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Justine y las ideas

Por razones que no vienen a cuento tengo que leer “Justine” de Sade, nada menos. El subtítulo (“Los infortunios de la virtud”) ya es revelador de esa enmienda a la totalidad que el divino marqués representa. A poca paciencia que tenga uno acaba encontrando el gusto, e incluso la belleza literaria, de le repetición de lo mismo, como en la mística budista. Pero si la paciencia de uno es realmente heroica acabará hastiado de un atracón de ensalzamiento de la sodomía. No sé si todavía cabe un tercer estadio en el que, ya introducido en la bulimia de la mística, la lectura de “Justine” se convierta en una experiencia cuasi religiosa. Quizá; pero yo, que estoy pasando a la segunda fase, me empiezo a irritar de la misma forma que los latiguillos del lenguaje de los medios me empieza a cargar por lo repetitivo e inane: no hay ideas sin lenguaje y no hay ideas nuevas sin un lenguaje distinto.

Todo en “Justine” sabe al infierno que debe ser la espantosa e imparable repetición de lo mismo. ¿Seguro que todo? Pues en realidad no, pues de vez en cuando hay ideas interesantes hasta para un lúgubre economista. Las he encontrado en el discurso del bandido “Corazón de Hierro”, perteneciente a la banda de la Dubois, sobre el porqué del crimen. En este discurso hay dos cosas a resaltar más allá del canto y elogio del divino, único y profiláctico placer.

La primera es el argumento sobre la pena de muerte. Si alguien ha cometido un crimen que está penado con dicho castigo, ese alguien no tiene incentivo alguno a frenar sus impulsos criminales adicionales ya que la justicia no puede hacerle nada peor que matarle. No lo encuentro ahora, pero hay al menos un trabajo sobre esta materia de un par de economistas, creo que alemanes, que un día hace unos cinco años me pasó Salvador Barberá. Ni que decir tiene que el mismo argumento se aplica a la cadena perpetua irredimible, pero con matices pues si sigues vivo puedes mantener la esperanza de que haya un cambio en las leyes.

La segunda es como una refutación de la justificación hobbesiana del Estado. El estado de naturaleza, o la guerra de todos contra todos, puede ofrecer una vida solitaria pobre, brutal y breve, pero aun así sería preferible a una vida pacífica a la que hemos llegado mediante un pacto. Ese pacto nunca sería aceptable para el más débil porque aun entregándolo todo solo recibe un poco de parte del más fuerte que es el que propone el pacto. La argumentación es mucho más larga y más rica y les recomiendo que la lean. Una cuestión de incentivos avant la lettre. Esos incentivos que solo existen en la libre competencia cuando lo es realmente, es decir cuando se disipan todas las rentas gracias a la avaricia de todos los hombres que, ya se sabe, son malos y egoistas.

«Justine y las ideas» recibió 2 desde que se publicó el Lunes 7 de Noviembre de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Teo Millan dice:

    Sugerencia; el capitulo correspondiente de La Dialectica de la Ilustración de A&H.

    Hay mucho jugo en esto de J&J. Por algo las iniciales de las dos hermanas se corresponden con las de Jules et Jim.

    Existe tambien un sabio paralelismo con Petróleo, la novela inacabada de PPP.

    Y es que el hastío criminal del vacío moral ya se anticipó como una de las formas de la sociedad liquida que se va imponiendo.

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  1. […] Justine y las ideas 7 de noviembre de 2011 […]

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