Desde mi sillón

Un blog de «El Correo de las Indias»

Grupo de Cooperativas de las Indias

La lengua en pedazos

La problemática del lenguaje está presente en el mismo título, La Lengua en Pedazos, que en algún momento sugiere la obligación injusta de morderse la lengua ante la injusticia o la falta de libertad para seguir tu camino.

La lengua en pedazosHace unos días asistí a la representación de La Lengua en Pedazos la última pieza de Juan Mayorga puesta en escena y dirigida por este mismo joven autor, inteligente y brillante, dos cualidades que no siempre van juntas, y que simultáneamente tiene otra pieza- El Crítico– en la escena madrileña. La Lengua en Pedazos es una recreación y dramatización de El Libro de La Vida de Teresa de Jesús que exhibe un lenguaje bellísimo y fiel, en el buen sentido de esta palabra, al castellano en el que está escrito el original por la mano de esta mujer de acción y mística. La pieza se pone en escena en la sala dos del Teatro Fernán Gómez, un espacio reducido que te proporciona una experiencia diferente a la de una escena distanciada y que te permite concentrarte en el texto y en la actuación de una manera casi reverencial.

El texto de la pieza de Mayorga recrea de una u otra manera la vida de la santa desde su infancia hasta su primera fundación en Avila cuando escapa del convento de unas carmelitas bien calzadas, vestidas, cuidadas y con libertad de movimientos y funda el convento de las descalzas, pobres y realmente encerradas. De este paso del Convento de la Encarnación al de San José es de lo que es examinada por el Inquisidor durante 80 minutos de teatro puro en el que el pretexto histórico no evita la recuperación casi imperceptible de temas de relevancia para hoy, temas que surgen de un examen inquisitorial cada vez más y más comprensivo.

Por este último detalle el expectador es llamado a preguntarse sobre el mismo proceso inquisitorial que, aun siendo hoy inaceptable, parece poseer ribetes humanos y flancos débiles que podrían incluso llevar a la “conversión” del agente defensor de la fe o más bien de la ortodoxia oficial, esa que hace falta para sostener una Iglesia. Curiosamente ese diálogo entre la razón y el entusiasmo nos enfrenta a dos cuestiones totalmente vigentes hoy. Por un lado asistimos al enfrentamiento entre la comunidad supuestamente universal que pretende ser la iglesia y la comunidad real de las monjas disidentes que pretenden estar juntas para compartir su fe en el recogimiento y su pobreza sin trampas. Por otro lado también observamos la falsedad de un pretendido diálogo que está de antemano viciado por la asimetría del poder y su contraposición con lo que sería una conversación desprejuiciada. Quizá veo aquí más de lo que hay, pero no puedo evitar ver en la contraposición entre la humilde y constante energía de Teresa y en el reblandecimiento paulatino del inquisidor, la potencia de la negación implícita en la construcción de una alternativa que no se pretende imponer a nadie.

Ni qué decir que en la puesta en escena se pueden discernir toques de feminismo militante. Comenzar la obra a oscuras con Teresa cortando patatas con el ruido del cuchillo sobre la tabla de madera generando la atmósfera de una sala en la que un juez llama al orden con el sonido del mazo para poder comenzar la vista oral, y terminarla con con el mismo sonido a medida que se apagan las luces como si la causa estuviera vista para sentencia, nos recuerda que la causa del feminismo sigue pendiente aunque no hay que despreciar lo conseguido por la visionarias y tercas defensoras de sus visiones.

Estos dos puntos, el de la potencia de la negatividad y el de la terquedad en la verdad propia, se complementan para ofrecernos una esperanza liberadora en momentos en los que se pretende ocultar la asimetría del poder que invita al diálogo para saber lo que tu harías y se evita la conversación franca en la que quizá no cabe más que describir nebulosamente aquello que no se puede resistir pues hiere en lo más profundo.

Son estas dificultades de descripción las que nos llevan al tercer aspecto de este trabajo de Mayorga, el menos teatral y el que más claramente desvela al filósofo analítico que hay en él. La problemática del lenguaje está presente en el mismo título, La Lengua en Pedazos, que en algún momento sugiere la obligación injusta de morderse la lengua ante la injusticia o la falta de libertad para seguir tu camino, pero que más a menudo durante los 80 minutos se nos presenta como la imposibilidad inherente a ciertas vivencias, especialmente las místicas, para ser explicadas de viva voz. La falsa puesta en escena del inquisidor de su propios sueños a fin de convencer a Teresa de que mejor es callar que balbucir lo que no se entiende, nos remite al Tractatus de Wittgenstein, pero no para presumir de cultura, sino para hacernos ver a los espectadores de hoy que quizá merezca la pena balbucir e intentar encontrar el lenguaje adecuado para gritar nuestra verdad tanto de pie en las moquetas del poder como sentados en las aulas de los doctores.

«La lengua en pedazos» recibió 2 desde que se publicó el Jueves 21 de Febrero de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] Juan Urrutia. El correo de las indias: La lengua en pedazos […]

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos nuestros blogs en la
página de registro de Matríz.

El Correo de las Indias es el agregador y plataforma de blogs de los socios del Grupo Cooperativo de las Indias y es mantenido y coordinado por los miembros de la comunidad igualitaria de las Indias