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La presentación del libro de Jesús Zamora

Ya les anuncié la presentación del libro de Jesús Zamora La Caverna de Platón y los Cuarenta Ladrones. Hoy cuelgo aquí una versión de mi presentación. Ni la más larga ni la más corta. Espero que sirva para animar a a los lectores a hacerse con el libro.

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Buenas tardes a todos.

Enhorabuena a la editorial LePourquoispas? por atreverse a publicar el descargo de conciencia de Jesús Zamora y a éste por su decisión quizá demasiado tardía, pero sin duda meritoria de confesar su suplantación de personalidad. Parece que publicó con su nombre y durante varios años algunos ensayos de corte filosófico escritos realmente por su alumno Silvestre Guzmán y que cuando esto fue ya imposible dejó de intentar publicar otros ensayos que ahora aparecen por primera vez en este volumen.

Es triste que el descargo de conciencia haya tenido que esperar la presunta desaparición física de Silvestre y de su novia, Violeta Cifuentes, pero al menos ahora tenemos la oportunidad de rendir un cierto homenaje a este filósofo, o a este par de filósofos heterodoxos, que muy lejos de la exigencia académica fueron capaces de no doblegarse ante ésta, dejar de practicar la actividad de reverenciar al maestro y desaparecer sin dejar demasiadas pistas para hacer lo que creyeron les pedía el cuerpo, fuera esto escribir lo que les pasaba por la cabeza o fuera luchar contra la “contra” sin por eso transformarse en guerrilleros, diga lo que diga Bonome otro personaje que, parece ser, yo debería conocer como colaborador asiduo de Anábasis una revista cultural que aunque lejos de mis preocupaciones intelectuales, frecuento con cierta asiduidad.
Quizá ustedes estén al cabo de la calle de estos nombres y de estos escritores de corte filosófico, pero yo, que provengo de un campo más parecido a la novela policíaca, no me siento cómodo diciendo lo que pienso pues no estoy seguro que mis críticas no deberían ser más despiadadas o más suaves dependiendo del verdadero autor de los textos. Y es que no me creo del todo la confesión de Jesús en el prólogo. Se trata de un recurso literario demasiado obvio; pero, aunque esa obviedad no es muy del estilo de Zamora, igual resulta que quiere despistarnos haciéndonos pensar que hace penitencia por su imperdonable robo intelectual cuando, en realidad, sospecho que alguno de los textos sí que son suyos.
Estamos pues ante una un jeroglífico o una charada, así que, antes de estudiar seriamente los textos que ahora se publican, acudí a mis amigos lingüistas computacionales y les pedí que pasaran todos estos textos por el filtro de sus algoritmos y que los compararan primero con otros de Zamora que, como quien dice, yo le he visto escribir en aquellos primeros intentos de su tesis doctoral, y luego con los de Bonome que saqué de la revista mencionada.
Sin embargo, los algoritmos de lingüística computacional no me han sido demasiado útiles en mis pesquisas. Parece claro que no todos los trabajos provienen de la misma “mano” así que intuyo que Zamora nos quiere engañar un poco esperando que, emocionados por su arrepentimiento, no investiguemos más.

Ni siquiera los dos primeros capítulos, pertenecientes a la primera parte, la dedicada específicamente a la filosofía, parecen haber sido escritos por la misma persona. El segundo no parece ser de Guzmán pues no se asemeja a otros trabajos de otras partes, especialmente la segunda sobre religión. Pero el primero, firmado por Bonome, no se parece a este segundo ni su estructura lingüística se asemeja a la que identifica a Zamora. Tendríamos por lo tanto que sospechar que este segundo capítulo ha sido escrito por un desconocido alquilado bien sea por Guzmán o por Zamora. Pero como este segundo capítulo de esta primera parte consiste en la presentación del segundo libro de Guzmán y está escrito en primera persona debemos suponer que Onésimo Bonome, el autor de la crítica devastadora de la primera obra de Guzmán (La Caverna de Platón y los Cuarenta Ladrones) y personaje también en este segundo capítulo es un desconocido tanto de Zamora como de Guzmán. Nuestra búsqueda ha de ampliarse incluyendo ahora también a la identificación de ese escritor atrabiliario que se hace llamar Bonome.

Pero empecemos por el principio. A los que nos cansa leer nos gusta enterarnos del contenido de los libros bien a través de un buen relator, bien mediante un análisis minucioso de los títulos o de las contraportadas o de las solapas.
E incluso a veces merece la pena ojear un prólogo siempre que sea breve, tal como es el caso esta vez, pues puede ser una buen sustito de la lectura del libro. En este punto me tengo que poner serio y afirmar que el socorrido recurso literario en él contenido, y al que ya me referido, de atribuir a otro los escritos contenidos en el libro, está aquí mal empleado pues no nos lo creemos y porque sospecho es un intento pobre de ocultar una cierta aventura con una tal Violeta Cifuentes (presunta novia de Silvestre Guzmán aparentemente coautor del libro) en un juego de velos que merece ser desvelado. Tampoco tiene porqué ser cierto que Guzmán sea un heterónimo de Zamora quien querría con este recurso insinuar su faceta juguetona atribuyéndosela con falsedad evidente a un estudiante convertido en filósofo juguetón.
La reflexión sobre el título de este libro nos llevaría muy lejos paro alargaría excesivamente esta presentación, así que paso al análisis de la contraportada. Agradezco, en efecto, a la editorial lepourquoispas? que haya producido una contraportada elocuente que me ahorra muchas páginas de lectura. Me refiero a que todos los temas esbozados acaban en un atolladero. Por otro lado esta contraportada nos enfrenta visualmente con Platón , Aristóteles (o, por el corte de pelo, quizá el estoico Séneca) y Jesús Zamora. Pero ¿en dónde está Silvestre Guzmán? El es quizás ese presunto Séneca quien para ser tan estoico debía tener el sentido del humor juguetón que la solapa atribuye a Guzmán. Que nadie piense que éste aparente coautor es un personaje de ficción que Jesús utiliza como una licencia literaria. No se lo crean, que Jesús es muy largo. Seguro que existió y que Jesús le debe algo. Por ejemplo poner de chupa de dómine a Onésimo Bonome, un magnífico pensador de origen navarro, lo que, de ser cierto, serviría para confirmarnos en nuestra sospecha de que Guzmán existe y, así como Zamora, tampoco traga a este respetable pensador.

Pasemos ahora por las diferentes partes de este libro/charada. Primero la Filosofía. Me he saltado en aras de la brevedad el análisis del título y, por lo tanto, mi alabanza del mito de la caverna como una de as metáforas más elocuentes del pensamiento occidental. Pero tampoco está mal lo del buque Otto Neurath. Este filósofo vienés que empieza a salir de la cueva es autor de la otra metáfora candidata al óscar: la del navío cuyos marineros lo van reparando mientras navega. Nos evoca también el buque fantasma del holandés errante quien no puede tomar tierra, desembarcar, mientras no encuentre el amor. Ya no es cuestión de saber simplemente, sino de saber en qué nos podemos apoyar para que sirva de palanca a nuestros intentos de modificar ese mundo que creemos conocer si bien no a través de nuestros sentidos. En este punto solo me queda subrayar el buen estilo literario de Guzmán ( que contrasta con el no tan elaborado de los sonetos finales) y, ¿cómo no?, que nos haya dejado al borde del problema de la Leibziana multiplicidad de universos, un tema que tenía que haber retenido la atención de Zamora ( y no solo una breve alusión) pues como economista es consciente de que la explicación del mundo que pretende la economía solo puede conseguirse si este universo es uno entre muchos aunque el único que representa el punto fijo de la aplicación matemática del conjunto de universos en sí mismo. No es pues esta parte sobre filosofía obra de Zamora.

Pero no ocurre lo mismo con todas las partes. Pensemos ahora en la segunda dedicada a la religión. Aparte de algunas historietas realmente jocosas y bien escritas, el trasfondo revela la seriedad de Zamora quien además no es la primera vez que toca un tema que se me antoja muy suyo: agnosticismo vs. ateísmo. Llama la atención su crítica a Hans Küng , justo el teólogo al que los ateos más admiramos quizá porque se enfrenta al Ratzinger Papa después de haber sido amigos intelectuales. Lo que le achaca Silvestre no es, como esperaríamos, su falta de cientifismo, sino justamente su manera disfrazada de hacer ciencia mediante el uso torticero de la “inferencia a la explicación más simple”. Silvestre no critica esto en la ciencia, pero niega la pertenencia de Küng al selecto club de los científicos porque la explicación que él ofrece, la existencia de Dios, no es algo sencillo. Pero, me pregunto yo, ¿por qué esa “inferencia a lo simple” parece “legal”? Yo no lo veo y creo que, de hecho, puede ser muy nociva como la ha sido en Economía al tratar de calibrar modelos macroeconómicos que acepten los microfundamentos tradicionales simplemente por esta aceptación. Esta actitud me suena a Zamora y me hace sospechar de la autoría de Silvestre Guzmán.
Debería yo ahora prestar atención seria a lo que el autor, sea quien sea, tiene que decir sobre racionalidad y sobre economía amén de sobre el funcionamiento social de la ciencia pues sobre ciencia como tal tiene extrañamente poco que decir( aunque la palabra ciencia es la más frecuentemente empleada, 180 veces) más allá de comentarios sueltos que ciertamente revelan la capacidad de lectura del autor. Esto es bien cierto de Zamora, pero eso no quiere decir que, a pesar de lo que nos diga en el prólogo, él es el autor.
Sobre el funcionamiento social de la ciencia no quiero demorarme pues conozco las elucubraciones de Zamora al respecto tan bien como seguramente las conocen ustedes. Solo querría añadir una pieza más a una conversación que no ha cesado a lo largo de los últimos años. Ya es hora de que Zamora o Guzmán se centren un poco en esa figura del gentleman (Yo mismo quizá), que decide lo que se tomará como cierto de ahora en adelante, y la utilicen para criticar los excesos de las revisiones por pares, excesos que, como el amor al dinero de los científicos, sean hombres o mujeres, se deben a traumas infantiles propios del que está siempre cerca del poder, pero no puede casarse con la hija, o el hijo, del amo. Zamora ciertamente y Guzmán muy probablemente conocen bien los trabajos de Davis y de ellos a mi afirmación que acabo de hacer no hay sino la voluntad de querer ver.
A la economía le dedica Silvestre bastante atención utilizándola además como herramienta para reflexionar sobre racionalidad. Hay sin embargo dos temas a los que querría prestar cierta atención expresa debido naturalmente a mi especialidad intelectual.
El primer tema que me interesa es el de individualismo vs. holismo. Para atacar este problema procedería yo, si dispusiera de tiempo y de una pizarra, en dos pasos. Me detendría primero brevemente en la paradoja discursiva en la que el texto presenta un error evidente, prueba irrefutable, en principio, de que Jesús no ha mirado con cuidado las pruebas de imprenta, quizá como venganza contra el Guzmán ese cuya verdadera personalidad nos es desconocida. Digo que eso sería una prueba irrefutable solo en principio pues Jesús quizá quiera borrar las huellas de su aventura con una menor, Violeta, haciéndonos creer que algo tiene contra Silvestre cuando en realidad es éste el que buscaba venganza contra Jesús por lo de Violeta y por la presunta usurpación por la que Zamora parece llorar aunque quizá sus lágrimas son solo de cocodrilo.
En cualquier caso a la vista de ese examen posible del dilema o la paradoja del discurso y después de considerar un cierto problema de neuroeconomía, que tampoco tiempo de examinar pero que Jesús conoce bien, pienso que el liberalismo y la teoría económica van a tener que replantearse su individualismo en la medida en que hay ya ciertas ideas en el aire que permiten pensar que el agente individual no es necesariamente la partícula elemental más apropiada para el análisis de las relaciones humanas.
Para no aburrirles y siguiendo mi pesquisa identificadora de identidades, puedo partir de esta deconstrucción en dos pasos del individualismo para terminar hablando de racionalidad y el Homo Oekonomicus, otro de los temas tratado en una parte, la tercera, específicamente dedicada a ella. En el segundo diálogo, no aquel en que Mosterín viaja en el tiempo hacia atrás, sino el siguiente, queda muy claro que la racionalidad que el autor asigna al Homo Oekonomicus ha quedado obsoleta como definitoria de ésta pues la racionalidad funcional ya no es la única que se predica del agente individual, sino que ya caben otras formas de racionalidad más a tono con la evolución de la propia teoría y el destino del individualismo: cabe la racionalidad comunicativa que pretende entrar en diálogo con los otros para hacerse entender y cabe la racionalidad identificativa que se usa para dar a entender tu pertenencia un cierto grupo. Esto lo sabe muy bien Jesús (pues me consta que ha leído bien mi Capitalismo que Viene) lo que me hace pensar que no ha sido él el que ha redactado ese segundo capítulo de la tercera parte.

En resumidas cuentas, creo poder decir que el examen intencionado de algunos temas tocados en este libro nos ha llevado a un callejón sin salida, un fin de trayecto muy filosófico. Pero quizá ustedes puedan seguir la investigación policial o quieran acompañarme a mí en la continuación de la que acabo de comenzar. Si este juego les atrae no lo duden háganse con el libro cuanto antes incluso de manera ilegal si fuera menester o incluso si no lo fuera pues, como podrán observar, el copyright pertenece a Zamora Bonilla solamente. ¿Es que Silvestre y Violeta no tuvieron descendencia? Para que no abandonen la investigación que les he propuesto les haré una confesión final que les facilitará la tarea: el atrabiliario Omero Bonome es, ….., soy yo.

Muchas gracias por su atención.

«La presentación del libro de Jesús Zamora» recibió 0 desde que se publicó el jueves 15 de diciembre de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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