Desde mi sillón

Un blog de la Red de las Indias

Grupo de Cooperativas de las Indias

La leccion de Avelino

Ni el trabajo conjunto de los tres últimos premios Nobel podría hoy predecir los nuevos precios relativos de los activos de uno u otro tipo después de una eventualidad como la que posibilitaría la suspensión de pagos del Tesoro americano.

obama-ice-creamNo recuerdo, de momento, su nombre, pero sí su cara y los maravillosos helados que desde el carrito de Aberasturi nos ponía con aquellos kukurutxus que casi eran mejores que el propio helado que, en mi caso, siempre era un sorbete de limón.Jamás he vuelto a disfrutar tanto de cualquier otro tipo de capricho, ni siquiera de los más refinados que te acosan en la edad adulta. Pero todo cambió un día de agosto de hace mil años en el que por la tarde y desde el balcón de nuestra casa de verano detrás de la parroquia se San Ignacio, observaba yo asustado cómo de hundían los botes pesqueros de txipirones que, dentro del Abra, intentaban volver a un pequeño puerto deportivo en LA. La galerna pasó, pero mi infancia se acabó cuando a la mañana siguiente me enteré que la tarde anterior el heladero había intentado guarecerse bajo un gran árbol de Txomintxu y murió totalmente achicharrado por un rayo. Aprendí que ante las galernas o tormentas de cualquier tipo no hay que tratar de protegerse sino más bien plantarles cara. Si los pequeños pesqueros deportivos hubieran salido del abrigo del Abra seguramente hubieran acabado mejor parados frente a una mar más franca y menos enrevesada que la remansada en esa enorme piscina que es el Abra.

Esta es la lección de Avelino pues ese era, creo recordar ahora, el nombre del heladero. Una lección que nunca me ha fallado en todas las tormentas que a uno le caen encima a lo largo de una vida. Si el tsunami te coge haciendo submarinismo lo mejor que puedes hacer es permanecer en el fondo del mar mientras te dure el aire de las bombonas contrariamente a lo que sería la reacción intuitiva de emerger y nadar hasta esa deseada tierra firme que ya ha sido devastada por vientos huracanados. Creo que esa lección del heladero sirve incluso para esos terremotos que nos describe con fruición la televisión mientras un reportero heroico filma la huida desesperada de las gentes que, seguramente se acercan hacia el epicentro a toda velocidad mientras creen huir de él.

Todo esto volvió a mi cabeza hace unas semanas cuando un amigo y avezado navegante nos explicaba, hablando de sus aventuras de este verano pasado, cómo cuando en sus singladuras familiares se encontraba en medio de una tormenta no intentaba volver a puerto entre otras cosas porque los puertos se cierran en esas condiciones para evitar precisamente las extrañas corrientes que se forman y que pueden acabar en colisiones de las embarcaciones que alocadamente buscan refugio.

Pues bien, entre Avelino (RIP) y este amigo me han llevado a la conclusión de que si la supensión de pagos de los EE.UU. de América llega dentro de unas horas por falta de acuerdo entre republicanos y demócratas sobre el techo de deuda y/o las partidas cruciales del presupuesto federal para el año que viene, no trataré de colocar mis activos en otros más seguros denominados en monedas menos frágiles o en activos menos etéreos comprando bienes raices o materias primas o minerales convencionalmente seguros. Ni el trabajo conjunto de los tres ultimos premios Nobel, tal como lo explica expléndidamente Tano Santos, podría hoy predecir los nuevos precios relativos de los activos de uno u otro tipo después de una eventualidad (risk event) como la que posibilitaría la suspensión de pagos del Tesoro americano. De hecho, y contrariamente al fondo del trabajo de los tres, no parece posible que los precios de los activos hoy puedan incorporar toda la información existente pues no hay ningún precedente del risk event

«La leccion de Avelino» recibió 1 desde que se publicó el Miércoles 16 de Octubre de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] desde ahí hasta Txomintxu, punto de encuentro en tiempos sin móviles y donde murió Avelino, me paseo debajo de una bóveda de planos unidos por sus ramas y ahora sin hojas. En la […]

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.