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La casa del filósofo

Este es un comentario muy breve sobre un artí­culo del arquitetco Fernández Galiano que apareció en El Paí­s ya hace algún tiempo. No guardé copia; pero creo recordar que se titulaba La Casa del Filósofo o algo así­.

Lo que sí­ recuerdo bien es que en él se mencionaban las cabañas de Heidegger en la Selva Negra y la de Wittgenstein en Noruega. La impresión que recogí­ en mi Goulue fue que, para este arquitecto, el desvalimiento y el despojamiento de una cabaña sin cimientos o fundamentos y a merced de cualquier vendaval eran como una especie de condición necesaria para encontrar la verdad o algo parecido sin apoyos espúreos. Incluso para la autenticidad de la vida quizá.

Me quedé pensativo y finalmente anoté que “el despojamiento y el aparente desvalimiento producen a verdaderos monstruos” tal como se dice de la razón. Aunque se suele descubrir que muchos dictadores han acumulado más riqueza que la que se podí­a calcular a partir de sus ingresos conocidos y aunque los ahorraran en su totalidad, también se suele contar de muchos de ellos que eran muy austeros en sus gustos y modo de vida.

Igual resulta que los ricos y burgueses, no despojados y no desvalidos, están más intereados por las ideas y por un modo de vida respetable que los que pretenden que renuncian a todo menos a pensar porque es posible que estos últimos no hayan renunciado a actuar de manera radical de acuerdo con sus ensoñaciones solitarias y desprendidas que pueden no ser nada inocentes.

Vamos, que no confí­o nada en la austeridad buscada como un adorno de la personalidad que uno quiere que se le reconozca públicamente. Suele ser una coartada justificativa de intereses más terrenales que la búsqueda de la verdad. Como las cabañas mencionadas que ocultaban impulsos más bien carnales.

Me quedo con el liberalismo pequeñoburgués que no tiene nada de heroico; pero no representa ningún peligro para nadie.

«La casa del filósofo» recibió 5 desde que se publicó el Miércoles 1 de Agosto de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Nearco dice:

    Estimado Juan:
    me ha gustado mucho tu comentario denominado el “liberalismo pequeñogurgués”, que encadenas en tu post, por resultarme sugerente y repleto de ideas interesantes. Lo que en él figura como la necesidad de un “proyectismo participativo”, imagino que se refiere a la “democracia”, concepto que no llegas a introducir en tu artículo, no sé con exactitud debido a qué razones pudorosas (sí hablas de universalización de derechos, en cambio).
    También tengo que decirte que me ha chocado tu inmersión en la misma piscina de Heidegger y Wittgenstein; el ejemplo me parece descriptivamente notable, pero mucho me temo que ambas personas no guardaban ningún parecido entre sí…salvo que tenían cabañas y que hablaban alemán. Aunque, en fin, ya sé que el ejemplo es de Fernández Galiano y no tuyo. Y es que por mucho que los filósofos de una época hayan sido coetáneos, me temo que las diferencias entre el reaccionario Heidegger y el enfermero voluntario Wittgenstein, cuanto menos biográficas, resultaron abismales. Los dos, ciertamente, podían ser muy hoscos con sus congéneres. Pero el austríaco aprendía y el alemán rumiaba demasiado para sí mismo, sin reconocer error alguno en su conducta.

  2. Comentarista dice:

    Para Fdez. Galiano, Heidegger y Wittgenstein serían así los máximos exponentes del mileurismo filosófico. Pero ¿alguien se imagina un suplemento de decoración para el Journal of Philosophy (titulémoslo “La casa del ser”) en el que los autores aparecieran enseñando su domicilio?

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] figura de Rudofsky? Creo que no , que lo que pretende es una continuación de su artículo anterior, del que ya me hice eco hace unos días en el que asociaba la verdad con la austeridad. Ahora le toca el turno a la belleza como […]

  2. […] A este paso parecerí­a que cada verano voy a tener que comentar los artí­culos del arquitecto Luis Fernández Galiano. Ya lo hice el verano pasado con un comentario sobre la falsa austeridad […]

  3. […] me sirvió para reflexionar sobre el lenguaje aquí o sobre las mentiras de los filósofos en este otro post irritado. Pero sobre todo la utilicé para recordar los parecidos que mi capacidad fisiognómica me fijaba […]

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