Desde mi sillón

Un blog de la Red de las Indias

Grupo de Cooperativas de las Indias

La dama y el mar

No sé cómo se llamaba el original de Ibsen y no tengo ganas de mirarlo en Google. Sí­ sé, sin embargo, que Bob Wilson encargó a Susan Sontag que reformara el texto para montar un espectáculo, la Dama y el Mar, que puede dsifrutarse en El Matadero, un espacio al que acudo cada vez más a menudo y especialmente cuando quiero olvidar que estoy en esta dura estepa y desearí­a imaginar que estoy en New York.

Si además, uno acude a ese espectáculo con amigos y entre ellos se encuentra el padre del ayudante de dirección de Wilson, Pablo Viar, pues mejor que mejor. Por un instante siento que mis amigos son el centro del mundo y me regocijo de estar entre ellos y de contar con ellos. Como se debieron sentir los surrealistas alrededor de Aragon y compañí­a.

Pero esas no son las razones para acudir a ver esta obra de Wilson (?), de Sontag (?), de Ibsen (?). Yo dirí­a que es del tejano porque la gracia no está en el texto ad-hoc ni en el original. La gracia está en el uso que de la luz y del sonido hace este director de escena que ya me ha asombrado otras veces.

En efecto, el sonido y la luz pueden constituir la esencia de un espectáculo tetral. Comienza con el distanciamiento tí­pico del expresionismo con los focos en la cara y el resto en sombras chinescas y con un uso distorsionado de la palabra. Y acaba de manera casi naturalista en la voz y en elsonido subrayando la resiganción indigna de la dama que se limita a acariciar en su imaginación el asesinato de su marido carcelero.

Hay verdaderos momentos de ambigí¼edad calculada que nos dieron mucha conversación luego cenando en el Hontoria, una especie de Cafe des Artists a a la madrileña. Si la libertad puede ser otorgada o debe ser conquistada es, creo yo, el verdadero motivo de la obra y una apasionante pregunta que aplica especialmente a las mujeres que, me atreverí­a a decir, salieron un poquito transformadas de esa sala del Matadero en cuyos alredeores siempre tengo la tentación de pernoctar después de la función, como si esperara que algo me acunara en estos tiempos de madurez excesiva o de vejez prematura.

Pero esta nostalgia de otras épocas o de otras ciudades no puede reprimir en mí­ el odio a los derechos de propiedad intelectual, un problema este que se pone de manifiesto de manera obvia en este espectáculo que no se sabe a quien se debe.

Me imagino a Ibsen, Sontag y Wilson cenando juntos en un mundo de fantasí­a e inercambiando palabras, ruidos y luces. Me los imagino felices y sin problemas de Copyright. Me gustarí­a cenar con ellos un dí­a de estos

«La dama y el mar» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 21 de Abril de 2008 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.