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La irónica diagnosis de Dylan

El otro día citaba a Warhol y a Lagerfeld como grandes economistas. Hoy añado a la lista a Bob Dylan. En efecto, podemos mirar a la recesión presente en los EE.UU. como el resultado de un combate de boxeo en el que uno de los púgiles resulta muerto. ¿Quién tiene la culpa? ¿Debemos prohibir el boxeo? ¿Quizá debiéramos regularlo mejor o prohibir las apuestas?

Estas mismas preguntas podríamos hacerlas sobre el sistema económico que ha hecho posible que la tasa de crecimiento sea negativa y que el empleo caiga a plomo de forma que ese sistema está sobre la lona y los doctores discuten sobre la posibilidad de que se recobre y sobre las secuelas del combate.

Es aquí cuando llega en nuestra ayuda la poesía siempre que admitan ustedes que Bob Dylan es un poeta. A mi juicio lo es y de los buenos, así que voy a tratar de interpretar las estrofas de una canción que escribió en 1964 con ocasión de la muerte en el ring de un boxeador llamado Davey Moore: Who killed Davey Moore, Why an’ what’s the reason for? y que le convierte en un gran economista tal como tratré de argüir.

Sigamos el orden de la canción y preguntémonsos primro si la culpa no la tendrá la propia FED y, más en concreto, Allan Greenspan:

“Not I,” says the referee,
“Don’t point your finger at me.
I could’ve stopped it in the eighth
An’ maybe kept him from his fate,
But the crowd would’ve booed, I’m sure,
At not gettin’ their money’s worth.
It’s too bad he had to go,
But there was a pressure on me too, you know.
It wasn’t me that made him fall.
No, you can’t blame me at all.”

Esto es algo que encaja perfectamente con lo que ya ha dicho Greenspan. Su oficio le pedía dejar que la situación se pudriera; pero su responsabilidad le empujó, jaleado por los inversores y los responsables multilaterales, a procurar una bajada de tipos. Si no lo hubiera heacho la presión sobre él hubiera sido insoportable.No, no es un banco central serio el responsable de la crisis.

Pero pensemos, en segundo lugar, en las clases medias que se veian como los millonarios de antaño, dueños de su casa y con un colchón de ahorro que les permitía algunas aventuritas financieras:

“Not us,” says the angry crowd,
Whose screams filled the arena loud.
“It’s too bad he died that night
But we just like to see a fight.
We didn’t mean for him t’ meet his death,
We just meant to see some sweat,
There ain’t nothing wrong in that.
It wasn’t us that made him fall.
No, you can’t blame us at all.”

Pues sí, tienen razón, nadie quería cargarse el invento. Solo querían ser parte del sueño americano actualizado y del sueño general de un enriquecimiento absoluto y no solo relativo. Pasar un buen rato.

Tercero. Miremos al Gobierno o quizá a quienes han capturado a ese Gobierno. Es como el manager del pobre Davey que se exculpa así:

Not me,” says his manager,
Puffing on a big cigar.
“It’s hard to say, it’s hard to tell,
I always thought that he was well.
It’s too bad for his wife an’ kids he’s dead,
But if he was sick, he should’ve said.
It wasn’t me that made him fall.
No, you can’t blame me at all.”

Y es que, en efecto, aparte una aprensión general sobre lo bien que iban las cosas ¿quién iba a decir que el sistema estaba a punto de un colapso? Tiene toda la razón Paulson. Debería haber avisado el propio sistema o su patronal o su supervisor

Ya está, debe ser la codicia de los especuladores: pero estos tienen una defensa fácil:

Not me,” says the gambling man,
With his ticket stub still in his hand.
“It wasn’t me that knocked him down,
My hands never touched him none.
I didn’t commit no ugly sin,
Anyway, I put money on him to win.
It wasn’t me that made him fall.
No, you can’t blame me at all

Y así es. Tratar de hacer dinero con las posibilidades que te proporciona el sistema no es pecado y ni siquiera hace falta ser un codicioso. Es normal en un buen padre de familia.

Pero hay un quinto sospechoso: los economistas que no han hecho su trabajo, los analistas que han tenido que improvisar a falta de teoría o las agencias de rating que están preparadas para tiempos normales, no para situaciones excepcionales.

“Not me,” says the boxing writer,
Pounding print on his old typewriter,
Sayin’, “Boxing ain’t to blame,
There’s just as much danger in a football game.”
Sayin’, “Fist fighting is here to stay,
It’s just the old American way.
It wasn’t me that made him fall.
No, you can’t blame me at all.”

Sí, efectivamente, esas cosas pasan pero los economistas lo han dicho cien mil veces. Muchos, no sol Roubini, pero no conocemos un sistema mejor. Y si lo perfeccionamos será todavía más imprevisible. No, nosotros los economistas no tenemos la culpa.

No nos queda, en sexto lugar, más que el destino porque echar laculpa al sector inmobiliario no sería adecuado puesto que esta industria seria y efeicaz lo único que he hecho es seguir las señales del mercado:

Not me,” says the man whose fists
Laid him low in a cloud of mist,
Who came here from Cuba’s door
Where boxing ain’t allowed no more.
“I hit him, yes, it’s true,
But that’s what I am paid to do.
Don’t say ‘murder,’ don’t say ‘kill.’
It was destiny, it was God’s will.”

Bien, sigámonos preguntando por los culpables; pero no es esa la línea de investigación interesante aunque cortar cabezas de turco y presentarlas en una bandeja es lo primero a lo que cualquier desastre incita.

«La irónica diagnosis de Dylan» recibió 3 desde que se publicó el Miércoles 21 de Enero de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. […] tu empresa y apuesta por la innovación más que nunca, da ejemplo, no me digas que tu producto o tu empresa no tuvieron nada que ver en la crisis. Si trabajas en tecnología no seas tan tonto de decir que no fue por su culpa. A nadie le aporta […]

  2. […] que recibo. [+ info] Juan Urrutia: Escribí sobre los sospechosos habituales (de la crisis) a través de un poema de Dylan. Lo quiero utilizar para una charla pendiente a efectos de subrayar que buscar culpables no arregla […]

  3. […] sorpresa más grata de todas me la he llevado leyendo este post de Juan Urrutia que se me debió escapar y que he visto porque Daniel lo ha […]

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