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Las antípodas

No hemos hecho ningún esfuerzo sistemático de establecer las preferencias y las estrategias disponibles para el Estado Central y la Autonomía de la que se trataba a fin de poder caracterizar una posible solución cooperativa, como, por ejemplo y en este contexto, el núcleo o conjunto de pares de estrategias, una para cada jugador, que no pueden mejorarse para ambos simultáneamente.

ediático del mismo que, aun llenando muchas páginas de prensa escrita u horas de medios audiovisuales, ha sido incapaz de acercarme a la esencia de lo que pasaba desde hace tiempo. Es como si Cataluña fuera lo que en mis tiempos jóvenes llamábamos las antípodas y de las que sabíamos, además de que estaban lo más lejos posible de donde uno estaba, que nada tenían que yo conociera hasta que apareció la ópera de Sidney, luego tantas veces imitada en su estilo y más recientemente se generalizó el gusto por los kiwis, ahora ya imprescindibles en mi desayuno diario ya sean verdes o amarillos.

Lo que quiero decir con esta introducción tan rara es que hay algunas cosas que ya no volverán a faltar en el próximo problema de autodeterminación. Entre esas cosas, o esos problemas relevantes cuya exposición he echado en falta, mencionaré los más obvios como son, entre otros, la posible necesidad de modificar la Constitución, la aplicación de ideas subyacentes a la teoría de juegos y el terror ante tribalismos que no sean el propio.

La imagen de que el Estado y la Autonomía estaban jugando a ese juego tantas veces reflejado en el cine, por ejemplo, en el que gana el que más cerca del precipicio frena se imponía a la mirada de todo el mundo, pero no me refiero a esa clase de juegos; sino a los juegos, estratégicos o cooperativos que, desde que aparecieron en los años cuarenta del pasado siglo de la mano de Von Neuman y Morgenstern han sido utilizado profusamente por los economistas y, en sus rasgos básicos, son ya parte del conocimiento necesario de todo economista (ver aquí).

No hemos hecho ningún esfuerzo sistemático de establecer las preferencias y las estrategias disponibles para el Estado Central y la Autonomía de la que se trataba a fin de poder caracterizar una posible solución cooperativa, como, por ejemplo y en este contexto, el núcleo o conjunto de pares de estrategias, una para cada jugador, que no pueden mejorarse para ambos simultáneamente.

La idea que se atribuye a Urcullu de liberar a los «Jordis» por un lado y convocar elecciones por el otro lado es un ejemplo de solución en el núcleo de este problema. No es cuestión aquí defenderla frente a la solución elegida por quien parecería que podía hacerlo: convocar elecciones a cambio de más «Jordis». Y, por otro lado no parece muy difícil pensar en las preferencias del Estado Central y de la Autonomía Catalana como para que en un juego no cooperativo entre ambos agentes surja la mala solución asociada al dilema del prisionero en el que pudiendo alcanzar la mejor solución para ambos jugadores acabamos en la peor debido básicamente a la falta de confianza en el otro por falta de conocimiento común.

Y es esa desconfianza mutua entre los jugadores la que hay que sobrepasar mediante la generación de conocimiento mutuo común según el cual yo sé que tu sabes que yo sé que….y bajo el cual ambos elegirán por su parte lo que en conjunto es lo mejor. Pero es aquí justamente donde los antinacionalistas sitúan la clave del problema, precisamente porque un conjunto de nacionalistas es como una tribu sin contacto alguno con miembro alguno de otro grupo nacionalista. Y así, en un mundo tribal, no puede surgir la confianza mutua.

Ni que decir tiene que, en mi opinión, hoy en día se dan todas las posibilidades de llegar al conocimiento común y, en consecuencia, a la posibilidad de alcanzar soluciones adecuadas. Y paro aquí para no entrar en la discusión sobre ese argumento centralista que nos dice que es precisamente ese tribalismo asociado a la proliferación de naciones lo que dificulta ese conocimiento común y hace poco creíble la idea de Confederación, forma de organización social esta última que, como los kiwis en mis tiempos, es hoy para muchos algo que está en territorio ignoto, en las Antípodas, pero que para mi, y para otros como yo, está conformada hoy aquí por la reforma de la Constitución.

«Las antípodas» recibió 0 desde que se publicó el sábado 28 de octubre de 2017 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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