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La severidad de la FED

Tomese un tipo normal, incluso divertido, y hágasele Gobernador de un Banco Central. Cambia su semblante así­ como su manera de hablar en público y si era un explorador de ideas se convierte en un incubador de tópicos. No he conocido ninguno lo suficiente como para saber si en privado también cambia su personalidad; pero me temo lo peor.

Habrá que releer la ejemplar vida de Santo Tomás Moro, compañero de correrí­as del Rey y luego, convertido en cardenal de la Iglesia, implacable defensor del honor de Dios. Releerla para reflexionar sobre la dinámica de la conversión y contrastarla con la de la liberación.

La liberación de nuestro santo divertido podrí­a haber consistido en alternar con otras pandillas distintas o no tener que dejar para su majestad las mas exquisitas delicias en lugar de resignarse con segundos platos cuando no con rebañar la salsa de los ya degustados. Pero en lugar de hacer eso nuestro presunto héroe se enfeuda con un señor todaví­a más exigente que acaba transformando el placer en obligación.

Esa es exactamente la explicación de la cara de vinagre de los banqueros centrales. No les gusta lo que hacen ; pero creen que es bueno que el señor esté contento y les absuelva de cualquier signo de alegrí­a. Pero este nuevo dios al que sirven sin dudas es insaciable y severo. Nunca rí­e y exige cada vez sacrificios más desmesurados hasta quizá la vida de un hijo.

Nadie es efectivamente omnipotente si no es capaz de sacrificar a un hijo por una razón banal o arbitraria. Y eso es lo que persiguen los grupos terroristas, la obediencia alegre de las victimas. Ya lo vio Conrad. O Girard.

Allí­ donde el rey y su amigo podrí­an haber disfrutado del placer ligero de la libertad, se juega sin saber porqué la batalla del ser o no ser con la seriedad de un funeral. De un funeral anunciado de una victima elegida a propósito y con cuidado por el bien de los demás.

O, visto al revés, podrí­amos aprender algo sobre el poder, el divino entre otros, examinando el comportamiento de quienes mandan en el Federal Reserve System. Todos empañan la transparencia del lenguaje para entretener a los intérpretes; pero mientras Greespan nos guiñaba el ojo haciédonos creer que su severidad serí­a suavizada para evitar sufrimientos, el actual un economista conocido y frecuentado en los foros normalitos donde se reune esta pandilla, decide que nada de nada, que mientras haya algún atisbo de amenaza inflacionaria, el ajuste del crédito que ahoga a los tenedores de hipotecas y a sus bancos no es un problema serio del que haya que ocuparse todaví­a. Y así­ funda su reputación, hermosa palabra ya desprestigiada por el manoseo de la ciencia rutinaria.

Y mientras los dioses dirimen su supremací­a en el concurso de severidad, la gente veranea más corto, las infraestructuras se funden con el calor del verano y el cabreo general sube con independencia de los grados del termómetro.

«La severidad de la FED» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 8 de Agosto de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. […] Urrutia, que ya avisó y avanzó que los bancos centrales tendrían que inyectar liquidez y asumir la realidad dejando a un lado la mística de la severidad, nos recomienda un artículo del […]

  2. […] estas estampidas Mi tercer comentario barbaro es justamente que, en las circunstancias actuales y tal como decía el otro día, y parecen corroborar Buiter y Siebert, es mucho más fácil contolar la inflación que mantener la […]

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