.

MANIOBRAS MARINERAS E INNOVACIÓN FINANCIERA

El fin de curso fue estimulante. No solo tuve la ocasión de explayarme a gusto en El Escorial sobre la privatización de las cajas de ahorros, sino que, además, pocos días antes disfrutaba de la maravillosa vista de La Concha donostiarra aprovechando uno de los pocos descansos que nos permitieron los organizadores de otra escuela de verano esta vez sobre intrincados vericuetos intelectuales que poco tenían que ver con la crisis financiera y real excepto que su temática- la aparente ruptura de la racionalidad funcional en la observación experimental de las decisiones individuales- parece rendir tributo a la realidad observada que retaría así, con su mera presencia, la construcción intelectual propia de los economistas. Esta vista de la Concha me transportó a un muy lejano verano en el que, gracias un amigo, traté de aprender el gobierno de un velero aunque me temo que no pasé más allá de manejar el foque con soltura y de utilizar mi propio cuerpo como parte de la embarcación, esa parte que está diseñada para equilibrarlo en bordadas complicadas.

Fue como un fogonazo que pocos días más tarde se repitió ante la lectura de una columna en VOX sobre la posible ventaja, no de pinchar burbujas, sino de hincharlas (“Should we rush to further regulate financial institutions?” de Gillermo Calvo y Rudy Loo-Kung) . Se trata de un trabajo un tanto retórico que comieza con el poema de Tenyson de 1850: “`Tis better to have loved and lost, than never to have loved at all.”. Este poemita establece el tono del artículo:

” Apresurarse a imponer regulaciones más exigentes puede dañar la recuperación y el crecimiento. La evidencia empírica sostiene seriamente la opinión de que el crecimiento y desarrollo financiero van de la mano. Aunque es mucho más difícil establecer que el desarrollo financiero cause el crecimiento, pocos dudarían de que, al menos temporamente, la desregulación financiera podría promover un crecimiento mayor.” (traducción propia)

Lo que nos interesa precisar es si, en términos de bienestar, estas ideas podría defenderse como una forma de justificar el autocontrol ante el deseo compulsivo de afinar la regulación mostrando que, en algún caso no muy extraño, esa rigidez calvinista podría ser nociva. El caso que presentan es muy sencillo pero en mi opinión debería bastar para no lanzarnos por la pendiente bienintencionada de eliminar de una vez por todas las crisis financieras. Usando un modelo sencillísimo lo calibran de acuerdo con los datos medios de las crisis financieras de los países emergentes en los años 90. El razonamiento es fácil de explicar. A partir de un momento determinado se produce una innovación finaciera que hace crecer al sistema a una tasa más alta que la había seguido hasta entonces durante T periodos después de los cuales se produce una crisis financiera que hace descender el consumo durante unos cuantos períodos, los mismos que lleva volver a recuperar el consumo inicial para crecer, desde es momento, a una tasa un poco menor que la que habría seguido la economía si en el momento inicial no hubiera habido ninguna innovación financiera. Lo interesante del ejercicio es que el valor de T a partir del cual merece la pena crecer rápidamente con esa innovación que produce la descrita crisis simétrica, no es muy largo y está por debajo del tiempo que dura el proceso de crecimiento alto inducido por la desregulación en no pocos países de Latinoamérica.

Ni que decir tiene que el modelo es demasiado estilizado como para zanjar la cuestión: la utilidad no tiene porqué coincidir con el consumo, los efectos distribucionales pueden ser importantes y el ciclo puede no ser simétrico. Todas estas complicaciones debieran tenerse en cuenta; pero yo soy incapaz de ejercer mi ojo clínico para intuir las consecuencias de su introducción en el modelo. Solo soy capaz de describir la semejanza del comportamiento del sistema económico simplificado por Calvo y Loo-Kung en sus dos regímenes de funcionamiento con las maniobras marineras que aprendí en La Concha en mi juventud.

En una regata, hay un momento, ya sea a la salida ya en una ciaboga, en el que el patrón no tiene más remedio que decidir cómo quiere abordar el recorrido hasta la siguiente ciaboga. Una primera opción es ir zigzagueando con la proa haciendo un ángulo mínimo con la dirección del viento, es decir ciñendo con las velas bien tensas, los cuerpos de ambos tripulantes fuera del velero para balancear la embarcación y dando bordadas que exigen trasluchar cambiando la botabara de una amura a la otra y rebalaceando la embarcación. Esta es la opción arriesgada. La opción conservadora es plantear el recorrido como una navegación de través largando las velas para mejor aprovechamiento del viento y evitando así los riesgos de equivocarse y volcar asociados a la alternativa anterior. Naturalmente que la analogía que pretendo establecer toma esta segunda opción conservadora como la penalizadora de la innovación financiera y la primera como la alternativa arriesgada que permite la innovación aun a sabiendas de que la embarcación a bordo de la estamos todos puede zozobrar.

A partir de aquí la analogía ya no se sostiene del todo. En el modelo de los autores citados parece como si lo antiintuitivo pero inteligente es arriesgar, mientras que en la mar la decisión del patrón no puede hacerse de una vez por todas. Depende de muchos factores propiamente marineros y siempre distintos y cambiantes como el estado del mar de fondo o la fuerza del viento así como de su dirección exacta. Son el instinto del patrón y la presteza disciplinada del proel las actitudes que convierten a una estrategia en ganadora. Dicho de otra manera, no hay reglas y es la sabiduría del regulador la que es imprescindible, junto con la disciplina de los regulados, para llevar al sistema a ganar la regata, es decir a conseguir una senda poco estable, llena de bordadas incomprensibles, pero que finalmente redunda en un mayor bienestar.
Todo esto va más allá de un ejercicio de nostalgia marinera. Lo que está en juego es el grado de conservadurismo, una cuestión llena de paradojas. Son los “conservadores” los que están- o estaban- dispuestos a desregularizar y dejar que la experiencia empresarial privada jugara el papel de experimentado patrón que se la juega ciñendo. Son los “liberales” (en sentido americano) los que paradójicamente preferirían ahora navegar al largo de una manera plácida y sin arrostrar peligros que estiman innecesarios renunciando, de paso, a cambios distribucionales que hagan circular las élites. De momento parece que estos últimos tiene las de ganar a corto plazo; pero el espíritu aventurero o deportivo no se puede frenar y un día llegará en el que las ganas de aventura y el amor al riesgo nos hará volver a navegar corrigiendo la peligrosa inclinación de la embarcación con nuestro propio cuerpo. La innovación, financiera y de todo tipo está ahí y, parece una conclusión inexcusable, adoptarla o no es una cuestión de aversión al riesgo, es una apuesta. De ahí que, más que citar al gran Tennyson, habría que recordar la letra de aquella canción de Frankie Lane que alegraba los sosos guateques de las tardes de aquellas mañanas marineras: “you can gamble for matchsticks/ you can gamble for gold/ but if you haven´t gambled/ for love and lost/ then you haven´t gambled at all”.

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