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La sacralidad de los contratos

Recordemos lo que pasó con el dinero republicano después de la guerra civil española. Los que lo habían entregado a las fuerza vencedoras a cambio de un reconocicmiento de deuda todavía esgrimen ese reconocimiento pero no obtienen ningún dinero ni cualquier otra compensación. Simplemente, no se respetaron los contratos establecidos con los perdedores

Mis padres estuvieron más listos. Usaron el dinero republicano para comprar oro y joyas antes de la caida de Bilbao y enterraron esa riqueza, presuntamente segura, en una huerta de ese caserío que he recordado con mi hermana en Souvenirs d’enfance ( y que pueden ver aquí al lado). Después de le guerra lo desenterraron y pudieron volver a vender el oro a cambio de dinero nacional. La falta de confianza en el cumplimiento de los contratos les salvó de la ruina. Algo parádojico y terrible.

Pensé que esas cosas eran agua pasada especialmente en tiempos de paz y me congratulaba por ello pues los contratos deben ser sagrados. Porque de lo contrario podría ocurrir que, por inseguridad jurídica, todo el mundo empezara a enterrar oro comprado con la venta a precio descontado de algunos activos de precio incierto. El desorden sería terrible

Por eso me sorprenden noticias como la siguiente que reproduzco de El Pais digital

Nueve de los 10 ejecutivos de la aseguradora AIG que habían recibido los mayores sobresueldos han acordado devolver sus bonos, según ha comunicado el fiscal general de Nueva York, Andrew M. Cuomo, informa el diario estadounidense The New York Time

Y continúa la noticia y las declaraciones de Cuomo en un tono que me resulta repelente:

a devolución de los bonos afectará también a los ejecutivos de la filial de productos financieros de AIG: 15 de los 20 principales beneficiarios de primas devolverán las cantidades percibidas. Según Cuomo, el total de sobresueldos devueltos alcanzará los 50 millones de dólares (unos 36,8 millones de euros).

Y todavía más:

No obstante, el fiscal general de Nueva York espera recaudar una cantidad aún mayor: 80 millones de dólares (casi 59 millones de euros) en sobresueldos, lo que supondría casi la mitad de los 165 millones de dólares (unos 121 millones de euros) que AIG repartió en primas el 15 de marzo. “Esos bonos serán devueltos de forma íntegra”, ha dicho Andrew Cuomo en el transcurso de una rueda de prensa en la tarde del lunes (madrugada del martes en España).

“Han hecho lo que es correcto”, ha manifestado Cuomo en un comunicado de prensa en relación a aquellos que están devolviendo las cantidades. “Han hecho lo que este país necesita y exige en estos momentos”, ha agregado el fiscal y ha dado las gracias a esos ejecutivos su decisión de devolver las bonificaciones y por “dar un ejemplo al resto de la compañía”.

Pero no todos los beneficiarios de bonos están dispuestos a devolver el dinero, ha admitido Cuomo. Este es el caso de algunos ejecutivos extranjeros, que se hallan fuera de la jurisdicción del Estado de Nueva York.

El reparto de bonos entre los directivos de la compañía aseguradora AIG ha desatado desde su anuncio una ola de indignación en la sociedad norteamericana y ha provocado una guerra sin precedentes entre una empresa símbolo de Wall Street y el poder político en Washington, que se ha propuesto recuperar el dinero pagado como sobresueldos recuperado de cualquier forma. El presidente Obama llegó incluso a calificar como “ultrajante” el reparto de primas por parte de AIG, después de que la aserguradora tuviese que recibir dinero de los contribuyentes para no sucumbir a la crisis financiera.

Aquí aparece con toda claridad el Lynch que todavía subyace a la supergarantista República Federal de los EE.UU. de América. Pero parece que ya ha amainado el deseo de linchamiento a los ejecutivos de AIG que a pesar de la debacle dee sta comapñía de seguros que generó montones de CDS’s ( Credit Default Swaps) como instrumentos que aseguraban los riesgos en que se incurría por por poner en circulación CDO’s ( Colateralised Debt Obligations) y hizo ganar a dichos jecutivos cantidades no pequeñas de bonus de acuerdo con un contrrao firmado y se supone aceptado por los accionistas de dicha compañía y por el correspondiente Comité de Retribuciones del Consejo.

En un momento dado la administración Obama parecía que deseaba invalidarlos mediante una tasa impositiva ad-hoc mientras los prohibiría para el futuro y la Camara pasaba un proyecto de ley al respecto y se ponía a pensar, por encargo del Tesoro, en cómo sería posible evitar su cobro totalmente.

Pues bien si uno lee con cuidado e intención el anuncio de programa de salvación financiera anunciado por el mismísimo Obama apareen muchos detalles interesantes y que deberemos examinar en el futuro, para eliminar los activos tóxicos del balancede las instituciones financieras haciendso jugar a los inversores privados en lugar de recpaitalizar, aun más, los bancos. En lugar de aumentar el capital la propuesta es, en efecto, de eliminar la deuda en la que los bancos habían incurrido al finaciarse con la titulización de hipotecas que luego resulatron imposibles de cobrar.

Lo interesante hoy, o lo interesante para mí, es que parece que ya no hay intención de penalizar a los gestores que se hicieros acreedores a un bonus, sino que, al contrario, parece contarse con ellos para poner en práctica el nuevo esquema. Creo que con un nuevo contrato razonable con ellos estará todo el mundo satisfecho siempre que acepetemos que no se trata de unos bandidos que merezcan la aplicación de la ley del Talión.

Y aquí aparece la solución suiza, según noticia que me envía Teo:

Credit Suisse revealed today that senior staff at its investment bank received units worth a combined notional Sfr686m (€447m) that are tied to toxic assets originated within their division, as part of their annual bonuses under an innovative plan first announced by the Swiss group in December.

A mí me parece una idea genial teniendo en cuenta de que ellos son los verdaderos expertos. Una idea de la que podría aprender Geithner. Si los fondos previstos en su plan van a comprar activos tóxicos con dinero tanto público como privado más el aval del Estado, parece inteligente hacer que los antiguos ejecutivos colaboren tentándoles con un bonus pagadero en esos mismos activos tóxicos.

El inteligente diseño de incentivos reemplazaría al deseo primitivo de venganza y no se pondría en peligro la sacralidad de los contratos.

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

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«La sacralidad de los contratos» recibió 0 desde que se publicó el Martes 24 de Marzo de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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