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La cerbatana y el dardo envenenado

Es posible que mis nervios no resistan más y pase al ataque. Estoy seguro que si consiguiera que, en los círculos que creo me vigilan y quisieran acabar conmigo, se supiera que tengo capacidad de ataque quizá tuvieran que desistir de su plan.

Muchacho con CerbatanaPretextando excesivo calor no he salido de casa ni para la «obligatoria» caminata diaria de un infartado. Estoy encerrado y no hago más que elucubrar sobre las posibilidades de pasar este mes con una cierta garantía de supervivencia. Tengo que saber cómo defenderme y cómo atacar, en caso necesario, para abrirme paso hacia el vehículo de huida que tengo preparado con el depósito lleno y las laves puestas.

En cuanto a la defensa creo que estoy preparado. He adquirido un sombrero, si así se llama, de apicultor que, además de librarme de las moscas en los amaneceres tempranos, creo que me puede proteger de un dardo dirigido al rostro. Para el torso uso un discreto chaleco antibalas de esos nuevos de los que oí hablar en la televisión. Me ha costado encontrarlo, pero tengo contactos. Por otro lado un amigo científico serio me ha conseguido uno de grafeno que, aunque experimental, parece ser todavía más seguro que los de la tele, pero todavía no me ha llegado.

En cualquier caso es posible que mis nervios no resistan más y pase al ataque. Estoy seguro que si consiguiera que, en los círculos que creo me vigilan y quisieran acabar conmigo, se supiera que tengo capacidad de ataque quizá tuvieran que desistir de su plan. Pienso que mi única salida es el uso por mi parte de la cerbatana. No sabía hasta ayer cómo hacerlo, pero tuve un sueño que me ha ayudado. En él que me veía a mí mismo a una edad temprana recorriendo el borde de un riachuelo que limitaba al sur las tierras de un caserío de mis padres al que siempre me llevaban alguna tarde de aquellos veranos en los que no había malicia y no me sentía amenazado. Al borde del riachuelo siempre había cañas fáciles de arrancar y que luego en casa cortaba entre nudos a fin de manufacturar una cerbatana que luego era utilizada para lanzar lo más lejos posible diminutos embriones de mazorcas de maíz. La ribera derecha del Ter yendo hacia la Gola está llena de esta materia prima. Pero tengo problemas técnicos pues cuanto más larga y gruesa es la cerbatana tanto mayor capacidad pulmonar es necesaria para expulsar el proyectil a una distancia dada. Como mi idea sería acabar con un ciclista así me cruce con él, creo que puedo cumplir mi finalidad con una corta y no muy ancha.

No tengo, sin embargo, problema con los proyectiles pues el último día que he respirado un aire no acondicionado acudía, después de un paseo ala orilla del mar, a un pub irlandés sito en L´Estartit y con un descaro que solo da la necesidad arramplé con todo el juego de dardos que, ahora, encerrado voy puliendo para que sean más ligeros sin que pierdan sus plumas que facilitarán el soplido asesino.

Mi verdadero problema ahora mismo es el veneno. Por mucho que investigo en la red no veo la manera de fabricar curare en casa. Tendré que usar otra pasta tan letal, pero lo único que tengo a mano son adelfas que debieran ser reforzadas con algo menos ligero. Y es en este punto en donde la sabiduría de mis amigos me va salvar. Siempre me han dicho que tuviera cuidado con ese autocanibalismo que a veces he confesado, que podría ser peligroso. No les creí, pero ahora no tengo otra salida y desde hace horas estoy usando el mortero para fabricar aquella mezcla repugnante que un día me demostró sus efectos. Pero eso es otra historia en la que ahora no puedo demorarme pues tengo que seguir con la tarea de pulir dardos y con la elaboración de mi pócima secreta.

«La cerbatana y el dardo envenenado» recibió 2 desde que se publicó el Domingo 4 de Agosto de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Crul dice:

    Imaginarte vestido de shuar, con pinturas, falda y tobilleras incluidas, resulta temible.
    Aunque lo del chaleco y el sombrero de apicultor no me encaja tanto, te va a dar ventaja con el factor sorpresa.

    Ganas dan de tirar de fotomontaje, jeje.

  2. Imagen de perfil de Juan Urrutia Juan Urrutia dice:

    En vestido no es el problema. Lo que resulta inquietante es si la pócima tendrá efecto.

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