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Linealidad y secretos: Psicoanálisis

El fin de semana de mediados del mes de noviembre me acerqué a la Biácora de las Indias y me encontré con dos artículos que me hicieron pensar. El primero, firmado por Alberto Noguera, nos explicaba porqué escribir lineal y el segundo, debido a Iñigo Medina, hacía pensar a su Calvin, sobre el tiempo de los registros. Aún a riesgo de no hacer justicia ni a los argumentos del primero ni a la seriedad del segundo, voy a simplificar ambas piezas diciendo que, en la primera, Noguera defiende que la novela como género literario es algo lineal que no se beneficia en nada de la posibilidad técnica del hipertexto y que, en la segunda, Medina se pregunta si la traza que los registros digitales van dejando a nuestro paso nos conducen a la transparencia o a la prudencia.

Creo que la linealidad – o su contrario – y los secretos – o la transparencia – son dos nociones y dos prácticas que juegan en ámbitos muy diferentes y que este juego, en uno u otro ámbito, plantea problemas, genera ideas y suscita respuestas de sumo interés. En sucesivas entregas voy a tratar de ocuparme de esas nociones y de esas prácticas en campos diferentes.

Hoy trataré de explorar el papel que juegan en el análisis de la psique, un ámbito que ha sido fuente de metáforas indelebles en el relato de nosotros mismos. Más adelante y semana a semana, explicaré, no sé todavía en qué orden, que hay asuntos económicos y empresariales que hacen referencia a la posible no-linealidad de las relaciones y a la transparencia de los comportamientos con consecuencias digamos que inquietantes, que ambas nociones son muy útiles para caracterizar lo que hemos dado en denominar, para subrayar las tendencias culturales que observamos, como la modernidad y la posmodernidad, y que ambos nos facilitan además, la reflexión sobre nada menos que la escritura.

Refiriéndome al psicoanálisis comenzaré por decir que una sesión psicoanalítica puede verse como un viaje hipertextual en el que las neuronas, o las partes del cerebro donde reside la memoria, se van excitando de manera no lineal y poco estructurada. La finalidad de un procedimiento así no es el encantamiento, que quizá sí sea la finalidad de una novela, sino más bien el desnudamiento psíquico o el entrenamiento de malabarista que consigue mantenenr simultáneamente en el aire tantas pelotitas como ese entrenamiento haga posible.

No se trata de forzar el orden en donde no hay sino impredecibles procesos psíquicos; sino de aprender a manejarlos para poder vivir. La novela lineal tiene un principio y todo lo que comienza termina. En el psicoanálisis uno puede pensar que si encuentra el origen de un problema acabará con él; pero esta interpretación me parece pobre. Un psicoanálisis empieza y termina porque el tiempo es finito y hay entropía; pero a mi juicio lo que hay en el análisis de la psique es más bien la práctica metafórica de lo que no tiene ni origen ni fin, la experiencia del infinito juego de las reverberaciones del agua en un espejo.

Parecería que el psicoanálisis es una maquinaria (¿virtual?) de destapar los secretos; pero en mi humilde posición de observador interesado, se trata tanto de desnudar lo íntimo como de construirlo. No me parece pues posible aventurar una opinión sobre si los registros digitales que hoy conforman la totalidad de la memoria (cosa que no es del todo cierta) llevan a un mayor despojamiento de lo propio, de lo íntimo, o a la prudencia secretera. Yo diría que despojamiento y prudencia no son sino estrategias de un egon para poder seguir contemplándose a sí mismo. No sé lo que ese egon que acabo de inventar puede ser; pero lo que tengo en mente es ese gen egoista que nos utiliza como vehículos para perpetuarse. No me extrañaría que la estrategia del egon narcisista fuera la de contribuir a la proliferación incontrolada de secretos bajo la apariencia de la potenciación de la transparencia.

Si la novela es un producto de la burguesía decimonónica (y que me perdone Cervantes) también lo es el psicoanálisis, de forma que un sano materialista debería pensar que en esa novela, y a pesar de las apariencias, debería haber no-linealidad de algún grado, por pequeño que sea junto a un continuo juego de desvelamiento y ocultación. Quede esta sugerencia para los eruditos.

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