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La Ciencia Económica y la Red

Publicado en Expansión, martes 8 de enero de 2008

Hace algunos años pedí a unos colegas que escribieran sobre subastas en este periódico y para el día siguiente. Me dieron largas y tuve que acabar escribiendo yo lo que ellos podrían haber hecho mucho mejor. Ahora, desde mi nueva responsabilidad relacionada con la European Spalation Source, solicito de esos mismos colegas ayuda para hablar de métodos de selección de candidaturas y noto una cierta predisposición a colaborar.

Si entonces se trataba del reparto del espacio radioeléctrico, ahora se trata de la elección entre candidaturas a alojar esa gran instalación científica para la producción de neutrones para investigación y aplicaciones industriales. En unos años las cosas han cambiado y pienso que, aun controlando por el paso del tiempo, estamos siendo testigos de un cambio en las relaciones entre la teoría y la práctica o, más en general, de un cambio en la manera de hacer buena economía.

Este ejemplo no es sino muestra de que las cosas están cambiando de forma que la actividad teórica básica, lo que podríamos llamar la ciencia económica, está dejando de ser un sacerdocio destinado a la santidad a través de la ascesis practicada en los monasterios más exigentes y se está convirtiendo en una práctica que condiciona la dirección de la investigación al tiempo que se abre a una manera de divulgación que dejará obsoleta la consultoría como parte de la profesión. No son cosas triviales y todas ellas tienen que ver precisamente con la reducción en el coste de la comunicación que representan las TIC y, más en concreto, la red de redes que internet hace posible.

Quizá la mejor manera de empezar a comentar estos cambios de rumbo sea la de llamar la atención sobre la emergencia reciente de una especie de web colectiva (VoxEU.org) de economistas de fuste en la que éstos cuelgan breves notas sobre artículos científicos con ánimo de divulgación y de incentivar la discusión pública o tratan de encauzar intelectualmente la discusión de algunos fenómenos del momento como puede ser ahora mismo la diagnosis y la prognosis de la crisis financiera que se inicia en agosto con las llamadas hipotecas de mala calidad.

No parece necesario hacer notar que esta iniciativa cambia bastante dramáticamente la situación de la consultoría. Ningún economista puede esperar hoy que, bien sea el gobierno, bien sea un banco o cualquier otro agente económico acuda a él para que le haga un dictamen sobre la situación económica actual. Todo lo que se puede querer saber está en la red a disposición de todo el mundo y gratis.

Es interesante, sin embargo, resaltar que las rentas de las que se podía apropiar un catedrático por el mero hecho de serlo se están erosionando a pasos agigantados. Quien pretendiera recorrer el arduo camino de la cátedra en la esperanza de hacer dinero gracias a una actividad consultora que se demandaba en buena parte por esa posición académica, ya puede ir despidiéndose de esa fuente de rentas.

Pero no es solo sobre la consultoría que la reducción del coste de la comunicación tiene un impacto significativo. Miremos en segundo lugar a los cambios de bulto que están ocurriendo en la agenda de problemas que desea atacar la ciencia económica. Utilizando la brillante distinción introducida por Freeman Dysson, se puede decir que la ciencia económica pasa rápidamente desde una actitud ateniense, en la que los economistas teóricos buscan principios unificadores de los fenómenos centrales, hacia una actitud manchesteriana en la que esos teóricos pretenden dar cuenta de regularidades detectadas en una base de datos cualquiera siempre que esté disponible y ofrezca garantías de calidad estadística.

Si esta manera de atacar los problemas económicos parece arrasar el campo se debe sin duda alguna a la proliferación de bases de datos que están disponibles y son fácilmente accesibles y compartibles entre varios investigadores simultáneamente gracias, desde luego a internet.

Aquí también cabe hablar de rentas aunque no tanto de su erosión sino de su desplazamiento. Si hasta hora la fama o la reputación estaba asociada a la capacidad de teorizar desde principios elementales sin permitirse hipótesis ad-hoc o modelos a la medida, ahora todo esto es posible con tal de poder decir algo sobre la dirección de la causalidad de fenómenos simultáneos gracias al cruce de series estadísticas cuya elaboración y difusión no hubieran sido posibles sin las TIC.

En la medida que la reputación es una fuente de rentas, hemos de esperar que estas se desplacen desde el sabio a lo Einstein hacia el experimentador curioso a la Rutheford. En cualquier caso estas posibles rentas serán menores sea quien sea su beneficiario debido a la instantánea divulgación gratuita de los resultados.

Pero quizá el caso más interesante de disipación de rentas debida a la emergencia de internet esté allí donde lo encontraron en su día Kim, Morse y Zingales (“Are elite universities losing their competitive edge?“, NBER,mayo 2006) al estudiar concienzudamente la relación entre productividad científica y universidades de élite en un ejemplo llamativo y oportuno de esa nueva manera de hacer teoría económica. Ya nos lo contó <em>The Economist hace muchos meses. Hace 20 años tu productividad (medida en páginas de revistas de calidad) aumentaba muy significativamente si te trasladabas desde una universidad cualquiera a otra que perteneciera a la élite.

La razón es quizás que en los claustros de estas últimas había como un conocimiento tácito, quizá elaborado en largas conversaciones de café, que te permitía incrementar tu productividad. Si llamamos a esto el coffee-room effect, podemos decir que 20 años más tarde este efecto ha desaparecido. La explicación que los autores citados ofrecen como la única compatible con los datos es que ese conocimiento tácito diferencial ha desaparecido debido al menor coste de la comunicación propiciado por la capacidad de mover bases de datos y de estar instantáneamente al tanto de cualquier investigación realizada en cualquier sitio, justo los dos fenómenos que ya he destacado como justificativos de las modificaciones en la generación de rentas o en su desplazamiento.

Pero este tercer fenómeno también tiene que ver con la disipación de rentas o con su redistribución, cosa en la que ponen énfasis Kim et al. La ventaja de poder rozarte profesionalmente con los mejores hacía que estuvieras más que dispuesto a pasar a una de esas universidades de élite ya que lo que perdías en salario lo ganabas en reputación, debida a una mayor productividad científica que, incidentalmente, quizá acabara incrementando tus ingresos de consultoría.

Esta externalidad beneficiaba a esa universidad de élite que podían acumular reputación a un coste bajo. Pues bien, los datos nos dicen que esta renta se ha disipado ya que los salarios se están igualando y que cada vez es más frecuente encontrar publicaciones firmadas por investigadores de diversa universidades no todas ellas de élite.

¿Qué hemos aprendido de esta excursión por los mundos de las rentas asociadas a diferentes maneras de hacer teoría económica? Creo que, al menos, las siguientes moralejas. Primera, que la ciencia económica básica pasa a una clandestinidad en la que tendremos que movernos como los libertinos en la noche: con antifaz.

Segunda, que el tratamiento periodístico de la economía va a cambiar. Por un lado la sección de economía de los periódicos generalistas tenderá a desaparecer a medida que la cultura económica se incrementa pues, en ese caso, será más fácil nutrirse en la web especializada que desvela el pensamiento de los mejores. Por otro lado los periódicos económicos tendrán que buscar la forma de poner algún tipo de acento sobre el tratamiento que se hace en esa web.

Tercera y última moraleja, si cualquier ciudadano culto quiere estar al día de lo que ocurre en el pensamiento vivo de los economistas, lo mejor que puede hacer es visitar esa web, u otras que acabarán naciendo, y también aprender a navegar por los blogs que los grandes economistas están dejando de desdeñar. Es en esos blogs en donde hoy se desarrolla la conversación de café que siempre hemos sabido está en el origen del progreso científico en cualquier rama.

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