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La Pasion de Juana de Arco

La primera vez fue en Edimburgo hace ya casi veinte años, la segunda vez en Torroella el verano pasado y la tercera vez ayer mismo en ese magnífico festival de música.
Como con el Napoleón de Abel Gance en el fesival de la ciudad escocesa, como con El Acorazado Potmkin de Einsestein en la Plaza de Torroella, la de ayer en la Iglesia de San Genis con La Pasión de Santa Juana de Arco de Dreyer, la experiencia de ver una gran película muda que tenía que ser expresionista para subrayar el sentido acompañada ahora de una adaptación fiel de una música apropiada, es bastante fuerte. La de ayer resultó casi reveladora.

Ya hablé en su día sobre los comentarios de Stan Brackage cuando nos la presentó incidiendo en el blanco y negro especial, en los juegos de sombras y en el dolor de la Falconetti que acabó con su salud mental: Dreyer le volvió loca.

Pero ayer ví también otras cosas. No me refiero al anacronismo bien conocido del monje con gafas de carey a principios del siglo XV pues resulta casi un alivio inesperado de la tensión cinematográfica, ni a la presencia de Antonin Artaud enel elenco . Me refiero a las relaciones de poder que la cámara subraya y que cada espectador interpreta a su manera. No sé lo que pensarían Rafael Argullol y Félix de Azúa, ambos presentes en la velada, pero las tres personas que volvíamos a Foixà hacia la medianoche, y con las ventanas del coche abiertas para refrescarnos las ideas, teníamos referentes diferentes aunque todos relacionados con la libertad personal y la autoridad.

Para una de esas personas los jueces y obispos que interrogan y torturan a la doncella de Orleans eran como los grandes capos académicos que te suspenden a no ser que recites su manual. Para otra las Jornadas Mundiales de la Juventud que se organizan en Madrid esta semana muestran que la iglesia no ha cambiado mucho y que el pueblo llano tendría que rechazar el autoritarismo de la Iglesia.

¿Y yo? No sé porqué yo pensaba en Bildu y la exigencia de que urjan a ETA para que deje las armas aunque ya hayan dicho que ellos no juegan a eso. No me cabe duda de que muchos de los posibles militantes de Sortu, ahora en cargos electos, estarán deeando hacerlo para conseguir una vida algo más apacible. Como Jeanne pueden caer en la tentación de cumplir esa exsigencia aconsejados por todos esos voluntarios disfrazados de buenas personas que pretenden que la astucia puede más que la fuerza.

La pregunta que ayer por la noche bajo una llena es que pasará si caen en esa tentación y si, como la jóven santa, se echarán para atrás aun cuando les espere la hoguera si rehusan firmar que estuvieron equivocados. Serán iluminados o héroes depeniendo del grado de autoritarismo del Estado.

¿Solo de eso? Pues no, pues el Estado lo mismo que la iglesia, en aquella época al menos, juzga y exige el sometimienro a su autoridad por cuenta de otros poderes terrenales que se disputan poder y riqueza.

¿Quienes son hoy esos poderes terrenales que usan a los bienpensantes para su propia estrategia de poder?

«La Pasion de Juana de Arco» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 17 de Agosto de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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