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Intertextualidad inversa

Todos recordamos el caso ya antiguo de Ana Rosa Quintana al que el negro le salió plagiario. Más tarde el de a la sazón director de Biblioteca nacional, Luis Racionero, quien interpretó el uso libre de ciertas lí­neas de otros autores como imtertextualidad. Y el último episodio de este fenómeno tan posmoderno, en la medida en que pone en duda la función de autor, ha ocurrido recientemente en relación a un texto de Lucí­a Echevarrí­a.

Sin embargo me parece todaví­a más inquietante el fenómeno inverso consistente, no en atribuirse los textos de otro; sino en añadir anónimamente ideas de cosecha propia al texto ajeno. Se trata por lo tanto de un fenómeno al que podrí­amos denominar intertextualidad inversa.

Este fenómeno me parece inquietante, especialmente para el autor, pues se sentirá como un mero vehí­culo involuntario de las ideas de otro. Como nos sentimos los humanos cuando pensamos que no somos sino instrumetos en manos de los genes que nos utilizan para su agenda propia, llegando incluso a hacerrnos creer que somos algo especial.

En este mundo de las ideas escritas hay muchos tipos de genes egoistas. Puede ser uno de esos periodistas que ayudan a famosos a escribir un libro y que quieren dejar su impronta, quizá como venganza. Puede ser el editor de un ensayo al que mejora con sus “morcillas” sin un consentimiento explí­cito del autor. Y puede ser el director de un periódico que manipula los originales que le enví­a un colaborador habitual en un momento determinado para apoyar la estrategia comercial o polí­tica de su negocio.

En todos estos casos no es cuestión de piraterí­a, ni está en juego la propiedad intelectual, en cualquiera de sus formas, o las dificultades que ésta pueda acarrear a la innovación. Lo que está en juego es algo distinto en cada caso de los citados a modo de ejemplo.

En todos ellos hay una evidente falta de respeto por la autorí­a; pero esto tampoco dice mucho. Puede tratarse de una especie de función de autor que aprovecha los nuevos medios tecnológicos como si fuera un dj creativo que no oculta el “texto” primitivo y lo enbellece o adapta según las cirunstancias utilizando un sampler o algo parecido. Pero también puede tratarse de algún otro tipo de delito contra el autor del texto primitivo al que se le puede forzar a decir calumnias o a expresar ideas corruptoras.

Cuando esta intertextualidad inversa proviene de un medio de comunicación me parece una violación de la Responsabilidad Social Corporativa que, en ese caso, no consistirí­a en contribuir a cualquier buena causa o en apuntarse al comercio justo o en mostrar sensibilidad medio- ambiental; sino en informar fidedignamente y en dar la palabra a aquellas personas que la casa editora considere dignas de ser escuchadas. Justo lo que este fenómeno de la intertextualidad inversa viola tonta o malintencionadamente.

Y, sin embargo, nada contundente se dice contra esta práctica que a mí­ me gusta muy poco y, desde luego, menos que la simple intertextualidad o el plagio puro y duro. Este último caso es como el del pobre que roba para comer. El inverso es el del rico que utiliza al hambriento para hecerse más rico.

«Intertextualidad inversa» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 25 de Octubre de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. Ana dice:

    Propongo como titulo; Intertextualidad inversa o sacar las cosas de contexto

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