Desde mi sillón

Un blog de la Red de las Indias

Grupo de Cooperativas de las Indias

La grande bellezza

Me siento muy libre para cultivar un nihilismo que, cuando pretende renovarse, cae indefectiblemente en la crítica descarnada de todo un entorno tontamente decadente.

La gran BellezaEl nihilismo, entre el costumbrismo imaginativo y el difícil trance de reconocimiento de la esterilidad estética, trufado por un guión lleno de frases citables más allá de las menciones de o a Celine, Proust o Flaubert quien, ahora me entero, quería, parece ser, escribir sobre la nada con el único sostén del estilo de la escritura, de su sintaxis y de su prosodia, sin historia o moraleja. Esto es en breve La Grande Bellezza, una película que me podría descolocar, pienso, porque hace ya unas semanas me escriben unos viejos y buenos amigos de LA preguntándome:

Has anyone told you that Toni Servillo in Sorrentino’s movie reminds them of you?

Ante esta pregunta intencionada no tenía más remedio que satisfacer mi ego e ir a verla en cuanto la estrenaran aquí. Así que el domingo, nada más volver de mi otro LA, no tuve más remedio que abalanzarme a la sala que me permitiera visualizarla en versión original. No había leído todavía esta buena reseña que recomiendo calurosamente, pero se trata de que mi ego la entienda a su manera a fin de contestar propiamente a mis amigos californianos. Iré por partes.

En cuanto al costumbrismo, esta película es a menudo citada como una puesta al día de «La Dolce Vita» felliniana. Pero en el año 2013, después del berlusconismo y sus bunga bunga o de la mella producida por la crisis, nada puede narrarse que no incluya la podredumbre que, por cierto, no se subraya demasiado, o la crítica al nuevo poder tonto y difuso frente a la desaparición del presunto poder de la clase empresarial o de una aristocracia venida a menos o la estupidez de la curia que solo sabe de gastronomía, sin mencionar a la mafia que parecería haber perdido su centralidad y sus aspiraciones hegemónicas una vez admitida socialmente como una humilde y poco ambiciosa suministradora de cocaína.

Como nexo de unión entre esta parte costumbrista que pretende hacer una radiografía de la Italia de hoy mismo y la parte más ambiciosa relativa a la estética y al sentido de la vida con un toque de nihilismo básico, yo propondría los pechos femeninos de ración como fetiche tanto en la pintura atesorada por los empobrecidos aristócratas como en las jóvenes que, desde la adolescencia a la madurez entre nihilista y cínica, parecen haber rodeado a Jep Garambella recién llegado a sus sesenta y cinco años. Y así paso a la otra parte de esta, para mí, película de ayer que huele a ayer.

Sí, quizá son esos pechos adolescentes los que mantienen de momento el relativo buen humor de este protagonista que no cree poder volver a escribir otra novela y derrocha su vida entre las crónicas periodísticas que una enana felliniana le encarga sobre una performer tonta, el Costa Concordia o «la santa», una monja viejísima, remedo cruel de la Madre Teresa, y el alcohol que suelta su lengua y le permite decir unas duras palabras contra las falaces soluciones gauche divine a la leve inquietud de una vida sin sentido.

Jep es sobre todo lúcido o eso cree él. Nosotros los espectadores creemos saber un poco más y le vemos llorar en el funeral del hijo raro de una amiga o ante la victoria de una enfermedad sin nombre que acaba con la vida de esa otra joven que es hija de un amigo empresario de la noche loca. A pesar de que llorar en los funerales está fuera de la norma social de un elegante noctámbulo, nuestro hombre ya no es lo que era y la muerte que se acerca le lleva no solo a derramar lágrimas (¿o son quizá fingidas?) sino también a deslizarse por el mundo sucio y pobre de una Roma finalmente decadente ahora sí, de verdad.

No me veo pues en ninguno de los papeles de este protagonista y mucho menos en sus dotes de sociabilidad noctámbula. Me reconozco un poco en el abandono culpable de las aspiraciones de juventud a base del witdrawal from toda la podredumbre ambiental. Pero sobre todo si en algo soy parecido a Jep es en la elegancia en la que me envuelve «el mejor sastre de Roma» (en mi caso un buen sastre español de apellido vasco) con su correcto corte y sus telas inglesas. Que me envolvía, debería haber dicho, pues desde que cumplí los 65 encuentro un placer morboso en no renovar nunca mi vestuario.

Como mi apariencia física cada vez es más parecida a la de un homeless, me siento muy libre, sin necesidad de alcohol, para cultivar un nihilismo que, cuando pretende renovarse, cae indefectiblemente en la crítica descarnada de todo un entorno tontamente decadente.

«La grande bellezza» recibió 4 desde que se publicó el martes 10 de diciembre de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Rui Valdivia dice:

    Gracias, Juan, por adjuntar esa crítica de La Grande bellezza. No te conozco, y por tanto, no puedo establecer comparaciones con el personaje. Fui a verla ayer. Encontré la magia que busco en el cine, un ámbito donde música, texto, imágenes, luz, la imaginación de un director, el sueño de un guionista, se juntan para ofrecernos una interpretación de la realidad.

  2. Juan Urrutia dice:

    Gracias por tu comentario. Me ha permitido localizar un blog que me parece de calidad. En cuanto a la pélícula no soy tan entusiata aunque reconozco que es de lo mejor que he visto últimamante.

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] defienden como pueden de su fracaso vital y profesional. Como hace Sorrentino con los personajes de La Grande Bellezza los personajes de Bernhard son talados por el autor y única voz del relato de una manera brusca, […]

  2. […] esforzado que exige la investigación científica. Esta confesión no es nueva y está patente en este post en el que reconozco que un amigo creía ver en Jep Gambardella de La Grande Bellezza un trasunto de […]

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.