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La reforma del Código Penal (III): Para Nada

El lenguaje es como el gen egoista, nos utiliza para perpetuarse enriqueciéndose a nuestra costa. Equipados con esta aseveración se entienden mejor las ideas de S. Pinker en The Lenguage Instinct y en el más reciente Blank Slate y, a partir de éstas, es fácil intuir que el lenguaje es algo natural que prolifera con generosidad empujado por una lógica de la sobreabundancia que nos escandaliza.

En efecto, muchos de mis amigos aborrecen la expresión para nada repetida hasta la saciedad en cualquier serie de televisión dedicada a los adolescentes. En mi época si decíamos no necesito un bastón para nada queríamos decir que ni íbamos a ir al monte ni nos dolía la rodilla ni teníamos intención de aporrear a nadie. Hoy dicen para nada tratando de indicar que su interlocutor va desencaminado (en absoluto o de ninguna manera diría yo).

Que los lingüistas se entretengan estudiando el estimulante espectáculo de las mutaciones continuadas del lenguaje para descifrar o usar literalmente las cuales hay que afinar el oído. Lo que como economista me interesa es por qué no cobra derechos de autor quien inventó la expresión. La pregunta es estúpida y la respuesta obvia: porque nadie la ha inventado, porque el para nada lo ha inventado el propio lenguaje y porque éste nos usa para propagarlo. Si no fuera por esta proliferación, el lenguaje sería pobrísimo y nuestro desarrollo intelectual, espiritual y material menos que escueto. Frenarlo, penalizando a quien utilice expresiones recién inventadas sería, además de estúpido, suicida.

Y sin embargo, algo análogo se intenta hacer, o reforzar, cuando se pretende modificar el código penal en materia de propiedad intelectual protegiendo especialmente las invenciones contra una reproducción que es tecnológicamente posible y barata. Pero la tecnología, especialmente en los primeros estadios de una invención, se parece al lenguaje, nos utiliza a nosotros para llegar a ser lo que potencialmente es. Tratar de frenar el tostado de CD’s o la utilización ulterior de noticias que ya están en la red es como perseguir penalmente al que ha pronunciado para nada sin pagar royalties. Es algo simplemente imposible precisamente porque la tecnología se nos impone y nos utiliza como lo hace el lenguaje. Es así mismo algo contraproducente a pesar de que alquien podría argüir que así nadie inventará nada, ni música, ni software, ni chips diminutos. Y lo es porque estas cosas se inventan a sí mismas debido a que, en muy buena medida, son como el lenguaje.

Si yo tuviera una discográfica o una agencia de noticias creo que estaría pensando en modificar mi modelo de negocio diga lo que diga el próximo código penal. En materia como ésta durará menos que los escasaos seis años que ha estado vigente el anterior.

«La reforma del Código Penal (III): Para Nada» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 28 de Febrero de 2003 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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