Desde mi sillón

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Inazio gure patro aundía

Mi paranoia se disipaba con cada paso casi marcial especialmente cuando el camino descendía facilitando mi respiración. Ya casi llegaba a casa cuando he creído distinguir un cuerpo caído en una cuneta. Parecía un borracho durmiendo la mona; pero algo en su rictus me ha hecho acercarme.

Esta mañana me he levantado una hora antes pretextando el calor para no alarmar a nadie y he salido de casa a explorar otros itinerarios y con el himno de San Ignacio en la cabeza. Ahora que hay un nuevo Papa de militancia jesuítica ese himno casi parece un canto revolucionario especialmente cuando se entona en euskera y cuando por lo tanto, como es mi caso, puedo prescindir del contenido literario o programático y quedarme con la música. Escuchen esta marcha, que pueden encontrar aquí en castellano mientras procuran acompasarla a la música:

Inazio gure patroi handia
Jesusen konpainia
fundatu eta duzu armatu
ez da ez etsairik jarriko zaizunik
inolaz aurrean gaurko egunean
nahiz betor Luzifer deabrua
utzirik infernua!
Zure soldaduak dirade aingeruak,
zure gidaria da Jesus handia
garaitu ditu zure konpainiak etsaiak.
Ez dauka Elizak, ez Euskal Herriak
ez dauka beldurrik inongo aldetik.
Inazio hor dago
beti ernai dago
armetan jarria
dauka konpainia
txispaz armaturik
bandera zabalik,
gau eta egun
guk guztiok bakea dezagun,
beti gau eta egun
beti gau eta egun

ihs1A mí me da un subidón, tonto sin duda, pues nada tengo que ver con la compañía, pero es que me recuerda a mi infancia y adolescencia en un colegio de Bilbao en el que aprendí a jugar al fútbol y a proteger a los débiles, algo esto último que me venía a la mente cada vez que entonaba la marcha en castellano y decía aquello del triunfo sobre las huestes de Luzbel que con sus negros pendones el cielo enlutan.

Mi paranoia se disipaba con cada paso casi marcial especialmente cuando el camino descendía facilitando mi respiración. Ya casi llegaba a casa cuando he creído distinguir un cuerpo caído en una cuneta. Parecía un borracho durmiendo la mona; pero algo en su rictus me ha hecho acercarme. Sonreía y un hilillo de saliva se deslizaba por su comisura derecha de los labios. Me he atrevido a tocarle el cuerpo en un hombro a fin de despertarle. Y es entonces cuando me he dado cuenta de que la rigidez del cuerpo era total.

Llámenme cobarde si quieren pero tengo que confesar que me he alejado de ese camino estrecho a la carrera. Al llegar a casa y antes de llamar a la policía he contado mi experiencia a SB y éste, como quien no se da cuenta de mis paranoias me ha contado que parecía cosa del curare. He consultado Internet y los síntomas son inconfundibles. He salido como un loco a revisitar el cadáver y ver si no tendría clavado un pequeño dardo. Pero el cuerpo rígido ya no estaba donde yo le había visto y tocado.

No he llamado a la policía, me he encerrado en casa y he vuelto a cantar la marcha bélica jesuítica como una manera de darme valor para decidir qué hacer. Quizá debería acercarme a Manresa que tampoco está tan lejos y en donde podría meditar sobre la cercanía entre el veneno y la droga alucinógena.

He puesto el aire acondicionado y me he acostado con las persianas totalmente bajadas. No quiero pensar, solo imaginar que nunca más tendré que levantarme y enfrentar esta persecución de la que estoy siendo objeto.

«Inazio gure patro aundía» recibió 0 desde que se publicó el miércoles 31 de julio de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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