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La cultura en tiempos revueltos

Durante las grandes crisis la oferta cultural de una gran ciudad se amplía hasta límites que llegan a empachar…

Dicen que la segunda fase de la Gran Depresión, la que correspondió a la política del Presidente Hoover, fue una época en la que eclosionó el arte cinematográfico y el entretenimiento en general. La explicación más sencilla parecería que la gente, en circunstancias que eran como las actuales, tiene ganas de tomarse un respiro y no estar las 24 horas del día preocupado por un porvenir que no se ve por lejos que se mire en el tiempo. Los actores y la gente de teatro en general tienen que prodigarse por doquier a fin de procurarse un sustento que no está al alcance de la actividad selectiva que realizaban hace bien pocos años: una obra de teatro de un cierto éxito les procuraba el suficiente poder de compra para todo el año. Hoy con la subida del precio de las entradas las obras no duran mucho en cartel y hay que cambiar de espectáculo a menudo. Una película atractiva podía permitir a las estrellas principales ser selectivas con los guiones que les llegaban. Hoy se tienen que agarrar a lo primero que les llega. Los músicos tienen que multiplicar sus actuaciones en vivo pues eso que llaman piratería no les proporciona suficientes ingresos. Los artistas plásticos se ven obligados a bajar los precios y los galeristas han de inaugurar exposiciones nuevas cada mes a ver si consiguen renovar una clientela que se resiste a ampliar su colección en estos tiempos atribulados.

Como resultado la oferta cultural de una gran ciudad se amplía hasta límites que llegan a empachar. Tomemos como ejemplo el día de hoy en Mardid. Un repaso rápido de los actos a los que a mí me gustaría asistir incluyen los siguientes. Hoy se inaugura una exposición sobre Dadá y la Neovanguardia; canta nada menos que Patti Smith cuyo «éramos como niños» reposa sobre mi mesilla de noche a la espera de un momento de calma; hay así mismo una especie de conversación sobre Bob Wilson, ese gran director de escena que me llamó mucho la atención ya hace muchos años en el Festival de Edimburgo y que hace bien pocos meses colaboró a crear aquel espectáculo (sobre el que escribí aquí) sobre Marina Abramowitz que se presentó en el Teatro Real con la colaboración de Wilhem Dafoe y Antony y un par de escritores y unos críticos parlotean hoy sobre David Foster Wallace una obra menor del cual ya encontró su camino desde mi mesilla hasta mis ojos. Y no cito las películas que querría ver o la obras de testro a las que me gustaría acudir antes de que las prisas y la necesidad de retener a los pocos aficionados que estamos dispuestos a pagar el nuevo IVA, obliguen a los empresarios a renovar las carteleras.

Así como el exceso de comida tres estrellas astraga el paladar, el exceso de oferta cultural enerva el ojo crítico y, lo que es peor, te pone los nervios a cien por la imposibilidad de no poder atender a toda ella. Por ejemplo hoy, para mí, es un día triste pues cualquiera de los acontecimientos que hoy se me ofrecen en esta ciudad en la que tengo una oficina y a lo que me hubiera gustado asistir, me impediría ver en directo el final de Amar en Tiempos Revueltos, una serie impecable a la que me he hecho adicto y que hoy se va, al menos tal como ha sido durante años y hasta nueva orden, dejándome huérfano de sentido. Eso es algo que no haría nunca de modo que mi fidelidad a la cultura modesta me impide degustar la cultura highbrow.

De todas formas ¡me recuperaré!

«La cultura en tiempos revueltos» recibió 2 desde que se publicó el viernes 16 de noviembre de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. maría lozano dice:

    No te vi coreando a Patti Smith, que, como casi siempre estuvo espléndida, lo cual no quiere decir que no estuvieras, aunque había poca gente. Yo la disfruté mucho a pesar de la melancolía y eso que me fui sola a ver/oirla que ya es raro.

  2. Juan urrutia dice:

    No pude entegarme a la melancolía porque no pude ir. De todas formas mis ídolos se van desvaneciendo,como es el caso de Lou Reed que aparece en el periódico como un espectro fruto de la mala vida. Los héoes deben morir jóvenes

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