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La piedra Rosetta de la Economía

En el último artículo para Expansión comentaba el primer martes de este mes de septiembre que la crisis no solo ha puesto en dificultades al funcionamiento de las economías más sólidas sino que también ha puesto en evidencia los desarrollos más inteligentes y bellos de lo que llamábamos – hasta ahora -ciencia económica. Entre estos mecionaba los modelos de la economía financiera que se basan en la la Hipotesis de los Mercados Eficientes y los modelos dinámicos estocásticos de equilibrio general competitivo basados en la Hiopótesis de las Expectaivas Racionales.Terminaba mi comentario solicitando que volviéramos al estudio de la Metodología (o Filososfía Económica) puesto que lo que está en juego es la verdad. Hoy creo que tengo una forma distinta de explicar esta solicitud, et vez basada en la apasionante historia de Rosetta Stone.

Esta estela trilingüe hizo posible el comienzo de la descodificación de los jeroglíficos egipcios a partir de la comprensión de esa escritura mediante el cotejo de lo que decía la piedra Rosetta tanto en griego como en copto sabiendo ( y este conocimiento cierto es crucial) que éstos textos decían lo mismo que lo que estaba escrito en griego, idioma que podíamos leer.

Si supiéramos descifrar la piedra Rosetta de la Economía sabríamos en qué medida todos los desarrollos recientes son pura invención poética o constituyen una buena traducción de lo que sabemos o creemos que sabemos “leer”.

La crisis nos ha hecho dudar sobre cuestiones y modelos muy variados, recientes y aparentemente brillantes que nos acercaban a la ingeniería económica y/o financiera. Me refiero a problemas de implementación, de mecanismos, de incentivos, de asimetría de la información, de derechos de propiedad y su relación con la apropiación total del producto social, así como de todo lo que esto implica en téminos de apropiacion del total de las rentas permanentes (como la de la tierra digamos) y la eliminación total de rentas temporales (es decir las cuasirentas marshallianas).

La cuestión es si todos esos desarrollos mencionados son una “traducción” correcta de los textos que creemos entender. Necesitamos saber si sabemos traducirlos y si el original escribe la verdad y ésta ha sido realmente comprendida. Dos aspectos obviamente relacionados.

El original al que me refiero es el modelo de equilibrio general competitivo que constituye, sin duda, el texto de la piedra Rosetta que creemos entender mejor aunque parecería como si ya no formara parte del quehacer diario de los economistas teóricos quienes creen haber entendido sus más recónditas implicaciones y, por lo tanto, continúan utilizándolo como garante de la comprensión de la “traducción” de cualquier otra inscripción.

Si este programa de trabajo llegara a su culminación podríamos decir que hemos alcanzado la verdad en sentido de coherencia entre proposiciones consideradas como verdaderas. Habríamos conseguido una especie de unficación , algo tan perseguido, por ejemplo, en la físisca teórica. Pero, a diferencia de lo que ocurre en ésta, no habríamos avanzado demasiado en la persecución de la verdad como correspondencia con el “estado de las cosas”, justamente porque no sabemos como son esas “cosas”. No sabemos si lo que entendemos de la piedra Rosetta es verdad o solo un bello cuento que ha ganado suficiente reputación.

En otras palabras, en Economía no podemos estar seguros de que la culminación de un edificio conceptual bello, consistente y fértil sea una garantía para el buen hacer de la ingeniería económica. En mi opinión ni siquiera debiéramos aferrarnos a ese edificio como garantía de conocimiento o como garantía de la calidad de la senda investigadora.

Un ejemplo de lo que digo y, más específicamente, de los consecuentes fallos que podemos cometer en política económica (nuestra ingeniería) está justamente en el gran edificio de la economía financiera en el que parecería que teníamos una base firme para entender cómo se forman los precios de los activos y cómo la agregación de la información codificada en esos precios es la correcta de manera que no hay necesidad de buscar más información. Y sin embargo, como decía Krugman hace unos días, los economistas de finanzas no se preguntaban si los precios observados eran los correctos dados los “fundamentales” de la economía, sino que “they asked only whether asset prices made sense given other asset prices”

Es esta verdadera burbuja especulatica ( en un sentido de no peor pedigrí que el que ostenta el uso principal de esa expresión) la que mo me permite ser un verdadetro “creyente”. Nunca dejaré de tener la sensación de que en Economía no hay manera de saber con seguridad algo sobre la verdad de lo que hablamos de la misma forma de que no hay seguridad de que un puzzle tenga solo una única solución.

«La piedra Rosetta de la Economía» recibió 0 desde que se publicó el Martes 8 de Septiembre de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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