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“La ciencia en tiempos revueltos” 4: No hay lugar para la nostalgia

Retomo hoy el tema de La Ciencia en Tiempos Revueltos que voy desmenuzando poco a poco en una revisión de lo que dije en su momento. Continuaba diciendo:

Hace tiempo dediqué bastantes páginas a tratar de desmontar la mayoría de los argumentos contra la privatización de la ciencia (https://juan.lasindias.com/trabajos/privatizacion_ciencia.pdf); pero la opinión general sigue siendo que esa privatización sería un error que nos llevaría a un mundo científico en el que nadie querría refugiarse aunque fuera el reino de la racionalidad. Es, se dice, un error pretender que los intereses económicos, y en general el mercado, se introduzca en el mundo de la ciencia

Ayer tuve ocasión de volver sobre este tema en un maratón organizado por Aurelia Modrego en el contexto de los maratones promovidos por el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MUNCYT). Ya comentaré sobre ello, pero mi intervención de ayer, centrada en el tema Ciencia Y Dinero, puede considerarase como una continuación de las ideas a las que me acabo de referir. Trataba de entender la extraña posición de los científicos con relación al dinero y sus posibles dificultades psiquicas derivadas de deseo complementario de “dejar huella” y de “borrar sus huellas” mediante el enriquecimiento personal para sentirse como los demás. Estas dificultades muy comprensibles no tienen que ver con la privatización, pero sí con la nostalgia a la que luego se refería el historiador:

Y, sin embargo, parece como si personas como Sánchez-Ron dieran por hecho que eso va a ocurrir y lo admitieran como algo triste e inevitable que nos hace mirar a la sacralidad de la ciencia con nostalgia. Yo pienso, sin embargo, que la nostalgia está poco indicada en este caso ya que la ciencia privatizada y desacralizadora puede funcionar muy bien en ciertas condiciones de las que hablaré un poco más adelante.

Volveré a examinar esas condiciones,

Pero antes defenderé que la nostalgia de una ciencia pura y no contaminada por intereses comerciales está fuera de lugar pues, aunque es cierto que la ciencia ataca a menudo problemas meramente instrumentales, no hay quien le libre de confrontar asuntos de método que nunca podrán ser reducidos a ideas vendibles una vez incorporadas a objetos tangibles. Además, no me parece correcto pensar que todos los temas de los que trata la ciencia sean instrumentales. Más bien creo que hay muchos problemas científicos que nada tienen que ver con objetivos prácticos y que dificilmente pueden calificarse de ser comercializables. No solo no hay lugar para la nostalgia de una vida al socaire de las preocupaciones terrenales sino que, además, hay que reconocer que la creación de conocimiento científico, sea más o menos teórico y desinteresado o sea con aparentes aplicaciones prácticas y comercializables, puede ser una actividad liberalizadora e intelectualmente gratificante siempre que se den algunas condiciones más allá y más acá del espíritu sacerdotal que parecería impregnar aquella ciencia que hoy se contempla en la distancia con inadecuada nostalgia.

Creo sinceramente que el reconocimiento de esta inadecuación de la nostalagia en los tiempos que vivimos ayudaría a las dificultades psiquicas de los científicos.

«“La ciencia en tiempos revueltos” 4: No hay lugar para la nostalgia» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 18 de Diciembre de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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