Desde mi sillón

Un blog de «El Correo de las Indias»

Grupo de Cooperativas de las Indias

Lucerna

Pero también comprendía yo que lo que siguió al final de esos dos años al volver a nuestra ciudad y la separación que siguió a esos acontecimientos no era algo agradable de recordar y quizá era hasta algo peligroso pues yo no era ya aquel que un día desapareció después de, aparentemente, perder un avión que le conducía a un congreso de su especialidad.

lucernaPero esa invitación tendría que esperar. Se acercaba el final del curso y el comienzo de las vacaciones y es bien sabido que antes de que éstas lleguen todos queremos acabar con los muchos asuntos pendientes. Machalen sabía bien que si en esta su primera temporada no dejaba bien amarrado el programa de la siguiente, al menos en sus líneas generales, el comienzo de la próxima sería un infierno. Y esta programación no era era tarea fácil pues tenía que cerrar las fechas de los conciertos de su orquesta, la de Granada, y hacerlas compatibles con las de las orquestas invitadas y todo ello de tal manera que ella pudiera aceptar las invitaciones que ya había recibido y aquellas que deseaba fervientemente recibir para lo que haría lo humanamente posible.

Entre el fin de los exámenes y el comienzo de las vacaciones hubiera sido un buen momento para invitar a Ramón y Mercedes a cenar y yo, de hecho, tenía ya preparado mi discurso sobre mi C.V plástico subrayando las diferencias con el de Ramón; pero inesperadamente, Machalen tuvo que sustituir al director propio, ya anciano y desfallecido, de la orquesta estacional para dirigir nada menos que el primer concierto del festival de Lucerna que justamente por esa estacionalidad debía utilizar fechas raras a fin de entrar en sintonía con quien ese año debería dirigirla. Y eso exigía una estancia no muy larga pero de mucho trabajo en esa ciudad justo en las fechas adecuadas para los profesores universitarios cansados del curso y todavía libres de los congresos de verano.

Así que ofrecí, o más bien solicité, a Machalen el acompañarle a esa ciudad suiza por razones no muy santas: me gusta ese cantón, el hotel en el nos hospedaríamos a cargo del festival era excelente y su trabajo me dejaba tiempo para pensar en mis aventuras intelectuales y en mi C.V. plástico y, lo que era mucho más difícil, en su interpretación sonora para lo cual una o dos veces Machalen me permitía acudir a los ensayos, el lugar adecuado para pensar que, en este caso, el festival era un fruto del antinazismo y la orquesta un producto nunca del todo perfilado y siempre expuesto a experimentar aunque, eso sí, siempre sobre un mismo tema, ese que estaba siempre por debajo de mi trabajo académico: cómo dotar de identidad propia a mi obra a partir de numerosos intentos de entender la falta de homogeneidad del mundo. Machalen sonrió y aceptó sonriente mi tramposa propuesta y nos largamos a Lucerna justo cuando debía haber invitado a casa en Madrid a este nuevo amigo y a su mujer quien, me temía yo, no había recibido bien mi falta de correspondencia a pesar de mis elaboradas explicaciones. Ella se dedicaba a la banca y, por lo tanto, siempre veía por debajo de la etiqueta pública algún interés privado.

Machalen sabía que ella o yo aprovecharíamos la ocasión para sugerir una visita a Salzburgo, esa ciudad pueblerina que había visto nacer nuestro amor en su primera época a partir de la extrañeza de no conocernos a pesar de provenir de la misma ciudad. Fueron dos años maravillosos cada uno con lo suyo: ella con la música y yo con el comercio internacional…. y con ella.

Efectivamente nunca íbamos a estar tan cerca de esa ciudad sin estar en ella y bien podíamos ya intentar caer en la rememoración nostálgica desde los salones de aquel hotel al que nunca nos pudimos permitir entrar en aquellos año de juventud. Pero también comprendía yo que lo que siguió al final de esos dos años al volver a nuestra ciudad y la separación que siguió a esos acontecimientos con ella haciéndose cada vez más firme en su labor de dirección orquestal y yo abandonando el comercio internacional y cayendo en (o ascendiendo a) cotas de abstracción posiblemente excesivas para mi capacidad, no era algo agradable de recordar y quizá era hasta algo peligroso pues yo no era ya aquel que un día desapareció después de, aparentemente, perder un avión que le conducía a un congreso de su especialidad.

Así que Lucerna y solo Lucerna, sin más fantasías. Pero, eso sí, junto a ese cuerpo que aprendí a a conocer en ese otro sitio no lejano mientras ella me ayudaba con ese alemán mío que ha quedado un tanto herrumbroso y que podría bruñir en este cantón suizo al tiempo que pensaba en esa idea (la confederación y sus inesperadas ventajas económicas) que me corroe y que no sé cómo tratar a pesar de estar seguro de que es cierta y de la que nunca he hablado a Ramón pues no creo que la entienda. O, si la entendiera, haría lo posible por intentar destruirla con métodos poco nobles.

Sin embargo, esta estancia puso en juego mi versión del C.V. plástico. La idea de confederación me invitaba a renunciar a poner mis aportaciones académicas como un punto en el lienzo y luego unirlas formando una red sobre el lienzo limpio. Tendría que repensar esto y ensayar a pintar todo el lienzo en blanco (por ejemplo) y luego sustituir los puntitos por agujeros comunicados por caminos estrechos como cortes de navaja. Y a partir de ahí habría de encontrar el momento de, con la ayuda de Machalen, sustituir el fondo del cuadro que yo llamaría a lo Brahms por un fondo a lo Stockhausen.

Mi concepción de la vida iba cambiando continuamente y la forma de dotarle de sentido podría variar radicalmente. No pensaba yo que la vida sin aditamentos no es solo suave con arrebatos momentáneos, sino que más bien mi experiencia me decía que esa vida que suponemos subyacente es más bien un conjunto de acontecimientos separados y solo unidos por nuestro horror al vacío.

Pocos días y mucha tarea, así que mejor no perdía el tiempo elucubrando sobre tontos detalles de la vida misma y me concentraba en toda la problemática subyacente a la comprensión de mi curriculum convertido en arte plástico.

«Lucerna» recibió 1 desde que se publicó el Sábado 23 de Abril de 2016 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos nuestros blogs en la
página de registro de Matríz.

El Correo de las Indias es el agregador y plataforma de blogs de los socios del Grupo Cooperativo de las Indias y es mantenido y coordinado por los miembros de la comunidad igualitaria de las Indias