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Ir y volver

El sábado como hacia las 10. 30 ya estábamos en el km 136 de la autovía a Burgos y como siemmpre allí estaba un Hopper puro con su vieja chiminea de fabrica de ladrillos justo enfrente de una casa que no es sino un cuadro de ese pintor en medio de Castilla la Vieja. Y llegando a Bilbao se empieza a oler el mar, sal y brea. Abrimos las ventanas, la marea está alta y los veleros terminan su regata de entrenamiento. El lunes está lleno de acontecimientos a pesar de que he ido a acumplir obligaciones ciudadanas. Conduzco hasta Barambio y visito un viejo caserío que heredé y no había visto desde hace más detreinta años. Tiene más de 200 años y allí sigue resistiendo el mal tiempo, el agua del cielo y la del río con su viejo puentecillo y su represa. Y como para salvarme de ser atrapado por el valle que seguramente se cierra a partir de la caida del sol aunque nunca haga sol, me voy a escuchar a Rafael Argullol a El Sitio, famoso club de los liberales bilbainos fundado en recuerdo del sitio carlista del 1874 yconvertido en bibioteca municipal. Es la última conferencia de un ciclo dedicado a las UTOPÍAS y subtitulado Políticas del pasado, Poéticas del futuro (perfecto). Parece que ni pintiparado para que se refiera al 15 M, pero estamos en presencia de un Autor y dedica su tiempo a contarnos como ha cinstruirdo una voz propia disertando sobre las vicisitudes de su itenerario nómada que le lleva al pensamiento transversal u oblicuo. Me recorre un escalofrío cuando a la salida no reconozco a nadie en la audiencia:¿dónde están mis amigos?. Un suave tristeza se apodera del emigrante que soy, pero se ha dispado cuando al llegar de vuelta a casa me han recibido las hortensias florecidas.

«Ir y volver» recibió 4 desde que se publicó el martes 31 de mayo de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. Hay cierta lírica triste en esta crónica, enraizada en el propio genero literario del Ciberpunk. Quizás falta un par de cachivaches de extraña identificación, que enreden la atención de los lectores, y les hagan obviar algo que desde el principio supe cuando leía los relatos de William Gibson o George A. Effinger: El futuro sucio del ciberpunk es un estado de conciencia, que siempre ha estado en nosotros. Gracias por regalarme de nuevo una visión más de ese lugar extraño, entre el brillo y las tinieblas del abandono…

    Un saludo.

  2. kueli dice:

    Pues yo me he quedado con las ganas de ver una foto del caserío. Naturalmente para contrastarla con la imagen que me imagino…

  3. juan urrutia dice:

    Extraño es el lugar, ciertamente. el valle es tan estrecho que uno siente un peso en el pecho como si de bajo del puentecillo y en la ribera dl río hubiera muertos que el pueblo quiere olvidar. No hay cachibaches, pero delante del caserío y corriendo aparalelo al río y la carreterita hay un campo verde de un cesped impecble como si lo cuidara el jardinero de Wembley. Creo que si quisiera fotografíar esecesped con el frontis del caserío el fondo aparecería algú fantasma.

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  1. […] cabaña abandonada llena de esqueletos sino también, un par de kilómetros antes y a babor, un precioso Hopper con su casa silenciosa y una chimenea delante desde la que se ve, a estribor, una iglesuca […]

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