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La (buena) prosa y la política (simplista)

Disfruto todos los sábados de la exquisita prosa de Muñoz Molina. Su contibución de hoy – Vidas adultas en el cine – juega con sus sensaciones ante la visualización de dos películas que, al parecer le han conmovido o a las que respeta en buena parte por lo que reflejan sobre la dignidad de la vida de personas aparentemente corrientes. Se trata de Poetry (2010), de Chang-dong Lee y de De dioses y hombres (2010), de Xavier Beauvois. de la que ya hemos hablado y sobre la que discutimos aquí

En este post se planteaban algunas cuestiones que se podrían llamar políticas sobre la importancia relativa de la vida y de las convicciones. Muñoz Molina tampoco se priva de entrar en el campo de la política pero lo hace de una manera que desmerece de su prosa.

Se pregunta porqué en España no se hacen películas como esas dos que he mencionado. En mi opinión sí que se hacen aunque quizá no lleguen a Manhattan y, en cualquier caso, las razones que él apunta no creo que sean pertinentes.

Comienza por afirmar algo que sería difícil poner en duda:

En España hay muchas personas con esa capacidad doble de contemplación y cordialidad, de ensimismamiento apacible y trabajo serio y competente.

Un ejemplo sería el propio Muñoz Molina aunque no tendríamos que necsitar la meción de su nombre. Pensemos, más bien, en miles de trabajadores honrados que,además, saben mucho de lo que hacen aunque no presumen de ello. ¿No son sus vidas filmables?

Pero si es tan difícil que se hagan películas sobre ellas es porque son invisibles en el discurso público.

Piensoque, cualquiera que fuera el discurso público, dejaría en la penumbra a la mayoría de la gente incluso si grupos de esa gente conformaran estilos de vida admirables como, por ejemplo, el de los cuidadores. Pues justamente creo que hay por ahí una especie de documental sobre estas personas. Así que no entiendo muy bien a qué viene el siguiente exabrupto:

Una clase política omnipotente y omnipresente ha usurpado todos los espacios de la vida cívica, imponiendo el sectarismo y el clientelismo por encima del mérito, la demagogia halagadora sobre cualquier sentido de la responsabilidad personal, el griterío y el sambenito partidista por encima de los debates verdaderos y prácticos sobre una realidad que sería menos grave si al menos aceptáramos mirarla con los ojos abiertos.

Parecería que quería decir esto viniera o no viniera a cuento o, quizá, que está pensando en los controladores aéreosy sus formas de trabajo, sus salarios o su sindicación. Pero si segimos leyendo creemos percatarnos que está pensando justamente en los que no tienen voz.

Como el mérito, el esfuerzo, el trabajo apasionado, no sirven para ascender ni merecen reconocimiento público, los millones de personas que a pesar de todo hacen cada día escrupulosamente su tarea permanecen invisibles, y muchas veces han de pagar con la marginación y hasta el sarcasmo el ejercicio de su dignidad.

¡Ajá! debe estar pensando en los linotpistas o en los técnicos cinematográficos que no ganan Goyas o en atistas que no consiguen mostrar su obra. Pero no sé, no sé, pues ni se podría decir que están marginados ni, mucho menos, que nos cachondeamos de ellos.

Por fin llega Muñoz Molina a lo que perece querer decir so pretexto de lo que fuera:

En un país con casi cinco millones de parados a la gente la echan del trabajo por tener cincuenta años. En un país de economía en quiebra se recorta el gasto en educación y en investigación pero no en coches oficiales ni en gabinetes de imagen ni en suntuosos viajes internacionales de gerifaltes ni en soeces televisiones corrompidas por la propaganda y el clientelismo.

Y añade lo que a mí se me antoja una adivinanza en lo referente al “juvenilismo,el victimismo o el narcisismo”, todos ellos oficiales

Robar dinero público es menos grave que pedir seriedad o que no acatar el juvenilismo o el victimismo o el narcisismo oficial.

No la pillo,asi como tampoco el final de su artículo en el que se pregunta retóricamente quién haría algo digno a pesar del ambiente poco favorable.

Quién va a hacer películas que sean un ejemplo de trabajo inflexiblemente bien hecho y que traten de la nobleza de dedicarse a algo con los cinco sentidos, que recuerden que cada acto implica responsabilidades y consecuencias, o que existe belleza en la experiencia y en la vejez, que tan necesaria como la justicia es la compasión, que la fe religiosa puede no ser oscurantista ni ridícula, que se puede ser radical y heroico sin levantar la voz, haciendo cada día el oficio de uno.

Supongo que cualquier crítico cinematográfico podría hacer una larga lista de nombres.

¿Qué le pasa a este gran prosista? A mí me parece que percibe la descomposición general, no sabe analizarla en sus causas y al describirla se resiente su prosa.

«La (buena) prosa y la política (simplista)» recibió 0 desde que se publicó el Sábado 12 de Marzo de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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