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La unidad de España

El espectáculo de Pepe Rubianes, Todos somos Lorca, se retira de la programación del Teatro Español, propiedad del Ayuntamiento de Madrid. Soy incapaz de discernir si hay censura, poca firmeza ante presiones determinadas, cobardí­a por parte del director del teatro, Mario Gas, o todo ello a la vez. No me interesa mucho si alguien debiera dimitir, sea el citado Mario Gas, sea Alicia Moreno como concejala de cultura del Ayuntamiento de Madrid.

Lo que me interesa, aunque tampoco tanto, es el contraste entre dos formas de referirse a la unidad de Esaña. Es cierto que el inicio del problema proviene del uso por parte de Paco Rubianes hace meses de “expresiones escatológicas” para referirse a la unidad de España. Pero también es cierto que tampoco hace mucho los obispos se referí­an a esa unidad con “expresiones sagradas”. Mi relativo interés en este contraste proviene de mi caprichoso deseo de llegar a saber en dónde está ubicada esa noción de la unidad de este Estado, bien definido en el contexto de la comunidad internacional, en el que nací­ y vivo y que se llama España, a lo largo del segmento que une imaginariamente lo escatológico con lo sagrado.

Antes de entrar en las elucubraciones perezosas a las que el asunto me lleva, desearí­a dejar constancia de una asimetrí­a. Mientras por una razón o por otra las “expresiones escatológicas” de Rubianes tienen un coste par él y su negocio teatral ( quizá mitigado por la propaganda gratuita que ha “sufrido”), las “expresiones sagradas” no parece que cuesten nada a los obispos, a la emisoria de radio en la que éstos participan colectivamente o a los nostágicos de otros tiempos que las han utilizado a veces, creo.

Dicho lo cual, y para empezar a refexionar de manera caprichosa sobre el caso que nos ocupa, desearí­a ahora hacer jugar al concepto de naturalidad para tratar de ubicar la unidad de España un poco a la manera a la que lo harí­a el magní­fico Hume. ¿Cual de las dos maneras de referirse a ella es más natural? A mí­ me parece que la unidad de España deberí­a estar como hacia la mitad del segmento al que he referido. Ni es algo tan natural como la fisiologí­a ni algo tan sobrenatural como los arrebatos mí­sticos.

Ahora bien, de acuerdo con una utilización seria de este concepto de naturalidad todo lo que nuestros sentidos perciben que ocurre debe ser entendido como natural. Por lo tanto creo que, dado que las groserí­as de Rubianes y las melosas palabras curiales existen en una proporción sesgada hacia las segundas, hemos de aceptar que la unidad de España está más cerca de lo sagrado que de lo escatológico.

Así­ son las cosas. Pero siendo así­ no entiendo bien el argumento económico, esgrimido en el fragor de la batalla, de que no se puede, o no se debe, financiar con dinero público algo que ofende a muchos españoles que son sensibles a lo sagrado. El argumento es cabal siempre que el Ayuntamiento de Madrid, que es el que paga, forme parte de España y que ambos, el Ayuntamiento y España se integren en esa unidad más bien sagrada de la que hablamos. O sea, que ese argumento no vale porque presume lo que hay que demostrar: que España es una por razones sagradas.

Esto es cierto en pura lógica; pero no estaba yo tratando de hablar en ese tono. Lo siento. Solo pretendí­a pasearme cansinamente por la actualidad.

«La unidad de España» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 15 de Septiembre de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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