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La reforma del Código Penal (I): Sentido Común

No me interesa si la ofensiva legislativa contra la delincuencia que el gobierno está realizando es una mera estrategia electoral o si es una tapadera contra los fallos de gestión en la catástrofe del Prestige o contra los mediocres resultados económicos o si, en el mejor de los casos, es el cumplimieto tardío de algunas promesas electorales del pasado. Me interesan, entre todas las modificaciones del código penal de 1995 que se proponen, dos que me llaman la atención aunque no sean las más importantes y, más en general, la actitud del ministro de Justicia Michavila, y el propio Aznar que parecen querer convencernos de que las medidas que anuncian son de sentido común.

En una breve serie de tres artículos pretendo explorar superficialmente los extremos mencionados.

Sentido Común

El ministro de Justicia dijo hace unos días que la propuesta de que cuatro faltas constituyan un delito es de puro sentido común. No se entendería, según él, por qué habría de encarcelarse a quien roba tres millones de pesetas (¿por qué los ministros hablan de pesetas en lugar de referirse al euro?) y dejar tan pimpante al tironero que consiga la misma cantidad mediante ataques a seiscientos ciudadanos honrados. Es de sentido común aclaró.

Esto del sentido común empieza a ser digno de comentario. Hasta ahora la apelación al sentido común me sonaba más bien como el argumento vacío de quien estaba falto de ellos y siempre que observaba su uso retórico no podía dejar de recordar a una señora, conocida mía, que aseveraba que ella ve las cosas como son. Esto último es un caso serio de ignorancia epistémica; pero la continua apelación de los altos cargos del PP a esta especie de séptimo sentido que debe ser el llamado común es bastante más trascendente. A mi juicio refleja el desconocimiento del relativismo de las convenciones tal como ahora trataré de explicar.

En efecto, los seres humanos no podemos vivir en sociedad sin el respeto de ciertas convenciones que, convenientemente interiorizadas, nos proporcionan el tiempo suficiente para enfrentarnos con situaciones y decisiones no rutinarias de manera eficaz. Que las hayamos interiorizado hace que nos parezcan de sentido común. Que a menudo decidamos cuestiones no claras por analogía con las sujetas a convención y que incluso acertemos nos lleva a tener fe en el poder del sentido común. El poder de este pensamiento convencional es, sin embargo, muy limitado cuando, de una u otra manera, se pone en juego la funcionalidad de las convenciones vigentes. Estas llevan tiempo organizando nuestra convivencia y nos parecen de sentido común, porque se trata de un comportamiento individual que a cada uno le va bien si los demás también se comportan así. Pero en cuanto a un miembro cualquiera de la comunidad, o a un miembro recién incorporado, le vaya mejor cambiando de comportamiento se rompe el equilibrio y todo el mundo ajusta su manera de actuar hasta que se alcanza de nuevo un equilibrio.

En este nuevo equilibrio es posible que observemos el mismo comportamiento convencional que antes; pero también es posible que emerja una convención nueva. Si esto último ocurre el sentido común descarrila y hay que volverlo a poner sobre la vía sin poder presumir que funcione igual que antes.

Podríamos decir, en consecuencia, que hay una variedad de sentidos comunes definida por las diferentes convenciones interiorizadas por los miembros individuales de cada comunidad específica y que fisionar o fusionar comunidades puede originar cambios radicales en lo que se conoce como sentido común. Aplicar el sentido común, que como acabamos de ver es algo relativo, como si fuera un absoluto y aplicarlo a temas que navegaban bien en las aguas de antiguas convenciones, pero no sabemos cómo lo harán en las que puedan surgir, es algo, como mínimo, imprudente. La parsimonia recomendada por los juristas en materia de modificación de textos legales básicos se entiende muy bien ahora, porque para que un código sea eficaz debe estar basado en convenciones interiorizadas profundamente.

Apoyándome en esta idea muy general quisiera a continuación comentar dos modificaciones que se proponen sobre habitualidad y sobre propiedad intelectual respectivamente.

«La reforma del Código Penal (I): Sentido Común» recibió 1 desde que se publicó el Miércoles 26 de Febrero de 2003 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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