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La política interior también cuenta

Es cierto que, cuando las autonomías parecen estar en el ojo de los inversores, la política interior cuenta.

BibaoQue se ha acabado la transición parece obvio. Este hecho, simbolizado por la muerte de Gregorio Peces-Barba, no debe parecernos extraordinario dadas las circunstancias económicas que está viviendo España como resultado de la crisis financiera primero y luego por la crisis de la deuda en la eurozona. A finales de los años 70 había algo que repartirse y así las diferencias son más fáciles de zanjar. Hoy solo podemos repartirnos la miseria y, por lo tanto, es de imaginar que volverán a enconarse muchos asuntos sin cerrar. Ahí, por ejemplo, está el problema catalán que, de momento, está estancado en la financiación y en la posible necesidad de apelar al Estado para hacerse con alguna liquidez adicional sin condicionantes políticos. Ahí están también otras muchas comunidades autónomas con idénticos problemas de liquidez y ahí sigue el horror del paro y la necesidad de volver a emigrar aunque esta vez es como si no fuéramos con la maleta de cartón sino que fuéramos a regalar a los países centrales de Europa la potencia del capital humano que hemos creado durante años. De nada de esto se puede prescindir cuando hablamos de salir de la crisis pues, si bien una cierta unidad es políticamente necesaria, ésta depende de esas materias así como de otras como la nueva ley del aborto o el maltrato a la cultura y la imposibilidad de eliminar la costumbre de practicar los chanchullos que van floreciendo en medio de subsidios y subvenciones que propician la emergencia de rentas.

Y para acabar de poner las cosas difíciles el llamado por la izquierda abertzale «conflicto vasco» no acaba de cerrarse o de encontrar el camino de apaciguarse políticamente. Repasemos. La doctrina Parot se pone en entredicho desde Luxemburgo, la presunta falta de reconocimiento de la intelectualidad comprometida con la derrota de ETA se critica por Nicolás Redondo Terreros y la posibilidad de que los expulsados por las amenazas de ETA puedan votar en Euskadi cualquiera que sea su lugar de residencia parece ser tomada en serio por el ministro del Interior. Todas estas cuestiones están sin duda relacionadas con la problemática de cómo elegir un camino para suavizar las tensiones entre la víctimas del terrorismo y el nada homogéneo grupo de «todos los demás». Creo que todos debemos contribuir al apaciguamiento expresando nuestras ideas al respecto, por poco informadas que éstas sean. No pretendo por lo tanto acercarme a la comparación entre víctimas ni opinar sobre problemas de derecho penal relativos a la calificación de los motivos de unos u otros verdugos como agravantes o atenuantes. Me sobrepasa, pero sí quiero decir algo en voz alta.

La clave del asunto parecería estar en la distinción entre los héroes de la resistencia y los exiliados por un lado y los demás por otro. Yo pertenezco a este otro grupo pues no he pertenecido a ningún grupo organizado para la denuncia activa de los crímenes aunque, como casi todos mis amigos, no he dejado de participar en manifestaciones de repulsa desde el asesinato del ingeniero Ryan y la cal viva de Lasa y Zabala hasta la ejecución del profesor y magistrado Tomás y Valiente que introdujo el horror en la Universidad. Y tampoco fui a Madrid huyendo de amenazas aunque lloré el día que la Ertzantza me dijo que, por una temporadita, no fuera a mi casa de Las Arenas cuando tuviera que pasar la noche en Bilbao y me preocupé un pelín cuando la Guardia Civil me dijo que mejor hiciera mi camino diario al trabajo de una manera aleatoria. Sigo votando en Euzkadi donde se genera la mayor parte de mis rentas, voto allí y rara vez por correo. Desde esta posición cómoda y quizá sesgada me atrevo a opinar muy brevemente.

  1. Los verdaderos héroes que merecen nuestro reconocimiento son los que durante años mantuvieron a Euskadi viva con su labor diaria más menos callada pero siempre eficaz. Desde jueces a médicos o notarios pasando por profesores o gestores de la cosa pública. No hace falta homenajearles cumplieron con su deber.
  2. Para distinguir los intelectuales comprometidos en defensa de la libertad y contra la violencia así como a los amenazados y extorsionados que tuvieron que marcharse como medida de precaución que se debían a sí mismos y a sus familias, es necesario empezar a echar cuentas. Algunos de los últimos se ampararon en esta real amenaza para medrar o para que les «medraran» lo mismo que algunos de los intelectuales cuya situación injustamente precaria y difícil de resistir fue aliviada holgadamente por las correspondientes autoridades.
  3. Para votar hoy en Euskadi no hay más que empadronarse y creo que esto no exige pagar tus impuestos allí.
  4. Comparar a estos exiliados o expulsados con los emigrantes que se fueron a hacer las Américas desde hace más de un siglo o asimilarlos a los exiliados por la guerra civil o por el hambre no me parece adecuado pues estos forman parte de una diáspora mucho más numerosa que esta nueva de los últimos 40 años. Si se aduce el ejemplo de aquella emigración o diáspora en favor de la iniciativa del Ministerio del Interior, entonces es como si se estuviera legitimando la llamada a la independencia de ciertas nacionalidades como les llama la constitución.

Y dicho todo esto ¿cómo pensamos que influyen estos conflictitos internos en el futuro del euro y en nuestra situación económica? Me parece que en casi nada a no ser, como ya he dicho más arriba, que esto exija una división del trabajo de los ministros que revelaría qué es o qué no es importante según el gobierno. Fuera de esto es cierto que, cuando las autonomías parecen estar en el ojo de los inversores, la política interior cuenta.

«La política interior también cuenta» recibió 0 desde que se publicó el sábado 28 de julio de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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