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La internacional

Llevo toda la mañana silbando La Internacional en homenaje sin palabras a los puñitos de Leire y Bibiana. Son jóvenes y no están sometidas- todavía- a la tiranía de las Luces. Por eso se atreven a cantar algo que para ellas significa rebelión. Y eso me gusta. Sin ningún deseo de epatar -¿a quié podría yo escandalizar?-y sin prurito alguno de intelectual à la Zizek que desea sacarle punta a cualquier causa perdida.

El gesto ha dado pie a algún comentario perodístico, pero ha tenido mucho menos eco que otras dos rebeliones:la de Pozuelo y la del Raval. Ya no nos asustamos por la amenaza de los pobres de la tierra; sino por el alcohol y por la visibilidad de la prostitución, cosas tremendas que revelarían, según esos cotillas monjiles que aparecen como expertos, una falta de valores alarmante. Es a esa actitud de “tolerantes con límites” bienpensantes a la que nos ha llevado nuestra admiración por la Razón entronizada por la bendita revoluvión francesa y abusada por los mecionados expertos, que han olvidado su bufonesco papel en la sociedad, o por adultos sin hijos que plantean los fallos de los progenitores en la transmisión de valores tan importantes como el uso del usted.

Pero no era ese el espíritu de las revoluciones de las que somos herederos. Sí, claro, ya sabemos que en la convivencia hay que ser respetuosos con los derechos de los demás; pero tanta ingeniería social aplicada a solucionar roces triviales difumina y cubre con un manto de engaño la carga de rebelión que se acumula a causa de la experiencia primaria del acuchillamiento de la lbertad – “naturalmente en su propio beneficio” se nos dice-.

El espíritu que una vez mi generación creyó recuperar era y es el de la rabia indomable de vivir sin ser felices, castrados, sometidos, humillados por nuestra propia mediocridad. Ese es el espíritu que anima, creo, el jolgorio incivilizado de Pozuelo y el alivio vergonzante del Raval. Estoy en contra, así sin más, de llamar a los educadores de guardia para que nos digan que pasa con los jóvenes y a los sociólogos del sexo para que nos expliquen los pros y contras de la persecución del cliente y/o de la regularización de la prostitución. Y de que se presten a opinar menos de treinta segundos en radios y televisiones. La apolicía merece un respeto, al menos en principo, y el sexo al aire libre puede ser ofensivo y humillante. ¡Pues claro! Pero ¿y la gloria de marchar todos juntos contra la autoridad o de desafiar la hipócrita y empalagosa moral sexual?

Lo siento por los que les corresponde regularlo todo pues es una ingrata tarea y en buena parte inútil. Lo siento por ellos digo; pero por mi parte, y ya que soy tan mayor que digo lo que quiero y como me da la gana, estoy dispuesto a levantar el puño como signo de lucha contra la opresión de la Razón (degenerada en profesionalidad) y contra la moral pública (enferma de represión).

Solo después de haber descargado mi adrenalina estaré dispuesto a escuchar raonablemente a los predicadores de la responsabildad individual, de la cultura del esfuerzo y del recato público.

«La internacional» recibió 0 desde que se publicó el Sábado 12 de Septiembre de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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