Desde mi sillón

Un blog de la Red de las Indias

Grupo de Cooperativas de las Indias

Lo hecho, hecho está

El Partido Popular, y en particular su Presidente J. M. Aznar, acusan al Partido Socialista Obrero Español, a Izquierda Unida y, en menor medida, a todos los otros partidos con representación parlamentaria, de utilización partidista del claro sesgo antibelicista que la opinión pública parece mostrar, según las encuestas o las manifestaciones callejeras, cuando deberían estar apoyando la defensa del vínculo transatlántico tan necesario para la seguridad exterior de los españoles incluídos los que se manifiestan de manera bronca.

Muy a menudo esta acusación se hace tal como acabo de expresarla sin mención alguna del origen específico del sesgo de la opinión pública. Naturalmente este origen se localiza en la invasión anglo-americana de Irak (con apoyo logístico-humanitario español) fundamentada en la resolución 1441 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas interpretada sin la ayuda preceptiva de una ulterior resolución de dicho Consejo de Seguridad. Pero ¿para qué haría falta recordar este origen de legalidad como mínimo dudosa, si lo hecho, hecho está? Por mucho que la opinión pública española exprese su descontento, más o menos apoyada por la oposición, la invasión no se va a parar y por lo tanto lo único racional sería apoyar cualquier iniciativa que pudiera sacar provecho general para España de la situación tal como está. Novecientos hombres embarcados en un barco-hospital y en otros navíos de apoyo pueden garantizarnos la futura y permanente defensa americana contra ataques imprevistos a nuestra seguridad por parte de fuerzas extranjeras hostiles.

El argumento del PP parece a ojos de un economista como impecable y a prueba de críticas. Se trata, en efecto, de comportarse de acuerdo con esa idea tan básica y querida para los economistas de que los costes hundidos no deben condicionar el comportamiento ulterior del agente económico de que se trate ya que, haga lo que haga, no puede recuperarlos. Una vez que pagas la entrada del cine es ridículo que no abandones la sala, si la película no te gusta, por el hecho de haber incurrido en un coste si éste es irrecuperable. Lo racional es largarte siempre que tengas algo mejor que hacer que sufrir atornillado a la butaca. A sensu contrario, si quien puede ha decidido apoyar la guerra y ésta, además de ser irreversible, va a traer beneficios tangibles no accesibles de otra manera, lo racional es que abandones el cine, es decir que apoyes lo que haya que hacer para asegurar la recepción de esos beneficios tangibles.

¿Cómo es posible que los economistas de los partidos de la oposición no expliquen este principio teórico-económico elemental a sus representantes parlamentarios y a sus bases presuntamente levantiscas? Muy en especial el PNV debería entender el principio ya que es el que por bajines trata de invocar ante el PSE (Partido Socialista de Euskadi) para conseguir que éste abandone ese acuerdo implícito con el PP frente al nacionalismo exclusivista que se deriva de una presunta traición, la de Lizarra, que en cualquier caso ya no tiene remedio. Y el PSOE, si tiene alguna memoria, debería también reconocer el trabajo de este principio en su ejercicio consciente por parte de Felipe González en sus relaciones con los Sindicatos. Les disciplinaba (correctamente a mi juicio) y luego les convencía de que con nadie iban a estar mejor que con él, como una mujer fatal que nos traiciona siempre y que siempre consigue que volvamos a caer en sus brazos.

¿Por qué entonces el PSOE y el PNV no aceptan la racionalidad del principio de que lo hecho hecho está y se dejan ya de zarandajas? ¿No sería lo correcto que apoyáramos todos al PP en este momento sombrío crucial? ¿No sería razonable que ante aventurerismos independentistas, el PSE se olvidara de Lizarra y volviera al redil del gobierno de coalición con el PNV? Y ¿no deberían los Sindicatos abandonarse en el dulce y viril pecho del PSOE? Mi repuesta como economista es afirmativa en los tres casos y predigo que es eso lo que acabará ocurriendo: el PP dividirá a la oposición ante cualquier prebenda futura, el PNV y el PSE acabarán volviendo a formar gobiernos de coalición en Euskadi y los Sindicatos se librarán del abrazo del oso de una derecha que retira el decreto de modificación del mercado de trabajo a pesar de su pertinencia. Pero como aquí no acaba la historia tengo que seguir elucubrando de acuerdo con mi presunta sabiduría profesional.

La racionalidad de abandonar la sala de cine a pesar de haber pagado la entrada (coste hundido) si la película me disgusta se pone en entredicho si mi disgusto proviene no de la mala calidad de la película sino de la incompetencia del proyeccionista. En este caso lo racional es romperle la cara o pedir la devolución del dinero o ambas cosas a la vez. En términos más académicos diríamos que, si bien es cierto que un coste hundido no puede ser tenido en cuenta a efectos de establecer el precio del producto, ya que éste será establecido por las condiciones competitivas del mercado, también es verdad que la rentabilidad de los accionistas depende de la magnitud del coste hundido y será tanto menor cuanto mayor sea éste. En consecuencia quien tomó la decisión de incurrir en el coste hundido o bien se las ingenia para aumentar sus ingresos (discriminando el producto o por cualquier otro medio) pudiendo así mantener la rentabilidad o será descabalgado del poder por los accionistas como incompetente. Esto es precisamente lo que observamos hace poco tiempo en Europa con los costes hundidos en los que incurrieron algunas empresas de telecomunicaciones en forma de puja en subastas diseñadas para hacerse con el espectro radioeléctrico adecuado para la tercera generación de teléfonos móviles. Muchos de los presidentes abandonaron y si no lo hicieron todos es porque el mercado y el capitalismo no son del todo perfectos.

Esta lección es fácil de aplicar a los tres ejemplos políticos que he mencionado antes como instancias en las que se pone en juego el principio de que lo hecho hecho está. Felipe González tuvo que dejarlo entre otras cosas porque incurrió en muchos costes hundidos que luego, a pesar de su habilidad y de la imperfección del mercado político, no pudo rentabilizar en buena parte porque los sindicatos le retiraron su confianza. Difícilmente aceptará el PSE volver a hacer negocios con el PNV mientras que quien generó el coste hundido (Arzallus digamos) siga en la Presidencia del partido. Y, finalmente, no deberíamos tener esperanzas de que el PSOE e I.U. vayan a olvidarse del coste irrecuperable en que España previsiblemente ha incurrido, en términos de posicionamiento europeo por ejemplo, hasta que Aznar abandone el puente de mando del PP.

La Economía es una forma de pensar muy útil pero hay que sabérsela bien. El principio de que lo hecho hecho está (o como dirían los americanos bygones are bygones) es de una profunda sabiduría; pero todavía tiene más enjundia el principio de que nada es gratis, que se paga por todo, incluída naturalmente la decisión errónea de incurrir en costes irrecuperables que luego no generan suficientes beneficios. Lo adecuado, sin embargo, es que no la paguemos los que la sufrimos sino quien la tomó. Pero la Economía no garantiza que lo adecuado ocurra. Esto depende en última instancia de los accionistas o de los ciudadanos.

«Lo hecho, hecho está» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 4 de Abril de 2003 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.