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La Economía de la Sabiduría

Lo que ocurre es que gana el débil entre otras cosas porque no tiene gran cosa que perder y porque sabe que, pase lo que pase, la memoria de su chantaje solo dura unos años pues la memoria financiera es corta cuando se enfrenta a la codicia inevitable en el sistema económico en el que vivimos.

varufakis vs la ueJavier y Ramón todavía tenían tiempo en la vida, el suficiente para hacerse dueños de sí mismos; pero ninguno de ellos parecía ocuparse de esta tarea que no les preocupaba. Eran tiempos de cambio de siglo y a pesar de que poco a poco cada uno seguía un camino divergente seguían almorzando juntos cada día aunque día tras día le dedicaban menos tiempo y se iban acercando al cambio de costumbres del resto de los colegas que ya no estaban dispuestos a conversar durante el almuerzo sino que se toman el contenido de su tupper en su despacho para no perder tiempo y conseguir las publicaciones adecuadas para obtener sexenios y los correspondientes incentivos económicos. Ambos amigos se sentían alejados del main stream, pero la reacción de cada uno iba a ser diferente. Ramón se mantenía firme en su fe en una actitud científica ya vieja que insistía en apoyarse en la evidencia empírica para validar sus modelos, mientras que Javier se inclinaba por hacerse pasar por un miembro de los nuevos teóricos que prestaban una mayor atención a la coherencia interna de los modelos y a la extensión de la racionalidad a cualquiera de sus partes constitutivas, especialmente a cualquiera de las que debiera tener en cuenta la información existente y consistente con el propio modelo. Era este círculo lógico lo que a Ramón le alejaba de la ortodoxia pues chocaba con su pretensión de servir para algo en el mundo real más allá de las aulas y de los congresos y premios.

La Gran Recesión, de la que todavía tuvieron tiempo de comentar hasta que su mala salud aisló a Javier de todo el mundo, exacerbó sus diferencias y Ramón comenzó a dejarse llevar por autores heterodoxos para los que el gran pecado de la Economía en los últimos años consistía en no abandonar esos modelos que debido a ese círculo lógico no podían garantizar que se podían cerrar, es decir que tenían una solución y que ésta era única. Todo dependía en ellos del conocimiento de los agentes modelados y la modelización de ese conocimiento avanzaba lentamente y exigía rodeos a fin de ponerse al tanto de desarrollos recientes sobre redes y otras aventuras intelectuales denominadas genéricamente sistemas complejos. A ello se dedicó Ramón con gran detrimento de su propia producción intelectual y con una creciente duda sobre el sentido de lo que hacía. No era solo que ya no pudiera almorzar diariamente con Javier sin acabar casi a gritos, era además que no podía agarrarse a gurús respetables que le sirvieran de apoyo en su camino por un suelo resbaladizo. Su única fortaleza le llegaba de su falta de religiosidad que, derivada en una verdadera actitud enemiga de la trascendencia, le permitía mantenerse firme en su heterodoxia por mor de la manía explícita que anunciaba contra los sacerdotes de una religión que por muy científica que se pretendiera era tan poco fiable como todas.

Javier se limitó a apoyar a la nueva religión sin poder aportar nada propio y Ramón, que era a la sazón tan poco productivo como Javier, al menos sentía el orgullo del ateo que trabaja como un loco por mostrar la falta de base de las llamadas verdades de una religión falsa que cada vez se parecía más a los mormones por su ubicación en un lugar retirado del mundo. Si esto era lo que Ramón iba a contar en su discurso de entrada en la Academia de XXXX, y no pensaba que podría librarse de ello, tenía que dar un paso más. Si pretendía dar un portazo y renunciar debería apoyarse en sus escasos trabajos que trataban de poner en solfa esa religión que los ignorantes miembros de la academia parecían respetar; pero si pretendía llenar el vacío de la edad con un premio en el que no creía debía defender su ateísmo científico y centrarse en sus intereses intelectuales apenas compartidos por almas gemelas e igualmente solitarias como la suya y tratar de ir más allá de la ortodoxia triunfante y expandir lo que durante los últimos años no había tenido ocasión de comentar con Javier tanto por su salud precaria de este viejo amigo como por su alejamiento intelectual. No se trataba ya de crear conocimiento que fuese compatible con los datos que cada vez más numerosos hacían difícil tratarlos solo como evidencia empírica, sino realmente de ir más allá y tratar de generar no solo conocimiento sino sobre todo sabiduría.

Pero no podría limitarse a predicar que hay que ser sabio sin expandir, al menos un poco, qué entendía él por tal cosa ya que no coincidía con lo que se decía por ahí en un círculo de pensadores difícilmente calificables como científicos pero que tampoco eran otra cosa bien definida. Su única salida posible era romper la tradición y referirse ampliamente a acontecimientos actuales sobre los que habría que tomar partido y hacerlo, desgraciadamente, sin una religión o teoría que dotara esa posición de un suelo aparentemente firme. Nada justificaba, en efecto, la fe de Ramón en la diversidad y en la generalidad y sin embargo él estaba convencido de que la sabiduría no estaba relacionada con los valores de raigambre más o menos filosófica y empaquetados como ética sino con la capacidad de encontrar soluciones a puzzles prácticos, o reales, o políticos, fuera de un marco que no había cambiado desde Hobbes. No podría salirse de rositas sin confrontar el caso de Grecia y tendría que hacerlo desde una postura teórico-económica en la que no creía o desde una en la que creía pero que nadie respetaba ya pues estaba muy alejada de la religión que podríamos llamar oficial.

La batalla sobre la posible quiebra de Grecia y sus posibles remedios era sin duda un chicken game del que Varoufakis sabía mucho pero al que no era claro que le dejaran jugar justamente porque él jugaría con la ventaja de su conocimiento superior. Y entender una solución así no era fácil si no se mira a la historia por un lado o a la mecánica cuántica por el otro. La Historia ha vivido tantas veces los impagos totales o parciales de la deuda que posiblemente nos tranquilizara su consideración pues nos convencería de que finalmente, y sea justo o injusto, lo que ocurre es que gana el débil entre otras cosas porque no tiene gran cosa que perder y porque sabe que, pase lo que pase, la memoria de su chantaje solo dura unos años pues la memoria financiera es corta cuando se enfrenta a la codicia inevitable en el sistema económico en el que vivimos. La Mecánica Cuántica nos podría ser útil también para convencernos de que no deberíamos perder mucho tiempo tratando de elucubrar sobre la ola de heterodoxia política que parece nos anegará y que deberíamos tratar de medirla con las matemáticas correspondientes a partículas que sí que conocemos y nos podrían dar una medida que no dejara espacio para las locuras de los mercados.

Ramón se ve a sí mismo sonriendo como si estas ideas, convenientemente elaboradas, no pudieran justificar nada que no fuera un discurso de aceptación, pero la sonrisa se le hiela en los labios cuando recuerda que su sabiduría o, mejor dicho, lo que él cree que sería una postura sabia ante el problema de Grecia no podría evitar el uso de la Teología a fin de desentrañar el significado del comportamiento del BCE que parece negarse a seguir regando a los bancos griegos y que no quiere ni oír hablar de comprar nuevos bonos públicos. Como todo dios acabará haciendo aquello que no revela debilidad alguna y obligando a los griegos a reconocer que la izquierda, cualquier izquierda, y por lo tanto la recién llegada al poder en Grecia, ha de ser la que canalice su voluntad de que se paguen los pecados.

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    […] entre diversas especialidades de la ciencia y/o el conocimiento tal como pretendía decir yo en este post. Es decir, la especialización no es siempre tan fructíferas como a veces se pretende con lo que […]

  2. […] de llegar hasta el borde el precipicio sin caer en él mientras el otro jugador se arruga antes. En otro post reciente hablaba de ello y subrayaba de que Varoufakis era un mal enemigo para un juego así no solo porque […]

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