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La captura del regulador

CNENo se ha aireado mucho, pero ya es un hecho que las más importantes agencia o comisiones reguladoras independientes van a ser fundidas en una sola con el pretexto de hacer más difícil su captura y de, al tiempo, reducir los costes de funcionamiento así como los de consejeros y empleados de las mismas mediante el fácil expediente de la reducción de su número. En efecto, el Consejo de Ministros del 24 de febrero aprobó la unificación de las ocho agencias reguladoras independientes no financieras en una única que se llamaría Comisión Nacional de Mercado y Competencia. Esto reduciría el número de consejeros de 52 a 9, con un ahorro inicial de 4 millones de euros. Las sedes actuales se convertirían en subsedes y éstas podrían ser descentralizadas como lo fue en el 2005 la sede de la Comisión Nacional del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), hoy en Barcelona, con el consiguiente enfado y dimisión de su presidente a la sazón.

Parecía que este movimiento del nuevo gobierno podía pasar desapercibido, pero la actitud e la CNE y de su Presidente, Alberto Lafuente, adelantándose a la solución minesterial del problema del deficit de la tarifa eléctrica ha hecho que no se haya olvidado totalmente. Todo esto ha elevado el ruido de los rumores que atribuyen la decisión ministerial al deseo cainita de eliminar a la mayoría de los presidentes de estas agencias o comisiones que habrían sido nombrados recientemente por el gobierno anterior.

Parecería pues oportuno preguntarse si la decisión puede o no tener una justificación técnica. La más creíble sería sin duda la que dice que esa centralización administrativa reduce las posibilidades de la captura del regulador. El asunto tiene su enjundia pues la captura de cualquier regulador independiente es una posibilidad que pone en juego muchas ideas alrededor de la forma de capitalismo en la que estamos viviendo desde hace muchos años, una forma que contradice la conocida salmodia sobre las virtudes de esa competencia como parte fundamental de la economía de mercado que, junto a la propiedad privada del capital, conforma el capitalismo. Y contradice la aparente defensa de las virtudes de la competencia porque la correspondiente agencia reguladora puede pervertirla generando rentas ya sean de posición (entendidas con amplitud y no meramente como rentas de la tierra) o cuasi rentas derivadas precisamente de una falta de competencia que permite formas de composición accionarial que propician el monopolio.

Digo que la cuestión no es trivial porque la generación de rentas aumenta artificialmente la escasez influyendo arteramente en la distribución y disminuyendo la igualdad de oportunidades en un momento económico en el que esa igualdad merecería mejor trato a la vista del mucho desempleo existente y especialmente del escandaloso porcentaje de jóvenes parados, jóvenes que necesitarían una oportunidad si no queremos perder la capacidad de producción de casi toda una generación sobradamente educada.

Preguntémonos por lo tanto si la unificación de organismos reguladores puede facilitar su captura o, tal como se pretende, impedirla o al menos hacerla menos fácil. Esta pregunta ha sido ya respondida en términos teóricos y empíricos. Todo parece indicar que la unificación hace más fácil la captura. Teórica y discursivamente el argumento es bien sencillo. Estas agencias nacen para evitar la imposibilidad de compromiso de la que adolece el Estado quien es la única institución cuyo committment (o compromiso irrevocable) no es posible puesto que dicho Estado no es controlado por nadie. En consecuencia si se quiere que cualquier promesa de política económica sea creíble, es necesario delegar en una institución a la que se dota por el Parlamento de independencia para que lleve a cabo esa política de manera creíble aunque no sea intertemporalmente consistente. El ejemplo paradigmático es el de un Banco central y la política Monetaria. Pero, al no tratarse de una independencia nacida de la constitución misma del Estado, la delegación que la otorga es siempre revocable. Por lo tanto la semilla está sembrada para que en vez de ejercer la independencia, la agencia correspondiente, sabiéndose frágil, caiga en la tentación de dejarse capturar. Naturalmente que, sabiendo esto, los posibles capturadores están siempre al acecho y no desaprovechan ocasión alguna de ejercer su capacidad de captura a fin de extraer rentas que luego ya sabrán repartir entre ellos. Esta tarea sin embargo se hace más difícil cuando la captura total exige las capturas parciales de todas las agencias independientes.

Frente a esta manera de pensar el asunto cabe argüir que los capturadores podrían especializarse de manera que el total de ellos acabara teniendo la misma fuerza que el grupo total de ellos en el intento de capturar el único regulador. Sin embargo, este argumento hace aguas por razones de tipo no tanto económico como sociopolítico. Si, como parece ser cierto, los capturadores pueden estar organizados por sectores (o regiones en el caso de la distribución territorial de las agencias independientes) parece más plausible que en algún caso sus esfuerzos no obtengan el deseado fruto.

Por si estos argumentos no fueran suficientes, contamos también con alguna evidencia como la que nos ofrecían hace ya muchos años Marin y Sicotte en una monografía del CEPR de octubre del 2003. Esta evidencia se refiere a lo ocurrido a partir de 1961 cuando la burocracia marítima estadounidense se separó en dos ramas. Las funciones antitrust fueron delegadas en la Federal Maritime Commission y las funciones reguladoras de los subsidios en la Secretary of Commerce. Los autores citados han estudiado la evidencia disponible y concluyen corroborando las ideas aquí vertidas.

Por si no fuera suficiente mala la reducción en el número de agencias independientes, todavía cabe un último motivo de preocupación. La posibilidad de que sea el propio gobierno (por cierto único), responsable de la reducción en el número de agencias, el que sea capturado por lobbies o grupos de presión. En ese caso el Gobierno tiene ahora mucho más fácil la captura del regulador mediante los nombramientos al frente de esa agencia (o agencias) de parsonas «adecuados» a los intereses del Poder.

«La captura del regulador» recibió 5 desde que se publicó el lunes 16 de abril de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Jorge dice:

    Buenas noches señor Urrutia,

    Aunque no viene al caso, le escribo porque estoy terminando un libro que se titula “Economía y libertad” un libro divulgativo de pensamiento heterodoxo escrito desde la frescura que pueden dar los 30 años recién cumplidos. Estoy mirando todas las posibilidades para publicar siempre que no incluyan una editorial al uso, es decir, un libro abierto en el mundo de la red.

    ¿Podría darme un consejo?

    Muchas gracias!

  2. Juan Urrutia dice:

    Jorge, mi recomendación es que te pongas en contacto con la Sociedad Cooperaciva de las Indias en la que te podremos orientar y sobre todo podrán entra en conversación.

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] encuestas -entre un 10 y un 15% de voto al partido Pirata en Alemania- conflicto entre el P2P y la captura del estado se va a hacer evidente con independencia de que nos guste más o menos la cristalización de un partido «representativo» […]

  2. […] y único con un poder máyor que el que hoy detentan Alemania o Bruselas. Y un centro único, tal como se explicó aquí, genera rentas y apacigua la competencia que es, como el aire, necesaria para respirar y […]

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